La terraza, ese nuevo complemento de lujo de las casas

Por Mario Canal
Mandarin Oriental Branded Residences Madrid
© Bueso-Inchausti & Rein Arquitectos

En un mercado inmobiliario asfixiante donde la mayoría cierra sus balcones para rascar metros habitables, las terrazas se han coronado como el nuevo gran símbolo de estatus. Promociones de alto standing y arquitectos de renombre utilizan el discurso ecologista y la amplitud exterior para justificar precios al alcance de muy pocos.

En un país donde el precio del metro cuadrado ha subido un 17% de forma interanual, cualquier espacio ocioso en una vivienda se ha convertido en una extravagancia. Un capricho que cada vez menos españoles pueden permitirse. Quizás por esto, los promotores inmobiliarios han entendido bien que un edificio con grandes terrazas en las que puedan disfrutarse de plantas, vistas y luz, se ha convertido en un valor seguro. Mientras quienes menos tienen especulan a pequeña escala cerrando balcones para ampliar metros en sus casas, otros las abren para justificar precios exorbitados.

En Madrid acaban de finalizar las obras del Mandarin Residences, un conjunto de 80 viviendas levantado entre las calles Nuñez de Balboa y Hermosilla en cuya promoción destacan las terrazas de hasta 127m2. Solo hay que ver la fachada para entender que los espacios exteriores tienen una importancia capital en el diseño arquitectónico de Bueso-Inchausti & Rein. Al ser un proyecto de la cadena Mandarin, los afortunados inquilinos disfrutarán, además, de piscinas exterior e interior, gimnasio, lounge y todos los servicios de restauración y conserjería que pueden ser atendidos en el también madrileño Ritz Mandarin. 30 de estas viviendas estarán destinadas a la venta. El resto, al alquiler temporal.

Si echamos un vistazo a otras promociones diseñadas por este equipo de arquitectos encontramos dos ejes claros: las construcciones premium y las terrazas sobredimensionadas. Estas surgen incluso en localizaciones donde el metro cuadrado es prohibitivo, como el Paseo de la Habana o el Parque del Conde de Orgaz. Otro proyecto, en el Paseo de la Castellana, también en Madrid, tiene en sus llamativas terrazas un signo visual que además es un profundo significante. Diseñado por el renombrado arquitecto español Andrés Jaque y previsto para 2027 –aunque las obras no se han iniciado–, indican que quien viva allí no tiene problemas económicos. La justificación teórica de esta iniciativa es sin duda más rebuscada que las de los promotores convencionales. Las terrazas de Castellana Terra serán espacios medioambientales compartidos por diferentes seres vivos –desde plantas a microorganismos y aves–, para superar el antropocentrismo: la idea de que el hombre es lo más importante del universo, algo que nos habría llevado a una catástrofe medioambiental. La biodiversidad, la observación del ciclo natural de las estaciones como redefinición del confort contemporáneo y un muro de plantas que nos separan del tráfico, la polución y la realidad, se convierten así en recursos para vender lujo.

Castellana Terra © Andrés Jaque / Oficina de Innovación Política (OFFPOLINN)

Andres Jaque es, sin duda, uno de los arquitectos españoles con mayor proyección internacional y este será su primer gran proyecto residencial. Es decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y se mueve como pez en el agua en la élite intelectual de la profesión. Su estudio se denomina Office for Political Innovation (Offpolin), lo que indica un interés por trabajar desde ángulos teóricos e ideológicos. La principal obra que ha realizado hasta el momento es el Colegio Reggio, en Madrid: una escuela privada centrada en soluciones pedagógicas dinámicas donde las teorías del arquitecto encajan como un guante. Todas las decisiones arquitectónicas de Jaque en el Reggio apelan a un despertar sensorial sobre el que los estudiantes pueden potenciar valores de todo tipo, no solo intelectuales.

Además de algún interiorismo relevante, como el del restaurante Run Run Run, ya desaparecido, o proyectos de reforma, como el del Museo Centro de Arte 2 de Mayo de Madrid –e iniciativas de arquitectura efímera, también– tiene firmadas un par de residencias unifamiliares en las que ya ha ensayado ejercicios de interacción con el espacio natural, al que las plataformas estructurales se adaptan mediante estructuras metálicas y pilares que recuerdan las patas de un insecto. Todas ellas tienen por misión el respeto medioambiental, una preocupación que ha llevado a Jaque incluso a diseñar dispositivos en los que mezcla arquitectura, ecología y política.

El año pasado presentó en la Triennale de Milano un proyecto denominado el Palacio de las Transespecies, una propuesta que buscaba crear un lugar vivo lleno de microorganismos que interactúan entre sí y que se preguntaba hasta qué punto la arquitectura puede dejar de explotar el entorno desde una lógica humana para empezar a relacionarse de forma más equilibrada con otras formas de vida. El objetivo último sería contribuir a reparar lo dañado por el capitalismo extractivista. A partir de ese modelo surge Castellana Terra –desconocemos la identidad del promotor inmobiliario–, que se levantará en un contexto mucho más convencional que el de un museo o galería de arte: la residencia urbana.

Preguntados sobre si esta promoción contendrá un porcentaje de viviendas a precio asequible, la Office for Political Innovation ha declinado responder. Lo único que se sabe hasta el momento –tras compartir Offpolin el render de la fachada, probablemente para buscar socios en la financiación–, es que sí tendrán unas terrazas inmensas que albergarán plantas y microorganismos.

Casa de las Flores, Secundino Zuazo Ugalde © Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM)

Las viviendas donde lo urbano y lo natural pretenden fundirse no son algo nuevo y de hecho casi siempre han tenido un punto elitista. En Madrid es imposible no referirse a la Casa de las Flores (1931), de Secundino Zuazo, en el barrio de Moncloa, célebre porque vivió allí Pablo Neruda y por sus grandes terrazas, en las que los vecinos convirtieron en pequeños jardines. Este tipo de construcción fue común también durante el desarrollismo franquista y los nuevos barrios obreros –a diferencia de las viviendas del centro, de balcones mínimos–, se construyeron con terrazas que podían ser decoradas a base de macetas y elementos vegetales La emigración rural tendría así una memoria del pueblo. Muchas de ellas, con los años, fueron cerradas para ganar metros cuadrados.

Hoy en día, la vinculación comercial entre arquitectura urbana y naturaleza está tomando forma bajo el signo de la terraza, que podríamos denominar como el nuevo complemento del lujo inmobiliario. Solo hay que dar un paseo por el madrileño barrio de Valdebebas para observar cómo los edificios premium de la zona pueden permitirse las terrazas que normalmente no forman parte de las promociones convencionales. Mucho menos, si son viviendas de protección oficial –las pocas que se construyen–.

Así, bajo el barniz de la sostenibilidad, la biodiversidad o la reconexión con la naturaleza, la arquitectura residencial premium ha encontrado en las terrazas su argumento de venta más exclusivo. Ya sea en el Bosco Verticale de Milán, en el Árbol Blanco de Montpellier o en el Paseo de la Castellana, el mensaje es idéntico: el aire libre y la calidad de vida son un privilegio tasado. En un mercado inmobiliario cada vez más polarizado, respirar al otro lado de la cristalera se ha convertido en la frontera definitiva entre quienes necesitan ganar metros para sobrevivir y quienes pagan por el lujo de contemplarlos vacíos.