Javier Codesal es un creador inagotable que escapa a las etiquetas convencionales. Artista visual, cineasta y poeta, su extensa trayectoria se define por un viaje constante y fluido que va de la imagen a la palabra, y viceversa. Durante más de cuatro décadas, ha convertido el cuerpo humano en el territorio central de su obra. Lo retrata como un espacio para el encuentro y el deseo, pero sin apartar la mirada de su lado más frágil: el dolor, la enfermedad y el inexorable paso del tiempo.
Hoy, Codesal vuelve a cobrar protagonismo al formar parte de uno de los grandes eventos culturales de la temporada: la recuperación del programa La imagen sublime. Vídeo de creación en España (1970-1987). Este proyecto revisita la que fue la primera gran muestra dedicada a la producción videográfica en el Reina Sofía, poniendo de manifiesto el papel del artista y su indudable vigencia en el arte contemporáneo español.
Con motivo de este hito, nos sentamos a conversar con él para repasar su proceso creativo y las inquietudes que siguen moviendo su cámara y pluma.
¿Qué recuerdos te traen aquellas primeras experiencias, en los años ochenta, del soporte videográfico? ¿Y en qué medida crees que cambió para tu generación el lenguaje tradicional del arte?
Los recuerdos están vivos, y son imágenes de juventud, así que tienen la confusión y la alegría de esa edad. El vídeo representaba algo nuevo y ello cuadraba bien con el momento histórico que vivíamos en España. Sin embargo, aquello tenía la debilidad de lo coyuntural; o sea, en gran medida era un señuelo que pronto se disolvió. Además, había una separación neta entre el fenómeno del videoarte y el sistema del arte, eran ámbitos separados, con alguna excepción extraordinaria como fue la exposición de La imagen sublime.
Pornada, que codiriges junto a Raúl Rodríguez, forma parte de la reorganización de la colección de arte contemporáneo del Reina Sofía, en la que hay una gran presencia del vídeo como práctica artística. En este nuevo recorrido, el público puede conocer la obra de pioneros del audiovisual como Xavier Villaverde, Manuel Abad, Manel Muntaner, la recientemente fallecida Eugènia Balcells o tú mismo. ¿Sentís los videoartistas que por fin se ha situado el vídeo al mismo nivel que el resto de las artes visuales? ¿Faltaba este reconocimiento desde la institución?
Es cierto que el videoarte de los años ochenta está en la sombra y, en tal sentido, esta recuperación resulta pertinente, aunque falta revisarlo en profundidad haciendo hincapié en una investigación que no se limite a repetir unos contenidos que han ido replicándose de un texto a otro. De todas formas, en nuestro contexto, el vídeo se naturalizó en los comportamientos artísticos generales durante los años noventa, con flujos y reflujos, pero llegando a la situación actual en que muchos artistas lo usan como una herramienta más. Hasta el punto de que el término videoarte, como algo específico, ha perdido consistencia.




