Quién fue Pixie, la artista detrás de las cartas del tarot

Por Carlota Barreda
The Star, carta de la baraja Rider-Waite-Smith, Pamela Colman Smith
© Archivo Alfred Stieglitz/Georgia O'Keeffe, cortesía de la Biblioteca de la Universidad de Yale.

Diseñó las cartas con las que el mundo moderno intenta adivinar su destino, pero la historia se encargó de borrar su nombre. Pamela Colman Smith, más conocida como Pixie, fue una artista sinestésica y ferviente sufragista cuyo fascinante legado es, por fin, rescatado del olvido.

Ilustrar el porvenir y revelar las sabidurías ocultas a la mente moderna no es una tarea sencilla. Corría el año 1909 cuando una artista y un ocultista perteneciente a una sociedad secreta engendraron una baraja de cartas que se convertiría en un fenómeno cultural y espiritual sin precedentes. En la sociedad de aquel momento, el tarot era una práctica adivinatoria reservada a círculos esotéricos muy cerrados, de lenguaje críptico y alcance limitado. El mazo más extendido era el clásico Tarot de Marsella, originario del Renacimiento italiano y anclado en un imaginario puramente medieval. Todo eso estaba a punto de cambiar.

Arthur E. Waite, masón y erudito del ocultismo y la magia ceremonial, confió plenamente en Pamela Colman Smith para ilustrar su nuevo proyecto. Como cocreadora, la artista ideó un universo visual de símbolos y alegorías que revolucionó para siempre el entendimiento y la lectura de las cartas.

Aglutinando las influencias del Arts & Crafts, el Art Nouveau y la estética medieval, Colman Smith decodificó el rígido significado de los naipes y les aportó una narratividad previamente inexistente. Su aportación más brillante radicó en la interpretación de los arcanos menores, aquellos que apelan a las emociones y las situaciones cotidianas. Históricamente, estos arcanos se representaban mediante la simple acumulación de objetos (oros, copas, espadas y bastos). Colman Smith decidió introducir la figura humana, transformando estos objetos herméticos en auténticas escenas dignas de un lienzo. Al dotar a los personajes de escenarios y rostros surcados de emociones, facilitó la conexión empática del lector, haciendo de la adivinación una experiencia sensorial y narrativa.

Ocho cartas de la baraja Rider-Waite-Smith, Pamela Colman Smith, 1920 - 1930
© Biblioteca Frances Mulhall Achilles, Museo Whitney de Arte Americano
Ocho cartas de la baraja Rider-Waite-Smith, Pamela Colman Smith, 1920 - 1930 © Biblioteca Frances Mulhall Achilles, Museo Whitney de Arte Americano

Un éxito mundial sin firma

Sin ser conscientes de la magnitud que alcanzaría su creación en el futuro, Waite y Smith cobraron apenas unas pocas monedas por el encargo. La baraja fue bautizada y comercializada como tarot Rider-Waite. ¿Qué pintaba el apellido Rider ahí? Era, simplemente, el nombre del editor. El de Pamela Colman Smith se esfumó por completo, a excepción de una discreta inicial entrelazada en la esquina de cada ilustración.

En la actualidad, esta baraja es la más utilizada del planeta. Reinterpretada por videntes, psicoanalistas, cineastas y adolescentes con el corazón roto, se ha erigido como un símbolo de la espiritualidad moderna. Sin embargo, en el fondo, sigue siendo la huella artística de una mujer que fue despojada del mérito de su propia obra. Ella murió en la pobreza, sin reconocimiento y enterrada bajo una lápida sin nombre.

Retrato de Pamela Colman Smith, 1912
Fotografía de The Craftsman Magazine
Group of Young Women, Pamela Colman Smith, 1903
© Dominic Winter Auctions. South Cerney, United Kingdom

La vida de Pixie

El talento de Colman Smith ni empieza ni acaba en el esoterismo. Su vida y obra exigen ser recordadas por su innegable excelencia. Antes de convertirse en la artista del misticismo por antonomasia, fue una niña errante que creció a caballo entre Londres, Jamaica y Brooklyn, quedando huérfana en su juventud.

Aunque no pudo completar sus estudios artísticos formales, su talento le permitió ganarse la vida ilustrando las palabras de gigantes literarios como W.B. Yeats y Bram Stoker. Su espíritu inquieto la llevó a unirse a una troupe de teatro, recorriendo Inglaterra como diseñadora de escenografías y vestuario. Además, fascinada por sus años caribeños, escribió e ilustró una saga sobre folclore jamaicano y fundó su propia revista cultural.

Una de sus facetas más sorprendentes era su sinestesia. Pamela experimentaba intensas visiones visuales al escuchar música, una cualidad neurológica que plasmó en sus acuarelas y que la llevó a inaugurar una exposición individual en Nueva York en 1907, exhibiendo 72 obras. Su estilo, profundamente vinculado al simbolismo, nos muestra escenas oníricas protagonizadas por criaturas ambiguas, entes femeninos y mundos de ensueño plagados de fuerzas sobrenaturales.

 The Wave, Pamela Colman Smith, 1903
© Museo Whitney de Arte Americano
The Wave, Pamela Colman Smith, 1903 © Museo Whitney de Arte Americano

Fue su círculo de amistades londinense el que la introdujo en la Orden Hermética de la Aurora Dorada (Golden Dawn), la sociedad secreta donde conocería a Waite. Entre rituales de iniciación, espiritismo, astrología y cábala, Pixie encontró un terreno fértil para su imaginación. Sin embargo, cuando la Orden se disolvió por disputas internas, ambos tomaron su propio camino para crear la mítica baraja.

El giro de guion definitivo en su vida llegaría apenas dos años después de publicar el tarot: de forma repentina, la artista se convirtió al catolicismo y abandonó por completo el mundo del arte. Se retiró a una modesta casa heredada en la costa de Cornualles y canalizó toda su energía hacia el movimiento sufragista, luchando por el voto femenino. Nunca se casó y, tras su muerte, todas sus obras y pertenencias fueron subastadas para saldar sus deudas.

Hoy, la figura de Pamela Colman Smith por fin está resurgiendo de sus cenizas para ocupar el hueco que siempre le perteneció en la historia del arte. Un aluvión de exposiciones en Reino Unido explora actualmente su legado visual; diversas editoriales le dedican ensayos y novelas gráficas, y el prestigioso Trinity College ya prepara para este año una profunda investigación sobre sus diseños. Ha tardado más de un siglo, pero el mundo, por fin, está leyendo sus cartas correctamente.