El expediente Goya: historia de un pintor que burló a la Inquisición

Por Pilar Gómez Rodríguez
 Héctor Serrano

Goya estuvo en el punto de mira de la Inquisición por partida doble: como autor de los Caprichos y de una venus de carne y sexo que con tiempo se llamaría La maja desnuda. Ambas tramas se entrecruzan en la novela histórico-artística que acaba de presentar Luis Zueco.

— Estará en una alcoba privada, quizá la más protegida y secreta del reino. La persona que lo tendrá no la conoce a usted y él nunca lo hará público. La Inquisición lo denunciaría, está prohibido tener el desnudo de una mujer […].
— Mi padre no puede saberlo.
— No lo sabrá ni él ni nadie —afirma tajante Goya—.
Nunca.

Más de dos siglos después seguimos sin descubrir quién era la mujer a la que Goya retrató desnuda y vestida (por este orden) por encargo de Godoy, valido del rey Carlos IV. La afirmación del pintor se ha cumplido, por mucho que el diálogo sea parte de la ficción que inventa Luis Zueco en su última obra. Se titula El juicio. La Inquisición contra Goya y recrea ese momento tan turbulento como apasionante en la historia de España en el que, a finales del siglo XVIII, Goya está en la cumbre.

Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, los miembros más destacados de la aristocracia lo reclaman, su fama cruza las fronteras y es nombrado pintor de cámara de Carlos IV. Lleno de orgullo escribe a su amigo Martín Zapater: “Del rey abajo todo el mundo me conoce”. Así era.

Sin embargo, el inquieto artista anda metido en algunos jardines a cuenta de sus ideales. Porque Goya es el pintor de la corte, pero no solo es eso. Es un pintor de todo lo que ve; las miserias del pueblo, los abusos y la corrupción de una sociedad que él quiere que sea mejor y que prospere como él mismo ha prosperado. ¿Qué se le ocurre? Reflejarlo. Le parece una gran idea eso de estampar mujeres enmascaradas, criaturas espectrales e imposibles —mezcla de ave y de humano—, castigos físicos y morales como los sambenitos y capirotes con los que la Inquisición sometía a público escarnio a los acusados… Con todo ello quiere poner un espejo a la sociedad de su tiempo e ilustrar temas como la prostitución, los matrimonios de conveniencia, la avaricia, la glotonería, la opresión de la Iglesia, la Corte…

El sueño de la razón produce monstruos, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799
© Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Bien tirada está, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799
© Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Para añadir más pimienta acompaña sus escenas con frases misteriosas que favorecen los dobles sentidos, la ironía o simplemente el desconcierto. Y no para ahí: como remate de la operación, a Goya se le ocurre pagar un anuncio en la primera página del Diario de Madrid. Es el 6 de febrero de 1799 y el texto dice, básicamente, lo que él piensa de la pintura y las artes:

Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al aguafuerte por Don Francisco de Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia y la poesía) puede también ser objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, aquellos que ha creído más aptos a subministrar materia para el ridículo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice.

[…] Se vende en la calle del Desengaño 1, tienda de perfumes y licores, pagando por cada colección de a 80 estampas 320 reales de vellón. >

En los muy interesantes textos que acompañan la novela de Zueco se reproduce este anuncio y se da una valiosa información sobre el precio al que podría equivaler esa cantidad hoy día: unos 500 euros aproximadamente. “Estime el lector —señala el autor— que los Caprichos fueron un objeto de lujo cuyo destinatario sería la elite, el público de alto poder adquisitivo como, por ejemplo, la aristocracia, los altos funcionarios o la alta burguesía”. Si a esa operación de marketing se le suma que, a los pocos días, los Caprichos fueron retirados de la venta, el resultado es que el objeto de lujo se transforma en un objeto de deseo: todo el mundo quería hacerse con un ejemplar o al menos verlo, tocarlo, enterarse de qué había representado y había querido representar ahí el pintor del rey. Como suele suceder, seguro que alguien se aprovechó de la circunstancia. En la novela de Zueco explica uno de los personajes, un anticuario con tienda en el Rastro, que “hay quien se hizo con él y ahora lo alquila por días, y bien caro”.

Mala noche, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Hasta la muerte, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Ensayos, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Linda maestra!, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Volaverunt, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
¿No hay quién nos desate?, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
El amor y la muerte, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Tántalo, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

En esos modos diversos de utilizar la obra más deseada, Zueco recrea una velada en la residencia de los duques de Osuna en la que, en un momento dado, se anuncia el momento de jugar a las brujas y se sacan algunos ejemplares del libro de Goya. El juego consiste en decir un número al azar, buscar la estampa que lleva ese número y procurar una explicación a lo que allí se representa. Está documentado, así lo indica la web del Prado, que los primeros compradores fueron los duques de Osuna, que se hicieron con cuatro ejemplares unos días antes del anuncio. También los duques de Alba, de San Carlos y de Campo Alange fueron de los primeros en contar con ejemplares. No hay muchas más noticias sobre los compradores de los veintisiete ejemplares que Goya dijo haber vendido durante el corto periodo de tiempo que estuvieron a la venta en la curiosa ubicación que Goya había dispuesto a tal efecto, una tienda que ni era de arte ni de libros y que estaba debajo de su casa, en lo que se supone un intento de tener bien controlada la difusión de una obra que podría acarrearle problemas.

Los problemas crecen: una mujer desnuda

La intuición de Goya se mostró acertada y la Santa (Inquisición) que ya andaba detrás de él por entusiasta de las nuevas ideas ilustradas procedentes de Francia, se moviliza para buscar pruebas que permitan inculparle. Pero, claro, es un hueso duro de roer, alguien poderoso, con influencias y que se ha ganado con su trabajo el favor del rey. Necesitan pruebas concluyentes, necesitan los Caprichos.

Alrededor de esa trama y esa búsqueda gira la novela de Luis Zueco. La protagonista, Angélica Diez, aterriza con su padre en Madrid procedente de Nueva España. Ella y su progenitor idean un plan para entrar a formar parte rápidamente de las altas esferas de la sociedad. Y ese plan pasa porque Goya se interese por el rostro exótico de aquella joven y la retrate… vestida, claro. Pero Goya tiene otros planes y un difícil encargo que cumplir.

En la ficción, Zueco convierte a aquella mujer en la venus de carne, hueso y vello púbico que Goya inmortalizó para el todopoderoso Godoy. Al parecer, el favorito de Carlos IV, que poseía ambas majas en una habitación privada, había ideado un sistema de poleas y cuerdas por el cual una daba paso a la otra como por arte de magia. Aquella mujer vestida y reclinada en un diván quedaba más que desnuda, desnudada a gusto del espectador en lo que constituía todo un deepfake de la época.

 La maja desnuda, Francisco de Goya, 1790 - 1800
© Museo Nacional del Prado
La maja desnuda, Francisco de Goya, 1790 - 1800 © Museo Nacional del Prado

Que la identidad de aquella mujer siga sin aclararse más de dos siglos después sigue dando paso a conjeturas (y a novelas). Las primeras se han convertido también en clásicos. Una de las suposiciones clásicas, en esto de la identidad de La maja desnuda, apunta a la duquesa de Alba, con quien supuestamente Goya habría tenido más que una buena amistad. Sin embargo, una investigación de Manuela Mena plasmada en el libro La Duquesa de Alba, "musa" de Goya. El mito y la historia habla de estos amores como de una “leyenda urbana”. Y otra, que ella fuera la mujer del desnudo. Dieciséis años mayor que el pintor, la duquesa murió en julio de 1802 prematuramente, enferma y con afectación física, como se supo más de un siglo después. Tras una rocambolesca historias de exhumaciones y autopsias, se descubrió que la causa de su fallecimiento había sido una meningoencefalicitis tuberculosa y que María Teresa de Silva sufría una “marcada escoliosis hacia el lado derecho de la región torácica y una curva opuesta, de compensación, en la región lumbar”, según el doctor R. Hernández Gómez expuso en mayo de 1975, en el II Congreso Nacional de Médicos Escritores celebrado en Cáceres, donde tiró del examen forense realizado a la duquesa de Alba. De esa forma, ni por la edad ni por el cuerpo la mujer plasmada en ese cuadro podría ser la duquesa, una idea que Luis Zueco califica de “patraña”.

A continuación el escritor refiere la teoría ideada por Pedro de Madrazo en 1870, que señalaba a Pepita Tudó, la amante de Godoy, “una compleja operación de maquillaje de la historia en beneficio de la política”.

Luis Zueco se queda con la tesis de la desconocida porque eso le ha permitido investigar y alumbrar más de 600 páginas de novela histórica (histórico-artística) que ha publicado Ediciones B.

Todavía hay una más, la menos épica e imaginativa, la del jarro de agua fría que arroja Jani Tomlinson en su biografía y que apunta a que Goya no pintó del natural, sino de memoria. Lo indicarían “la extraña postura” en el diván y la “falta de cuello”, así como “los pechos girados hacia afuera y las curvas, que son más siluetas que volúmenes”. La historiadora incide en que era sencillamente demasiado arriesgado pintar a una mujer desnuda en el siglo XVIII. En eso no hay quien le quite la razón, peeero…

Goya siempre es más listo

Vayamos por partes. La primera bola de partido, la de las ampollas y sospechas que los Caprichos habían levantado entre los inquisidores, Goya la salvó con un movimiento ganador: en 1803 entregó al rey los ejemplares que le quedaban de la polémica obra, junto con las planchas. Todo un órdago porque, ¿iban a pedirle cuentas a Carlos IV? La habilidad de Goya fue tal que además de conseguir salvaguardar su obra e inmunidad para sí obtuvo una pensión para su único hijo, Francisco Javier. El 6 de octubre de 1803, la Real Calcografía los volvió a poner a la venta, tal como atestigua un nuevo anuncio, en la Gaceta de Madrid.

El sí pronuncian y la mano alargan al primero que llega, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
El sí pronuncian y la mano alargan al primero que llega, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Salvador Dalí en Portlligat, 1955
         Foto: Agnès Varda © Agnès Varda Estate
Tal para cual, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Nadie se conoce, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799
© Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Nadie se conoce, serie Caprichos, Francisco de Goya, 1797-1799 © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Zueco sugiere en la novela que “es muy posible que alguien le avisase de que la Inquisición andaba tras él en 1803 y debía ponerse a salvo de nuevo. Y que el proceso que sabemos abrió la Inquisición contra él en 1804 realmente se hubiera iniciado antes de la entrega al rey del material y no fue suficiente este acto para cerrarlo. Pero alguien tuvo que denunciarle en 1803. ¿Quién?”. Lo que no es novela, sino documento histórico, es la carta remitida el 7 de septiembre de 1804 por el Tribunal de la Inquisición de Toledo al Consejo de la Inquisición, en Madrid, donde se lee: “en virtud de delación”. También se habla de un expediente de calificación que sin duda contenía información relevante en sus 28 hojas útiles, pero no se conserva. De nuevo esa desaparición alimenta la imaginación. “¿Tuvo Goya amigos o conocidos o admiradores en la ‘Santa’?”, se pregunta Luis Zueco al final de su novela. Hasta en el infierno, recomienda tenerlos la sabiduría popular, esa por la que Goya se interesaba también.

La segunda bola de partido el zaragozano la salvó más de una década después, en 1815. La acusación, en esta ocasión, era indirecta. El investigado era Godoy y el motivo, las pinturas obscenas que se habían encontrado en su cámara de placer. Entre ellas, La Maja desnuda. Después de su definitiva caída tras el motín de Aranjuez en marzo de 1808, la colección del Príncipe de la Paz había sido requisada y Goya fue llamado ante el Santo Oficio el 16 de marzo de 1815. No está claro si el artista llegó a comparecer, pero sí que no hubo consecuencias. Al mes siguiente, Goya salió bien parado de la comisión de depuración al que fue sometido como empleado de la Real Casa por sus actividades durante el gobierno afrancesado y fue confirmado como primer pintor del rey, según indica el investigador José María Lanzarote Guiral en su investigación sobre Goya y la Inquisición.

En todo caso, lo que tenemos es un artista que se la jugó (cuando podría no haberlo hecho). Lo hubiéramos conocido por sus retratos magníficos, por sus escenas pintorescas de majos y majas jugando o al sol… Lo que aprendimos con él es que un artista lo es sobre todo no porque realice los encargos que le llegan de manera prodigiosa, sino porque tiene algo dentro que es preciso expresar y lo persigue, por mucho que ese obedecerse a sí mismo le lleve donde es peligroso. Por suerte, también le llevó, en el caso de Goya, donde se es eterno.