Entre estas paredes, está la representación de la obra de toda una vida. Está también la esencia de una creación artística nacida de la ausencia. Porque, para Jordi Teixidor (Valencia, 1941), ahí es donde empieza todo: en la nada.
“No es posible entender la creación si no se parte del vacío. Porque, si partimos de algo ya conocido, de lo ya sabido, ¿qué es lo que podemos crear?”, reflexiona el artista, Premio Nacional de Artes Plásticas 2014 y uno de los máximos representantes de la abstracción española. “No-res alude a la esencia de lo que no hay. Es decir, no es que no haya nada, sino que hay. Y en ese hay, está la nada. Lo que intento que quede plasmado en la exposición es esa posibilidad que da el vacío para llegar a la creación. Esta última siempre es un riesgo, un asomarse al abismo donde uno tiene que ir venciendo las dificultades, el fracaso está a la vuelta de la esquina, sin que eso suponga un deterioro del concepto y del valor de lo que intenta hacer”.
Desde el 19 de febrero, la Sala Alcalá 31 acoge la primera exposición institucional del pintor valenciano en Madrid, donde reside desde comienzos de la década de 1980, cuando llegó tras una estancia de dos años en Nueva York. Hasta el 19 de abril, el espacio mostrará más de medio centenar de sus obras, realizadas desde 1965 hasta hoy, provenientes tanto del estudio del artista como de diferentes colecciones. Desplegadas a lo largo de dos plantas, las piezas alternan diferentes formatos: desde grandes lienzos hasta obras sobre papel, esculturas y ensamblajes. No hay clasificación cronológica.
“La obra más antigua es un pequeño collage del año 1965 y la más reciente es un cuadro que pinté el verano pasado, en 2025. Hay variantes cronológicas que también responden a variantes formales y conceptuales. Lo único que me gustaría que se entendiera es la constante de buscar aquello que creemos que puede significar la posibilidad de que el contemplador reflexione y piense ante la obra”, subraya el artista, que se reconoce más en las piezas donde apenas hay nada. Vuelta, otra vez, al título de la exposición.
En la esencia
“Yo soy un pintor que pinta quitando cosas más que poniendo. En aquellas piezas donde hay una ausencia de elementos y solamente ha quedado la esencia de lo que es el cuadro es donde más me reconozco. En algunos lo consigo más o menos, pero en todos hay esa intención de plasmar la esencia, de hablar a lo importante y a lo que vale la pena”, dice.
No-res ha sido comisariada por Ángel Calvo Ulloa, un aliado en el siempre difícil proceso de elegir. Más aún en el caso de Jordi Teixidor y los 60 años de producción artística que aborda la exposición. “Aquello que yo no entendía él me lo explicaba y lo llevábamos a efecto. Yo también podía sugerirle algo de manera que él ampliara el concepto o la valorización que hacía de mis obras. Ha sido un trabajo conjunto de cuyo resultado estoy satisfecho, nos hemos llevado muy bien”.
Por primera vez, se exhiben juntos los 31 cuadernos de trabajo del artista; 23 permanecen en manos de Teixidor y los otros ocho pertenecen a la colección del IVAM. Son publicaciones que recogen toda la producción que el artista ha llegado, o no, a hacer. “Suponen mostrar cierta intimidad. Son los cuadernos que uno hace con regularidad o irregularidad, a lo largo del tiempo y de los años, donde va plasmando las ideas que al final piensa que deben llevarse a efecto. Esos cuadernos contienen todas las pinturas que he llegado a hacer, pero también las que no he hecho. En esa dialéctica de lo que hice y lo que no hice aparece mi manera de entender lo que es aproximarse al arte”.
No falta en el recorrido el desarrollo de una nueva idea de capilla, investigada por el artista en los últimos años, que toma el testigo de las realizadas anteriormente en espacios como el del IVAM o en PLANTA de la Fundación Sorigué. “Aquí lo importante no son mis cuadros, sino el contemplador rodeado de mis cuadros. En esa conjunción entre lo que yo enseño y lo que el espectador contempla es donde se puede producir un momento especial. Vamos a decir, ojalá, un momento un poco hasta trascendental para que el espectador acabe encontrándose consigo mismo”, matiza. La pintura, a través de su interioridad, nos permite asomarnos a la nuestra.
La capilla ha sido creada conjuntamente con la arquitecta María Fraile. “Es un espacio de planta hexagonal que contiene un espacio cuadrangular en el que se han colocado tres cuadros negros que contienen oro. Más que un espacio, es una intención de que el contemplador se encuentre a sí mismo”.
Para terminar, le pregunto qué supone esta exposición para él. Y no duda en responder que la siente como una especie de colofón. “Ya son muchos años pintando y entregado a esta búsqueda de lo que creo que es el arte. Hemos reunido una serie de obras que no son cronológicas ni tampoco antológicas, sino que son una confrontación de distintos momentos y etapas. Me satisface pensar que mi obra todavía puede generar mayores posibilidades de entender y apreciar el arte”.