Carta abierta a las mujeres políticas (y una orgía lésbica)

Por Alberto G. Luna
Untitled #07, 2025, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau

Tras ser perseguida en Kabul por realizar una performance que denunciaba el acoso sistemático, Kubra Khademi dirigió una punzante carta abierta a las mujeres más poderosas del mundo. Sus cuadros, expuestos ahora en ARCO, son una protesta del apartheid de género que sufren las mujeres afganas.

Un día cualquiera, la artista y activista Kubra Khademi cometió el pecado de caminar por las calles de Kabul. Lo hizo ataviada con una armadura para denunciar que, en su mundo, ser mujer es estar en guerra permanente contra el acoso sexual. La respuesta fue la de siempre: insultos, piedras y el tipo de odio que solo los cobardes saben escupir. Al final, el exilio fue su único refugio, ese desgarro que te deja el cuerpo en un sitio y el alma en otro, lleno de cicatrices que ningún sastre puede arreglar.

Desde esa distancia amarga, Kubra agarró la pluma y escribió una carta a las mujeres que realmente mueven los hilos, entre las que se encontraban Angela Merkel, Kamala Harris, Hillary Clinton o Ellen Johnson Sirleaf —expresidenta de Liberia y Premio Nobel de la Paz—. Era una carta abierta, un grito de auxilio, una crítica feroz a los políticos y a cómo se había utilizado la libertad de las afganas para justificar la guerra. Un mensaje crudo que cuestionaba la falta de solidaridad internacional. Por eso quería alzar la voz de las mujeres, ya estuvieran en Afganistán, Irán o en cualquier otro lugar.

Les dijo muchas cosas. Les dijo por ejemplo que mientras ellas se pasaban el día sentadas en sus lujosas oficinas, discutiendo sobre diplomacia y fronteras, las mujeres de su país estaban siendo enterradas vivas, en sus propias casas. Les dijo también que allí tenían prohibido caminar, estudiar o incluso trabajar. Asimismo, les dijo que su voz había sido declarada ilegal y que si era esta la solidaridad que les habían prometido.

Como se podrán imaginar, ninguna de ellas le respondió. Y entonces se puso a pintar.

Untitled #06, 2025, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled (Portrait of Ursula von der Leyen), 2024, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled (Portrait of Ellen Johnson Sirleaf), 2024, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled #08, 2025, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled (Portrait of Kamala Harris), 2024, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled (Portrait of Angela Merkel), 2024, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled - Diptyque 05, 2024, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau
Untitled (Portrait of Kubra Khademi #02), 2024, Kubra Khademi Foto: Bertrand Michau

Lo que pinta Kubra Khademi no son paisajes bonitos. Pinta cuerpos. Mujeres desnudas, libres, de esas que no piden permiso para existir. El uso del pan de oro tampoco es un capricho ornamental, sino una declaración política. Khademi rescata la tradición del arte bizantino y medieval —donde el dorado se reservaba exclusivamente para la divinidad— para situar la anatomía femenina en el centro de lo sagrado. Al colocar estas figuras sobre fondos áureos, la artista les devuelve la dignidad y autonomía que la sociedad les intentó robar.

En uno de sus cuadros retrata una orgía en la que se puede distinguir a algunas de aquellas políticas que recibieron sus cartas. Las dibuja desnudas y en situaciones de placer o vulnerabilidad para romper la jerarquía del poder. Es su forma de decirnos una verdad; que, despojados de nuestra vestimenta, todos compartimos la misma piel y fragilidad.

Otro es una apropiación de La Libertad guiando al pueblo de Delacroix. Pero mientras la Marianne francesa simboliza un triunfo pasado, la versión de Khademi es una herida abierta, un recordatorio de que la libertad no es universal. En cualquiera de los casos, esta mujer no pinta para decorar. En cada pincelada mete el dedo en el ojo de los roles de género y la injusticia social.

Conocí a Kubra en ARCO. Tenía ese brillo en los ojos que no se encuentra en las galerías de la Milla de Oro. La clase de entereza de quien ha visto algo infinitamente complicado y no ha agachado la cabeza.

¿Qué les dijiste a las políticas?

Que tenían el poder de decidir si el régimen talibán es legítimo o no. El poder de abrir las puertas que tienen encerradas a las mujeres afganas; de dejar de financiar, directa o indirectamente, un sistema que ha instaurado el apartheid de género más extremo de la historia moderna. No nos hacen falta sus oraciones, ni que publiquen más declaraciones de “grave preocupación”. Esas palabras no detienen balas ni abren escuelas. Les pedí que miraran a sus propias hijas y se preguntaran: ¿aceptarían este destino para ellas? Si la respuesta es no, entonces no lo acepten para nosotras. No reconozcan a los talibanes. No normalicen nuestra desaparición.

Esa injusticia es algo que se manifiesta desde muy pronto en muchas familias...

Así es. Yo sentí la injusticia en mi propio hogar. Tengo cuatro hermanos mayores y cinco hermanas menores. En la estructura de nuestra casa, que era extremadamente patriarcal, había mucha inequidad.

 Kubra Khademi en ARCO 2026. Foto: Valentina Viceconte
Kubra Khademi en ARCO 2026. Foto: Valentina Viceconte

¿Por qué tuviste que abandonar tu país?

En 2015 hui de Afganistán porque fui perseguida debido a mi arte y a la forma en que me expreso como artista. Yo critico la injusticia, creo que el arte es la mejor herramienta para hacerlo, para hablar de lo que no se nos permite hablar. Fui condenada a muerte por mi última performance en Afganistán, por el simple hecho de caminar en un espacio público utilizando una armadura. Desde entonces vivo en Francia, donde puedo expresarme libremente.

¿Cuál es la situación de las mujeres en Afganistán? ¿Y en Europa?

Afganistán es el peor país del mundo para las mujeres. No solo de la región, del mundo. ¿Por qué? Porque a las mujeres ni siquiera se las trata o respeta como a animales. A los animales se les trata mejor; al menos pueden estar fuera, libremente. A la mujer no se le permite salir, no puede ir a la escuela, ni tampoco al trabajo. Afganistán está bajo el mando de un grupo de terroristas. Pero no tenemos que olvidarnos de que la injusticia, el patriarcado y la opresión sobre la mujer ocurren en todas las partes del mundo, aunque sea en diferentes grados.

¿Qué piensas de la actual guerra entre EEUU e Irán? ¿No te parece que siempre es todo lo mismo?

Nada cambia. EEUU necesita la guerra, si no es en un país es en otro. Porque la guerra siempre es una cuestión de geopolítica y dinero.

Y siempre hombres anunciándolas...

Exacto, hombres cis-heterosexuales. Tenemos que ser muy específicos. Cuando hay patriarcado, los hombres en el poder se protegen entre ellos. Mira el archivo de Epstein, por ejemplo. Pero cuando las mujeres dirigen o gobiernan, al menos los niños están protegidos. Porque el matriarcado no trata de mandar, sino de proteger. Esa es la diferencia.