Inés Figaredo (Madrid, 1976) ha proyectado un espacio en el estand de El Confidencial lleno de arraigo y autodeterminación en el que se producen infinidad de conexiones asociativas. Sus obras, llenas de movimiento y simbolismo, dan forma a un universo onírico lleno de vida en el que el espectador se infiltra mientras esta transcurre sin su participación.
Figaredo reflexiona acerca de los conceptos espaciales de “dentro” y “fuera”, articulando el ambiente a través de unos límites definidos, donde se crean tres lugares, todos ellos unidos mediante una línea de fuga. La artista no trabaja estos conceptos como simple geometría, sino como una experiencia existencial y psicológica.
Está la posición del observador, desde fuera, con perspectiva. Aquí hay algo forzosamente fronterizo: una linde divisoria física que te impide entrar, pero te hace partícipe a través de una ventana. Hay algo protector pero privativo, capaz de generar un desconcertante anhelo.
Hay un segundo lugar, “el dentro” o “adentro”, ya que la intención es que haya ubicación y movimiento al mismo tiempo. Un esbozo de lo cotidiano cuya estética se dibuja en rincones. Una gran construcción alegórica donde distintos elementos referenciales acompañan a un solo gesto: el lavar. Una acción cotidiana y repetitiva enmarcada en un bucle con el único propósito de escuchar música a través de la lluvia que destila el lavado. Purificando la propia naturaleza de la que uno se compone, se generan esas primeras notas que conmueven el alma y ponen de manifiesto la grandeza de lo pequeño. Durante esta repetición, la madre observa, con una identidad indefinida, vigilante y sin descanso, tras romper la separación espacial y fusionar ambos mundos (dentro y fuera) a través de una obra compuesta por piedras del jardín de la artista y alfombras familiares.
Por último, una zona de transición dibuja una línea en el horizonte que lleva a una salida. A través de una segunda ventana nos encontramos con una estufa solar que nos marca, mediante cambiantes colores lumínicos, las distintas horas del día. Por medio de una obra cinética mecánica, hay un cielo azul y pájaros volando en un esperanzador y evocador gesto de profunda libertad.





