El universo textil de Inés Figaredo, la apuesta de El Confidencial en ARCO: "Cada puntada es un ajuste de cuentas"

Por María de la Peña Fernández-Nespral
 Héctor Serrano

La artista representará a El Confidencial en la próxima edición de ARCO que arrancará el 4 de marzo. Hablamos con ella de su última exposición, su propuesta artística en la feria de arte contemporáneo y de su universo creativo.

Inés Figaredo (Madrid, 1976) ha trabajado de forma solitaria durante casi 20 años, hasta que su camino se cruzó con el de la galería Cayón. Su primera unión juntos dio sus frutos en la pasada feria de ARCO, donde una institución como la Fundación Masaveu adquirió varias de sus obras. El pasado mes de noviembre, la galería redobló su apuesta por la artista y expuso Casa, una muestra que reunió 50 de sus obras en un espectacular montaje que fue una verdadera declaración de intenciones de la ambiciosa trayectoria que ambos quieren recorrer juntos.

Pocas veces Cayón había puesto tanto esfuerzo en la disposición de obra en sus dos salas de Madrid. “Debía de empezar a exponerla con algo monumental”, asegura a El Grito Adolfo Cayón. La exposición, que se pudo ver hasta el pasado 16 de enero, simuló la vivienda de hoy y ayer de la artista, un lugar sagrado para ella, que representa el núcleo de su vida. La fusión entre ella y la casa logró producir un imaginario artístico de una riqueza sorprendente. Un andamio hasta el techo reproducía distintas estancias de su hogar, con inimaginables rincones donde lo textil, el bordado, los garabatos infantiles a lápiz, las luces de Navidad o varios objetos que apelan a la infancia componían una obra que bien podríamos escudriñar sin límite de curiosidad en la sala de un museo.

Su riqueza visual está emparejada con un relato que Figaredo quiere contar al espectador, o más bien una historia, un cuento. Y esa historia, insiste, nace desde su casa. Una historia que deje en él una huella inspiradora, que cale en su mente; que cada uno la haga propia o la transforme. “Quiero dotar a los demás de ciertos elementos, aunque no todos tienen que ser bellos, pero que hagan pensar”, atestigua. La travesía de su vida la cuenta a través de sus obras que remiten a su infancia, adolescencia, a los entresijos de las tensiones familiares, a los conflictos identitarios, hasta llegar a la ensoñación en la que está ahora, disfrutando en su oasis doméstico.

Allí nos reunimos con ella, donde vive y trabaja en una suerte de encierro voluntario.

 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 

Hace un mes que cerró su primera exposición, su gran estreno público. ¿Cómo lo ha vivido después de años trabajando en solitario, sin apenas abrirse al mercado?

He tenido el privilegio de vivirlo desde una afortunada distancia, gracias sobre todo a la relación que tengo con la galería. Una divertida y protectora perspectiva desde donde recojo con prudencia alegrías y desvelos.

¿Qué ha querido transmitir con la obra de El Confidencial en ARCO?

Me enfrentaba al reto de recibir un espacio y hacerlo mío. Para mí era vital generar un sentimiento de arraigo, de familiaridad y una esfera de intimidad llena de conexiones asociativas. Trabajando los conceptos espaciales de ‘dentro’ y ‘fuera’, articulé un ambiente a través de límites definidos, creando tres lugares, todos ellos unidos mediante líneas de fuga. Está la posición del espectador, que participa a través de una ventana, una linde divisoria física. Hay un segundo lugar, la casa, un espacio con un significado propio. Y por último, una línea del horizonte con unos pájaros y una estufa solar que marca mediante cambiantes colores lumínicos las distintas horas del día.

¿Qué significa para usted la palabra ‘casa’, la que dio título a la exposición?

Es un refugio para la imaginación. Un lugar de intimidad no solo física, sino también inconsciente, donde me encuentro intrínsecamente ligada a mis recuerdos y donde lo material y lo simbólico se funden y se confunden. Es un cosmos en miniatura. Cada cajón, una promesa contra el olvido. Lo pequeño se convierte en un portal para lo vasto y el pomo de una puerta puede abrirse a una ensoñación infinita.

En su obra conviven el pasado y el presente. El andamio que protagonizaba la muestra en Cayón, como un retablo barroco contemporáneo, estaba forrado de múltiples telas, sábanas, manteles, fundas de colchón o cortinas, cacharros antiguos de cocina, una televisión de los años 70…

Mi propia biografía se compone de las biografías de otros; por lo tanto, en mí conviven muchas personas. Aquellas a quienes me siento ligada, y otras tantas, de otros tiempos, que ni siquiera conozco y debo poder descifrar y ordenar el eco que me dejan. La resonancia que depositan en mi presente todos ellos, es muy potente. Antes me sentía abrumada por toda esta desorganización y confusión, ahora me siento arropada e inspirada por mi propia historia.

© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 

Sus fuentes de referencia han sido más literarias que artísticas.

Siempre he encontrado mucho refugio en la literatura. Ya desde pequeña leía a Miguel Hernández o a Rafael Alberti. De ahí, pasé a Shakespeare, a James Joyce, Hemingway, Camus, Sartre, Kundera o Kafka. En la lectura he encontrado una gran aliada, las historias de otros; he sentido la felicidad o el dolor; mucho alimento.

Hay en su obra una necesidad de búsqueda de identidad. ¿Cómo se traduce?

Con los años me he dado cuenta de que la identidad no es un concepto estático, sino una construcción dinámica y sensible que se moldea a través de la experiencia. El arte y la casa están siendo para mi el centro de esa experiencia que contribuye a la construcción y reparación de mi identidad.

¿Qué significado tienen las telas, los trapos que encuentra de siglos pasados, sábanas o manteles de herencia familiar, de ajuares de otras familias y que acaba haciendo propias?

Amor, dolor, vacío, confusión, arraigo, reconocimiento…. Es la trama y la urdimbre que generan esa red de seguridad, la cual, a pesar de sus agujeros, crean materia donde agarrarse. La experiencia que trae el objeto de su propio bagaje y mi relación con él, son determinantes.

Todo ese tesoro textil que recupera, lo eleva a categoría de arte. Lo que antes era un trapo de cocina, lo convierte en una pieza única, pintada con óleo o rematada con delicados bordados. ¿Cómo llegó al mundo textil, a coser?

El universo ‘mercería’ es un agujero negro para mí, en el que he tenido que trabajar mucho para arrancárselo a una memoria muy complicada e infantil, para poder salir de su embrujo; transformarlo y hacerlo mío. Cada puntada es un ajuste de cuentas y un recordatorio de que en cada rincón hay un tesoro escondido si lo buscas. En la artesanía de lo textil veo la herencia, el linaje y a mi madre y su compleja historia. Fuente inagotable de inspiración.

© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Inés Figaredo. Foto: Fernando Puente
Inés Figaredo. Foto: Fernando Puente
© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Inés Figaredo. Foto: Fernando Puente
Inés Figaredo. Foto: Fernando Puente

Algunas de sus obras incluyen garabatos de niño. Ya sea dibujados en uno de sus trapos a carboncillo o en el formato de neón, otro elemento recurrente en la técnica de su obra.

Resido en el garabato y en esa particular espontaneidad y libertad como forma de proyectar un mundo interior propio. Es volver al lugar donde tomamos conciencia de nuestra identidad y como se puede interactuar con el mundo que nos rodea. Cada trazo es una iniciación al desarrollo de la imaginación y la capacidad de auto reconocimiento frente al otro. Por su parte, en el neón he encontrado un recurso para potenciar ese trazo, que busca la voluptuosidad para hacerme oír de una manera más visible.

Se percibe en su obra ese esfuerzo por encontrar su propia voz. Frases o mensajes bordados en sus telas. ¿Son una vía de comunicación con el espectador?

Realmente, mi trabajo es una constante observación de escenas, impresiones, grabaciones o situaciones que quiero recordar o revisar. Muchas veces necesito de la palabra para activar o afianzar la intención originaria. Hay una necesidad de certeza.

Su lenguaje tan particular le ha llevado también a bordar en una tela de más de seis metros las recetas de su abuela. Ese viaje al pasado recorre su obra.

Sin duda. Esta obra es un homenaje al arraigo. A esas referencias primigenias que construyen y a aquellos quienes las procuran. También está la intención de elevar esos quehaceres domésticos y cotidianos a verdaderas hazañas, ya que trascienden el momento y su función primaria para convertirse en la argamasa sobre la que construimos nuestra identidad.

 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 

¿Cómo comenzó su vida como artista? ¿Recuerda las primeras piezas?

Nunca tuve la intención de ser artista pero podría decirse que comienza al nacer. Es difícil trazar una línea del tiempo concreta, aunque para los cánones más estereotipados, soy una artista tardía.

Guardo con especial cariño las primeras piezas porque no fueron tibias. La inmediatez era vital y recurrí a lo familiar como soporte. No había tiempo para técnicas.

¿Y su día a día?

Mis días son un oasis de paz, de recogimiento. Funciono pensando en la obra y en cómo resolver mi existencia a través de ella. Al vivir en este particular estado de ensoñación es muy fácil estar conectado con el recuerdo, las impresiones, el entorno, las sensaciones y generar una imaginación creativa basada en la experiencia.

Sus orígenes son asturianos. ¿Cómo está de presente su ‘tierrina’ en su obra?

Estoy intrínsecamente vinculada a Asturias. Es algo que se escapa a mi voluntad o razón. Es algo celular. Su olor, su frescor, su bravura, su identidad, sus aldeas y hogares, sus infinitos referentes y recuerdos han contribuido de manera definitiva a todo aquello que sea capaz de sentir o expresar. Pero como decía Oscar Wilde, el arte no es nacional sino universal.