En los años 60 el sueño americano era más un eslogan nacionalista que una realidad tangible. Grandes ciudades como Nueva York vieron crecer barrios aglutinados y marginales debido a la precariedad, la migración masiva y la construcción salvaje. Así nació el arte urbano y así lo muestra el comienzo de Arte urbano. De los orígenes a Banksy. A través de cinco secciones ordenadas cronológicamente y contando casi con 70 obras originales, recopila y analiza la trayectoria de esta forma de expresión contemporánea marcada por la rebeldía y la crítica social.
Las primeras obras de la exposición conducen hacia escenarios periféricos como el Bronx o Queens: hacia vagones de tren, calles plagadas de basura, aerosoles, rotuladores y pseudónimos conocidos como tag, que se convirtieron en vehículos identitarios frente al orden imperante. Un mapa de metro firmado por TAKI 183 -uno de los primeros graffiteros conocidos en la historia de EEUU- cuelga de la pared de la sala, casi como si estuviera fuera de lugar, y abre la puerta a los jóvenes insumisos que siguieron sus pasos dejando sus firmas en clave por toda la ciudad, jugando no solo con los colores, formas y significados de sus obras, sino también con la legalidad y las consecuencias de sus actos.
La siguiente sección está dedicada a obras de dos iconos contemporáneos -de vidas malditas y muertes prematuras- que sirvieron como puente en el proceso de incorporación del graffiti a la institución artística. Una litografía subversiva de Basquiat bautizada como Supercomb -que sirvió como cartel para una exposición de la galería Yvon Lambert- resalta a través del amarillo chillón, con un puñado de palabras y unos cuantos símbolos cargados de ironía. Sus obras cuelgan en todos los museos importantes y sus obras están valoradas en millones, pero sus orígenes se remontan a las calles del Soho, en las que intervenía con mensajes crípticos y firmando con su alter ego, SAMO. Le acompaña una de las legendarias y vibrantes siluetas a color de Keith Haring, conocido por pintar sus figuras con tiza sobre paneles publicitarios y por su trasfondo activista.
Una de las partes más interesantes de la muestra está orientada al salto del graffiti de EEUU a Europa y la transformación cultural que llevó consigo. Francia y las plantillas de ratas anárquicas y disidentes de Blek le Rat, el Muro de Berlín como lienzo político, la presencia femenina con Miss.Tic. y su impactante “tengo escalofríos tatuados en la piel de recuerdo”, o la escena barcelonesa con los símbolos antropomorfos de El Xupet Negre. Sus obras son la prueba visual de las reformulaciones que experimentó el arte urbano en las diferentes capitales europeas, con una memoria y una historia cultural muy distinta a la del contexto norteamericano.
Las secciones restantes están dedicadas a estas variaciones infinitas con obras desde los 2000 hasta la actualidad, con artistas internacionales como OBEY, Invader o los brasileños Os Gemeos. Los tags y los símbolos tradicionales quedan atrás, los muros, trenes y los tablones de madera son sustituidos por otros espacios, técnicas y materiales: esculturas de pulpos empuñando granadas, murales gigantes, señales de tráfico invadidas por palomas de la paz, logos de marcas de lujo chorreando pintura negra, impresiones sobre aluminio, mosaicos pixelados…Las líneas del arte urbano se desdibujan, casi da la impresión de encontrarse ante una exposición diferente.
El recorrido parece finalizar con un protagonista ausente hasta el momento, irreverente y consolidado como leyenda del arte contemporáneo: Banksy. Sus obras polémicas y afiladas danzan las unas con las otras y buscan dinamitar las estructuras de poder a través del arte. Su Niña con globo recibe al público como una vieja amiga instalada en la retina, y da paso a un imaginario que no necesita de interpretaciones ocultas ni medias tintas: unas ancianas tejen jerseys que rezan ‘PUNK’S NOT DEAD’, una chiquilla se abraza a una bomba como si fuera un peluche, la reina de Inglaterra se sienta abierta de piernas sobre el rostro de una mujer, los protagonistas de Pulp Fiction empuñan un par de plátanos warholianos, un helicóptero militar surca el cielo envuelto en un lazo rosa… Con estas imágenes flotando en la cabeza, el despliegue de obras llega a su fin.
El túnel de ladrillo que conduce a la salida de la exposición se convierte en un espacio de reflexión acompañado de imágenes sobre graffitis tapados y monumentos históricos pintarrajeados -como el Panteón de Roma, el monumento a la República de París o el muro medieval de Zamora-. Plantean un interrogante claro: ¿Arte o vandalismo? En la actualidad, el arte urbano sigue oscilando entre la rebeldía y la institucionalización, la creatividad y el deterioro; y su legitimidad sigue discutiéndose dependiendo del qué, el cómo y el dónde.