Can Gabriel y 10K House: los galardones de Arquitectura premian la estética de la precariedad

Por Mario Canal
Casa 10K / Takk. Foto: José Hevia

La Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo ha reconocido proyectos como Can Gabriel o la 10K House, obras que renuncian al lujo para mostrar la fragilidad de la actual crisis de la vivienda.

Los muros y techos dejan al descubierto el hormigón original de la construcción. El suelo también; en los vacíos dejados en él, se ha incrustado mármol como remiendo, a la manera del kintsugi japonés. Los azulejos en las paredes están dados la vuelta, de tal forma que lo que suele quedar oculto –los “dientes”, cuya superficie irregular de terracota ayuda a que se adhieran mejor– se ha transformado en ornamento. Las estructuras de uso, como cocina y muros no portantes, son de madera natural vista y las lámparas, simples bombillas peladas.

La casa más icónica de España parece estar a medio hacer y en ella se juntan muchas ideas que van de lo caótico a lo infinito, de lo inhóspito a lo poético. Para explicar la voluntad de reforma de este piso de 164m2 en Palma y construido en 1960, el estudio de arquitectos TED’A habla de pieles y huesos, también de palimpsesto: esos manuscritos antiguos que conservan huellas de lo escrito anteriormente. La Bienal de Arquitectura Española, los premios LCA –La Casa de la Arquitectura– y los Mies Van der Rohe 2026 destacan esta obra que apunta hacia una construcción donde prima la precariedad.

Can Gabriel es un ejemplo de una arquitectura que sigue teniendo la idea de reciclaje y en el mínimo impacto. En lugar de lucir materiales lujosos o de nueva generación de alto consumo productivo, este apartamento descubre sin rubor el pasado sucio de una construcción propia del desarrollismo español. En lugar de construir nuevas estructuras que opaquen y predefinan el espacio incrementando la huella de Co2, se levantan paneles y estructuras de apariencia efímera que aportan lecturas sobre lo eterno. Si una casa debe transmitir seguridad, este proyecto nos habla de inestabilidad. Lo hace recordándonos que el pasado es una historia llena de cicatrices, que tan pronto como llegamos, nos vamos. Que la vida es algo frágil que tiene un tiempo limitado y mejor no dejar más huella que la del uso.

Es imposible mirar Can Gabriel sin ver en él un símbolo de precariedad. Podemos referirnos al arte povera y a la estética de la postproducción, teorizada por Nicolas Bourriaud –el comisario francés que se inventó aquello del arte relacional–, según la cual los artistas trabajan en función de obras, ideas y materiales preexistentes que articulan sin apenas esfuerzo estético aplicado. Pero, lo que realmente nos viene a la cabeza cuando miramos sus paredes desnudas es la penuria de vivienda en España. La sensación de que las nuevas generaciones no pueden conformarse más que con los restos de un tiempo mejor.

Can Gabriel. Fotos: Luis Díaz Díaz
Can Gabriel. Fotos: Luis Díaz Díaz
Can Gabriel. Fotos: Luis Díaz Díaz
Fidel Castro con alas de piedra, Cuba, 1963
         Foto: Agnès Varda © succession agnès varda

Flujos y reflujos

La fragilidad y la inestabilidad se han convertido en la norma del presente líquido, en este tiempo de volatilidad y flujos digitales. Este concepto, el de los Flujos Comunes, es el que da sentido a la Bienal de Arquitectura Española, que puede verse estos días en la Térmica Cultural de Ponferrada. La presente edición ha sido comisariada por Ander Bados (Bilbao, 1991) y Miguel Ramón (Ponferrada, 1991), dos jóvenes arquitectos que fueron seleccionados por convocatoria abierta.

Según un texto informativo de la BEAU, “más allá de su excelencia técnica y conceptual, estos proyectos (los veinte seleccionados para ser mostrados, de entre multitud de propuestas levantadas en nuestros país estos dos últimos años) encarnan los valores contemporáneos que articulan Flujos Comunes: materiales, personas, medioambientales, datos y energéticos. Lejos de constituir categorías cerradas, estos ámbitos se entrelazan en muchas de las propuestas, revelando arquitecturas que abordan la complejidad del presente y se abren a lo común”.

La premisa es tan genérica, como es habitual en este tipo de certámenes, que cualquier cosa podría entrar en la terna. Desde proyectos de mejora urbanística de rincones ignotos a la rehabilitación de construcciones industriales o las viviendas de protección oficial que siempre tienen premio, pero no réplica en la realidad. Cuánto se valora la capacidad de la arquitectura para generar espacios de convivencia y qué poco ha construido la administración pública en los últimos años.

Viendo la selección de proyectos premiados en la BEAU tampoco podemos hablar de época dorada de la arquitectura en nuestro país. El espectáculo de fuegos de artificio de épocas anteriores ha dado paso a un estilo de construcción de perfil bajo y reflexivo. Entre las propuestas de la bienal de este año se incluye una cabañita casa-taller voluntariosa, sin más, creada para la artista Irene Grau en Avilés. O la torre de bomberos de Carles Enric en el Valle de Hebrón de ladrillo visto y geometría de gran escala. También encontramos una escuela en Nairobi (Kenia) que transforma las construcciones locales en grandes estructuras con materiales como el plástico corrugado y la madera, de rápida construcción. Todo es muy meritorio y, a la vez, todo parece encajar en un relato político/ecológico que mitiga la excitación. Como si más que celebrar la arquitectura se buscase hacer propaganda.

Colegio Waldorf en Nairobi. Foto: Jesús Callejas
Rehabilitación del Vapor Cortès. Prodis 1923. Foto: Adrià Goula
Regenerar Barcelona. Foto: José Navarrete Sánchez
Torre de bomberos en Vall d'Hebron. Foto: Adrià Goula
Casa ID y Taller Grau. Foto: Luis Díaz Díaz
Parque Jardines Mediterráneos De La Hoya. Foto: Fernando Alda
Rehabilitación De La Cooperativa Agrícola Para Espacio Polivalente Y Cultural En Flix. Foto: José Hevia
30 Viviendas De Protección Oficial En Sant Just Desvern. Foto: Adrià Goula
Mapa de recursos / 6 Viviendas de Protección Pública en santa Eugènia, Mallorca. Foto: Milena Villalba
Casa Consistorial De Valverde De Campos - Edificio Calle. Foto: Gabriel Gallegos

En Flix, Ribera del Ebro (Tarragona), se ha transformado una antigua cooperativa agrícola en espacio cultural –por Camps Felix Arquitectura– de forma atractivísima. La rehabilitación es espectacular, dando un protagonismo absoluto a la terracota. El ladrillo visto, humilde material que tanto se asoció al desarrollismo y a lo pobre, también está en la rehabilitación del Vapor Cortés, nueva sede de Prodis en Terrasa –H Architects– y en la mencionada Can Gabriel.

En el piso de Palma, destaca no sólo el material bruto que se deja a la vista. Las estructuras que crean espacio de vida son de madera que aparentemente no ha sido tratada. La sensación de ver tras las bambalinas de un teatro acrecienta un juego de confusión entre lo público y lo privado muy interesante. Aunque también a la posibilidad de que todo el tinglado pueda desmoronarse en un santiamén para dar paso a otra vida: tempus fugit.

Símbolos y síntomas

Además de en la BEAU, la obra de rehabilitación de TED’A ha sido seleccionada por los premios Mies van der Rohe de arquitectura europea, que se fallan el próximo mes de mayo. No ha pasado el filtro de los 40 finalistas, entre los que sí encontramos otra obra española que ha tenido bastante recorrido mediático, la 10K house del estudio TAKK. Una construcción dentro de un piso convencional.

La obra ha costado sólo 50.000 €, tiene 50 m2 y se buscaba con ella, al igual que con Can Gabriel, realizar una reforma de actualización. 10K responde a la crisis de vivienda en nuestro país agravada de forma salvaje los últimos años por la falta de incentivos a la construcción, falta de poder adquisitivo y políticas erráticas de vivienda. La solución es crear un espacio nuevo y cerrado dentro del apartamento principal, como un pabellón que cobija y proteja de lo inhóspito. Más simbólico –y sintomático–, imposible.

Al igual que la obra de TED’A, las paredes originales del apartamento se dejan sin tratar, continuando con una estética que recuerda la filosofía de la memoria de Lacaton&Vassal. En este caso, la planta convencional de habitaciones y pasillo se sustituye por una organización basada en “gradientes térmicos”. Cocina y baño se convierten en el centro social de la vivienda. La casa se concibe como un sistema abierto, adaptable y eficiente mediante simples paneles de MDF y lana de oveja.

Quizás el éxito de proyectos como 10K y Can Gabriel –en premios y concursos– vaya más allá de detectar síntomas, para aportar respuestas reales a los graves problemas que apuntan. Otra cosa será saber si el consumidor, que normalmente busca acabados convencionales, ha rebajado tanto su nivel de exigencia dada la situación habitacional para adecuarse a paredes vistas, suelos parcheadnos y bombillas peladas. Por mucha poesía que concentren.