Pintura, caos y los errores de la vida

Por Alberto G. Luna. Palma de Mallorca
Una de las obras de Sergio Gómez (Srger), espacio La Bibi + Reus, Palma de Mallorca

Hay que ser muy valiente —o no estar muy cuerdo— para pintar algo y querer enseñarlo. Pero más aún para decidir que no sirve, taparlo con una capa de pintura y dejar que los bordes del error asomen por las esquinas. Es lo que se puede ver hasta el 10 de marzo en La Bibi + Reus, en Palma de Mallorca.

Los cuadros de Sergio Gómez (Srger) son una arqueología de la duda. Hay una pieza allí al fondo —geometría pura— donde un bloque de color terroso sostiene el peso de toda la pintura. Es sólido, pero encima hay unas líneas que flotan, erráticas, porque nada termina. No hay ningún ejemplo de ello en la naturaleza. Las materias se separan, se transforman; pero el cuerpo que muere no desaparece. Tratar de afirmar lo que ocurre después, sencillamente es una tontería. Nadie sabe dónde se encuentra el espíritu de la vida.

También hay acumulaciones. Se pueden intuir formas que fueron pintadas y luego borradas. Líneas que no son perfectas, que tienen el error de la abstracción pura, que son una lucha entre lo que se quiere mostrar y lo que finalmente se oculta.

Srger, que en mi opinión es uno de los artistas emergentes españoles más prometedores, expone actualmente en el espacio La Bibi + Reus, en Palma de Mallorca. Pero no vengan aquí en busca del cuadro perfecto para combinar con sus cortinas. En todo caso, háganlo para ver cómo alguien ha aprendido a convivir con el vacío.

Por ejemplo, en La raíz es el fruto II (2025) utiliza una técnica mixta —óleo, acrílico y spray sobre lienzo—. Bajo una primera capa, se intuyen trazos y gestos que han sido parcialmente borrados o cubiertos. Una suma de errores rectificados que te cuentan un secreto universal: que pintar es corregir y que la perfección es un invento para los que no tienen nada que contar.

En general, utiliza grises industriales, cremas y azules apagados. También barras de óleo y carboncillo.

Sería conveniente destacar que en La Bibi + Reus han levantado unas pasarelas de madera que cruzan la sala. Esto quiere decir que te obligan a subir, a bajar y a mirar de reojo. Quizás les surja la pregunta de si esta es la mejor manera de ver un cuadro. Algunos opinan que, en ocasiones, si te colocas de tal forma ves la mancha; pero que si lo haces de esta otra, la luz rebota en el óleo graso y descubres un brillo, una señal que no estaba ahí hace un rato. A mi particularmente, observar una pintura desde un ángulo forzado, desde arriba o mientras caminas por una tabla que cruje, me parece una soberana modernez. Llámenme señoro, pero creo que las obras de arte deben juzgarse de frente. Srger, sin embargo, no opina lo mismo. Cree que el arte, como la vida, no se entiende de golpe; que hay cosas que te pierdes en un primer vistazo y que luego entiendes con el paso del tiempo. Y puede estar en lo cierto.

En cualquier caso, La Bibi + Reus no es el típico cubo blanco de paredes impecables donde el arte parece estar en cuarentena. Este sitio tiene cicatrices. Antes de que los lienzos ocuparan sus paredes, era un almacén de telas. Un lugar donde la gente iba a buscar lo más básico. Y a día de hoy mantiene sus materiales originales, los techos altos y esa sensación de que el tiempo ha sido raspado pero no borrado. Lo que, si me preguntan a mí, diría que tiene mucho que ver con estos cuadros.

Fotografía de la exposición, espacio La Bibi + Reus, Palma de Mallorca
Fotografía de la exposición, espacio La Bibi + Reus, Palma de Mallorca

En fin, si están en Palma antes del 10 de marzo, pásense por aquí. No hace falta que compren nada. Y juzguen ustedes mismos.