Ha sido “Libro del año” para The New Yorker, The Washington Post o Publishers Weekly en 2025. También uno de los trabajos por los que el guionista y dibujante se ha hecho con el premio Eisner 2025 a Mejor autor completo. Charles Burns (Washington D.C., 1955) ha vuelto a superarse a sí mismo y nos ha regalado una obra maestra sobre el tormento de ser adolescente. Su capacidad para retratar la angustia y la inquietud que experimentan los jóvenes frente a la inevitabilidad de la vida adulta es excepcional. Laberintos es, además, su novela gráfica más personal hasta el momento.
Brian Milner, protagonista del cómic, bien podría ser el álter ego del autor, el retrato de su artista adolescente, ya que ambos comparten habilidades y pasiones. Por un lado, Burns pone a dibujar a su protagonista y, por otro, aglutina en la historia sus filias cinematográficas. El cómic se publicó en España el pasado mes de octubre en formato omnibus de la mano de Reservoir Books, responsable también de la edición de los tres volúmenes anteriores que conforman la serie.
Con Laberintos el autor vuelve a sus raíces: historias de amor insanas, películas de serie B y un paseo por la encrucijada funesta entre la ciencia ficción, el terror y el romance. “Soy un extraterrestre comprimido, sentado a otra mesa, en otro mundo”, dice Brian Milner. El personaje define así su lugar en el mundo, que Burns representa con inquietantes elementos fantásticos de inspiración alienígena que cuela por las fronteras difusas de la realidad de su historia. “Me doy cuenta de que en mi trabajo surgen a menudo ciertas ideas una y otra vez, como la de que hay una segregación entre el mundo interior y el mundo exterior”, ha declarado el guionista y dibujante.
El cine como salvación
El joven Brian habita entre esos dos mundos. Es tímido, está prodigiosamente dotado para el dibujo y obsesionado con el cine de terror. De niño, rodaba películas de ciencia ficción en su casa con la colaboración de su mejor amigo, Jimmy. Cuando recibe, sin esperarla, la cálida atención de Laurie, una muchacha pelirroja de su edad, las fronteras entre la realidad y la imaginación empezarán a confundirse. Brian libra por dentro su propia batalla interior, una que se suma a la de ser adolescente y a la que en el cómic no se pone nombre. El personaje de Laurie, por su parte, aporta un punto de vista natural y realista que colisiona con el de Brian. La voz narrativa del cómic cambia de Brian a Lauri y, en ocasiones, ofrece distintas visiones sobre el mismo suceso.
El chico convierte a la chica en la musa de la película de terror y ciencia ficción que quiere rodar con una vieja cámara de 8 milímetros, que a la vez será un homenaje a su película favorita: La invasión de los ladrones de cuerpos. El escenario es un paraje natural al que se traslada el grupo de amigos. Aunque, entre toma y toma, se hace evidente que los sentimientos de Brian por Laurie no son correspondidos, él decide seguir adelante con una fantasía en la que ella es la chica de sus sueños, su damisela en apuros y su salvadora, todo a la vez. Hasta que el cómic nos arroja a un desenlace que resuena en el lector mucho después de que la página se funda a negro.
Laberintos es también una obra repleta de referencias a filmes clásicos en la que las viñetas parecen desbordarse con impresionantes representaciones de la naturaleza, el lenguaje cinematográfico y los paisajes de lo irracional, difuminando la frontera entre los sueños de Brian y la realidad. Charles Burns construye su narración en torno a la relación entre el inconsciente y su representación, entrelazando sutilmente el cine y la vida real. Plano a plano, en blanco y negro, algunas secuencias de filmes clásicos toman el cómic. Después, el color nos devuelve al mundo real. El dibujo de líneas limpias y precisas, con entintado retro, confiere a la historia una atmósfera tensa y perturbadoramente bella.
Los comienzos de Charles Burns se remontan a los años ochenta con sus colaboraciones en Raw, la mítica revista de Françoise Mouly y Art Spiegelman. Desde entonces ha participado en proyectos que van desde portadas de discos y publicidad hasta escenografía teatral y animación. Sus dibujos han llenado las cubiertas de revistas como The New Yorker, Time o The Believer. Asimismo, sus trabajos han sido expuestos en la galería Adam Baumgold en Nueva York y la galería Martel de París.
Antes de Laberintos llegaron a España otras obras de Burns. Con Agujero negro se consolidó como un autor ineludible del cómic norteamericano para adultos. Obtuvo los premios Eisner, Harvey e Ignatz en Estados Unidos, y la Fauve d’Or del Festival de Angulema, en Francia. Esta obra se sitúa a mediados de los 70, durante una epidemia que sólo afecta a los adolescentes y se cierne sobre los suburbios de Seattle. La llaman “la plaga de los quinceañeros” y se manifiesta a través de síntomas de lo más impredecibles. Para algunos no es demasiado dramático: apenas unos bultos, tal vez un sarpullido. Otros, en cambio, se convierten en monstruos para siempre.
En 2010, Burns presentó Tóxico, la primera parte de una nueva serie a la que siguieron La colmena y Cráneo de azúcar. La trilogía fue reunida en un solo volumen bajo el título Vista final y cuenta el viaje de Doug, trágico y enajenado, de la juventud punk a una deprimente mediana edad. Mientras se recupera de un suceso traumático cuyas causas quiere desentrañar, le bombardea un sueño periódico y espeluznante que lo transporta a una ciudad laberíntica, inspirada en el imaginario de los tebeos de Hergé y las novelas de William Burroughs revisitadas por David Lynch. Es también la historia de cómo el protagonista rememora sus días, quizá felices, junto a Sarah, una atormentada artista de vanguardia que temía mortalmente que algo (o alguien) irrumpiera en su vida en el momento menos esperado. A Doug no le queda otra opción que rendir cuentas con su pasado y asumir los errores, si no quiere repetirse una y otra vez. Vista final fue publicada por Reservoir Books en 2018.