Una mañana de 1900, Picasso llega por primera vez a París. Lo hace con una maleta y un caballete. No sabe hablar francés. Pasará allí casi toda su vida, sintiéndose a menudo un extraño, un exiliado, un hombre bajo vigilancia policial especial. “Se forjó aquella imagen de celebridad y de estrella en sus últimos años, pero creo que, hasta el final de su vida, estuvo orgulloso de su condición marginal”, cuenta la presidenta del Museo Picasso de París en el documental que se estrena el 19 de enero Picasso: Un rebelde en París. Un documental que narra La historia de una vida y de un museo –así reza el subtítulo– o cómo un joven inmigrante en la Ciudad de la Luz estaba destinado a convertirse en uno de los iconos más importantes del siglo XX.
Para descubrir la figura del genio, el documental se mueve dentro y fuera del Museo Picasso de París que alberga la mayor colección existente dedicada al pintor, con 6.000 obras maestras y 200.000 piezas de su archivo personal. “Cuando Picasso murió y se empezó a tramitar su herencia, surgió la idea de fundar el museo en París”, cuenta Cécile Debray, presidenta de la pinacoteca. En el barrio de Le Marais, el más antiguo de la ciudad, en un palacete del siglo XVII, se inauguró en 1985 el museo más importante del pintor, sobre todo, porque contiene obras que él mismo conservó. “Él mismo decía que era su mayor coleccionista. Odiaba separarse de sus cuadros”, matiza Cécile Debray.
La dirección brilla a cargo de la italiana Simona Risi. La narración, incisiva, corre a cargo de la actriz iraní Mina Kavani, que a veces aparece en imagen para dirigirse directamente al espectador y otras veces se mantiene como una voz en off que guía las imágenes de archivo o actuales que utiliza el documental; algunas de estas últimas son evocaciones de ciertos episodios en la vida de Picasso. La protagonista de No Bears de Jafar Panahi, director iraní disidente que ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia 2022, sabe bien lo que es sentirse extranjera.
Mina Kavani llegó a París hace algunos años, impulsada por la necesidad de actuar sin la censura impuesta por el régimen de los ayatolás. Una elección difícil hecha en nombre de la libertad que ahora le impide poder regresar a su país. Como Picasso, que no podía y no quiso regresar a España durante el franquismo, ella vive ahora la dolorosa existencia de una expatriada.
El film revela al artista como nunca antes: contradictorio, apasionado, indomable. Entre cartas íntimas, testimonios y obras icónicas, emerge la figura de un extranjero que revolucionó el arte desde la periferia. Es una mirada nueva y libre de clichés que cuestiona la separación entre el hombre y su obra, y rescata al Picasso oculto tras la máscara: aquel que fue amado, temido, admirado y también cuestionado. Una exploración profunda del arte, el exilio y la identidad. La música original, compuesta por Emanuele Matte, procede del mundo del techno y bebe de la atmósfera de los clubes parisinos actuales.
Este retrato original del artista subraya su naturaleza contradictoria, siempre entre dos pulsiones: la vida y la muerte, el bien y el mal, la creación y la destrucción. A menudo, oculto tras una máscara de arlequín o minotauro en sus obras. “El arlequín era la metáfora del artista moderno: alguien que no tiene patria, que va errabundo, que está siempre en el exilio, pero que lo que hace sirve para divertir y entretener a los demás”, apunta el historiador del arte Eugenio Carmona.
Precisamente, Mina Kavani recorre escenarios distintos y el primero de todos, con el que arranca el documental, es un circo, un lugar querido por Picasso, que amaba asistir a los espectáculos y luego llenar sus lienzos con sus personajes circenses. “El circo es una metáfora para ilustrar la compleja personalidad del protagonista y sus dificultades para encontrar un equilibrio entre los opuestos”, cuenta la directora.
La cinta muestra también el comportamiento de Picasso con las muchas mujeres que hubo en su vida. La primera de todas, Fernande Olivier, modelo, escritora y pintora. Hay en el artista una posición dominante sobre las mujeres, las suyas son relaciones imposibles en un plano igualitario. Esta doble naturaleza de su carácter suscita en el documental un espinoso debate: ¿se puede separar al artista del hombre? En la vida sentimental de Picasso hubo amor, posesión, celos, infidelidades, hijos y hasta dos suicidios por el dolor de su ausencia después de muerto.
París y su reverso
Siempre de fondo, está París: con imágenes de archivo en blanco y negro y otras actuales en color. El documental recorre los barrios donde vivió Picasso: desde sus primeros días en talleres sin calefacción en Montmartre, “un hervidero de prostitutas, obreros, drogadictos y maleantes” –narra Mina Kavani–, hasta los grandes apartamentos de clase media donde comenzó su éxito. París se nos presenta, también, como una ciudad llena de contradicciones: a comienzos de siglo, cuando se estaba convirtiendo en una metrópolis abierta y moderna, mostraba intolerancia y xenofobia hacia los inmigrantes. Picasso era uno de ellos: un anarquista entre anarquistas, un tipo sospechoso, alguien del que había que desconfiar.
En ocasiones, Mina Kavani lee fragmentos de las cartas conservadas en el Museo Picasso de París y también de libros como Picasso y sus amigos de Fernande Olivier, Picasso de Gertrude Stein y Vida con Picasso de Françoise Gilot. Completan la película entrevistas con críticos de arte, conservadores, intelectuales y artistas que, con su testimonio, contribuyen a acceder a la mente de Picasso y a comprender por qué se le considera uno de los mayores genios del siglo XX.
No falta el análisis de algunas de las obras fundamentales de su etapa cubista ni de la diversidad de soportes con los que trabajó: grabados, esculturas de objetos encontrados o cerámicas. Incluso el espectador descubre por qué es posible lanzar sin esfuerzo una mirada queer sobre la obra Las señoritas de Avignon.