Uu nombre está intrínsecamente ligado al papel que la tragedia ha desempeñado en todo su proceso creativo. Por eso, el título del documental que dirigen Molly Bernstein y Philip Dolin justifica la trayectoria vital y profesional de su protagonista: Art Spiegelman: el desastre es mi musa (2024). Después de su paso por el Atlàntida Mallorca Film Fest, este 2 de enero ha llegado a Filmin.
Los padres polacos y judíos de Art Spiegelman (Estocolmo, 1948) fueron sobrevivientes del Holocausto. Su hermano había muerto a los 5 años, antes de que él naciera; un retrato suyo se lo recordaba desde la pared del salón. Su madre se suicidó cuando él estaba en la universidad. De adulto, nunca tuvo una buena relación con su padre: una brecha generacional inmensa les separaba. Su vida personal era un caldo de cultivo perfecto para que naciera Maus, un hito en la historia del cómic que traza historias alternas.
De un lado, está la vida de Spiegelman: la difícil relación con su padre, Vladek, y la dolorosa muerte de su madre, Anja. De otro, las andanzas de la familia por Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, los horrores que sufrieron después y su liberación de los campos de exterminio, un interludio en Suecia (donde nació el artista) y una nueva vida en Estados Unidos, adonde se mudaron cuando Art tenía tres años.
El documental Art Spiegelman: el desastre es mi musa es un retrato personal y profesional del hombre que logró elevar el cómic a literatura. Y repasa desde sus comienzos en la Topps Chewing Gum Co. con la serie Garbage Pails Kids o sus historias underground de carácter autobiográfico como Prisionero del planeta infierno –donde ilustra las reacciones familiares ante el suicidio de su madre–, hasta su trabajo como profesor en la School of Visual Arts de Nueva York –una de las academias más prestigiosas de la ciudad de los rascacielos– o ilustrador en publicaciones como The New Yorker, para la que ilustró, entre muchas otras, la portada del número posterior al atentado del 11-S. La mujer y colaboradora de Spielgeman a lo largo de 40 años, la francesa Françoise Mouly, era editora del semanario. Con ella fundó en 1980 la revista Raw, que en su segundo número inició la publicación serializada de Maus. Françoise Mouly también recibe en el documental el reconocimiento que se merece.
No obstante, la película pone el foco en la obra cumbre de Art Spiegelman: Maus. Un cómic autobiográfico que refleja el Holocausto nazi y representa a los hombres como animales (los judíos son ratones, los gatos son nazis), en el que trabajó dede 1978 hasta 1991 con continuas entrevistas a su padre y que le valió el Premio Pulitzer en 1992, el primero concedido a un cómic en la historia del galardón (solo ha ocurrido dos veces). Maus, originalmente, había sido una tira cómica de tres páginas que Spiegelman había hecho en 1972 para una revista alternativa llamada Funny Animals. El único requisito era que utilizara personajes antropomórficos.
Exterminio y alimañas
“Mientras descubría cómo hacerlo, asistí a algunas clases de Ken Jacobs sobre dibujos animados antiguos con gatos y ratones jugando. Mostró algunos dibujos racistas de esa misma época, había una clara conexión. En seguida supe que haría un cómic sobre los gatos del Ku Klux Klan que lincharían a algunos ratones. Hablaría del racismo en América usando gatos y ratones. Pasaron 10 minutos hasta que me di cuenta de que no tenía suficientes conocimientos para hacer algo así. Justo después, las sinapsis se conectaron y me di cuenta de la opresión mucho más cercana a mi propio pasado. Todo el proyecto nazi, la solución final, acabó dividiendo a la humanidad en diversas especies. “Exterminio” es una palabra reservada para las alimañas. No es para personas. A las personas se las asesina”, cuenta Spiegelman en el documental.
A estas alturas, es difícil asistir a alguna nueva revelación sobre Maus, pero la experta literaria Hillary Chute ofrece excelentes análisis, panel por panel, de varios momentos clave de la obra con la que el dibujante lo cambió todo: sus cómics hablaban de temas serios y profundamente complejos. El cambio cultural a gran escala que supuso Maus ha derivado en el género tal y como hoy lo conocemos. Esto es algo que se refleja en un montaje final que recoge el gesto de autores de cómics y novelas gráficas actuales que firman su libro para Spiegelman, homenajeando la impronta que dejó en cada uno de ellos avivando sus vocaciones.
Llegó después, como narra el documental, otro cómic que explicaba cómo había creado el primero: MetaMaus, que indaga en la investigación estética, histórica y familiar que fue necesaria durante 13 años para realizar su obra cumbre. Aunque Maus volvió a coger relevancia con la elección de Donald Trump y su primer mandato presidencial, hechos que obligaron a Spiegelman a retomar el tema de su obra en el contexto del antifascismo. El cómic fue retirado de las estanterías y los planes de estudio en Tennessee, Missouri e Iowa, lo que puso al autor en el punto de mira. No fue el único.
Su círculo más cercano
El desastre al que alude el título de la película vuelve a coger fuerza en otra de las novelas gráficas de Spiegelman, Sin la sombra de las torres. La aparición de su hija Nadja en el documental, que presenta esta obra sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre, que ella misma inspiró, ayuda a situar las historias de Spiegelman en un contexto más novedoso. Y es que, por muy importante que sea para el dibujante hablar de la relación con sus padres y de su proceso en Maus, el documental luce más cuando aborda temas menos repetitivos. Se disfruta la aparición de amigos artistas y críticos –Robert Crumb, Bill Griffith, Joe Sacco y Chris Ware o J. Hoberman, entre muchos otros– que dan testimonio de la grandeza de Spiegelman.
El documental también mezcla material de archivo (fotografías y vídeos) con otro filmado originalmente, a caballo entre el pasado y el presente, para trazar la vida de Spiegelman. Ocasionalmente, este lee en voz alta fragmentos de su obra, entre testimonios y una breve historia del cómic.
La suya comienza en Nueva York, a la edad de 5 años. Mientras hacía recados con su madre, vio en una farmacia un ejemplar de Inside Mad, una colección de la revista MAD. La cubierta presentaba una caricatura grotesca de una mujer con aspecto de hiena, realizada por Basil Wolverton, al estilo de una chica glamurosa de la revista Life. “Fue la portada que desató mil pensamientos e ideas descabelladas”, cuenta Spiegelman. Y vaya si lo hizo.