“Ha estado aquí y ha disparado un arma”, afirmó John Constable ante lo que, a simple vista, parecía solo una pintura paisajística. Casi en el centro de la composición, donde antes se apreciaban las olas, reposaba una mancha de un color rojo intenso. Fue en ese momento cuando lo supo: su rival, William Turner, lo había hecho de nuevo. Con un trazo espontáneo, sin apenas meditación, había transformado una simple pintura marina en una obra maestra. Turner modelaría el “balazo” hasta convertirlo en una boya. John Constable y William Turner protagonizaron una de las rivalidades más icónicas de la historia. Y este año, ambos volvieron a verse las caras en la Tate Britain con motivo de la conmemoración del aniversario del nacimiento de este último.