Actualidad

Los mejores libros de arte y arquitectura de 2025

Por Pilar G. Rodríguez, Sol G. Moreno, Mario Canal, Diana Arrastia, Sofía Guardiola, Alberto G. Luna
 Héctor Serrano

Cartas, conversaciones, ensayos o desnudos femeninos. Acaba el año y son muchos los libros de arte y arquitectura de los que podríamos hablar, pero tenemos que elegir solo unos pocos. Hacemos un repaso a algunas de las novedades literarias más interesantes de este año.

El cuerpo femenino en el arte

Amy Dempsey Cinco Tintas
Por Sol G. Moreno

“¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el MET?”. Esa fue la pregunta que se hizo el colectivo de las Guerrilla Girls en 1989. Entonces se apropiaron de la joven, bella y desnuda Gran odalisca de Ingres para elaborar un cartel reivindicativo que colgó de varios autobuses de Nueva York antes de dar la vuelta al mundo. La queja, desde luego, no era anecdótica, pues la Historia del Arte se ha forjado en gran medida a base de desnudos femeninos vistos a través de una mirada masculina. Cuerpos sensuales como el Nacimiento de Venus de Botticelli, abandonados al sueño como el de La pesadilla de Füssli o abiertamente eróticos como el Desnudo de pie con medias negras de Schiele.

Todos ellos aparecen en el ensayo ilustrado de Amy Dempsey, que reúne 80 obras de diferentes épocas para ofrecer una visión coral de la representación femenina desde 1486 hasta la actualidad. Por supuesto abundan los desnudos, desde la sensualidad pintada por Tiziano o Rafael, hasta la belleza clásica resucitada en La esclava griega de Hiram Powers o la provocadora Olympia de Manet. Pero hay mucho más. Porque estas obras maestras le sirven a la autora como punto de partida para repasar 500 años de imágenes protagonizadas por mujeres desde una perspectiva crítica, mostrando cómo los viejos conceptos de belleza, idealización y estética se han visto progresivamente cuestionados y sustituidos por nuevos criterios de representación.

Con la modernidad, la mujer en el arte ha pasado de objeto a sujeto. Por eso Dempsey tampoco se olvida de esas autoras hoy recuperadas como Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi, Marie-Guillemine Benoist o Mary Cassatt, que han contribuido a dibujar una imagen más igualitaria –también real– de la figura femenina, que ha virado de diosa a musa y modelo, y de ahí a creadora. Este libro es una invitación a cuestionar las imágenes artísticas que han quedado grabadas en nuestra retina desde una perspectiva actual; sin renunciar al pasado, pero mirando hacia el futuro. Porque revisando el camino recorrido, a la autora le surge otra duda: ¿acaso tienen que ser jóvenes esas mujeres para entrar en los museos?

Francisco de Goya, un genio en desarrollo

Rafael Romero Asenjo & Adelina Illán GutiérrezEdiciones El Viso
Por Sol G. Moreno

Se ha escrito tanto sobre Francisco de Goya que resulta difícil encontrar una publicación nueva que merezca la pena. Sin embargo, este libro de 88 páginas tiene el aliciente de abordar un tema del artista aragonés hasta ahora escasamente tratado: su técnica. Rafael Romero Asenjo y Adelina Illán Gutiérrez, que han restaurado decenas de sus lienzos, nos sumergen de alguna manera en el taller de Goya, desde que abordaba la capa de preparación hasta que daba su última pincelada.

Este estudio condensa, en un lenguaje sencillo y didáctico, cómo era la forma de trabajar del artista nacido en Fuendetodos, a través del análisis técnico de 15 pinturas suyas (tanto de caballete, como de sus composiciones murales). Un libro que es fruto de tres décadas de investigación y trabajo desarrollado por el Estudio I&R, cuyas conclusiones vuelcan en estas páginas cargadas de datos, radiografías, imágenes y bibliografía actualizada.

Permite, además, varias lecturas: desde la más liviana y curiosa, centrada en las historias descubiertas durante los procesos de restauración –como esos retoques posteriores de Maella sobre el Retrato de la marquesa de Bajamar o las figuras ocultas en el lienzo reciclado de La condesa de Chinchón–, hasta la más científica, ansiosa por ver los dibujos subyacentes y arrepentimientos del artista visibles en las reflectografías inéditas.

Bob y Leo. Una conversación entre Robert Rauschenberg y Leo Castelli

Inés Vallejo & Lucía MontesCaniche
Por Alberto G. Luna

—Cuando Leo abrió su galería, quizás sería la quinta que se atrevió con el arte contemporáneo.

—Ahora hay 250 en Nueva York.

—En una calle.

Bob y Leo consiste en una imperdible conversación que mantuvieron en Madrid en 1985 el artista norteamericano Robert Rauschenberg y su galerista Leo Castelli. Y digo imperdible porque en ella se produce un intercambio de anécdotas y congas verbales acerca del arte cargadas de humor y momentos entrañables. En la primera exposición individual del artista por ejemplo, se presentó la obra Bed, que el galerista tuvo durante años colgada en el salón de su casa. El caso es que todo el mundo la consideró una pieza espantosa. La gente pensaba que era una cama en la que habían matado a alguien, que estaba llena de sangre.

—¿Saben qué es esto?

—Una almohada.

—Pasta de dientes.

—Ah, sí. Eso es pasta de dientes.

—¿Y ven el rojo de ahí? Pues es laca de uñas.

—Es una obra un tanto dramática.

—¡Pues vuelve locos a los coleccionistas!

Otra cosa que tenemos que decir de Bed es que en 1958, en el Festival de Spoleto, se negaron a mostrarla. A los italianos les pareció demasiado obscena, así que se quedó dentro de una caja. Pero por lo visto, si conocías a alguien te llevaban a la trastienda y te la enseñaban. La clásica hipocresía de los clásicos reprimidos.

La cabra taxidermizada de una de sus obras más famosas, Monogram, la compró por 30 dólares en un anticuario al que le dejó a deber un dinero que nunca llegó a pagarle. Cuando la mandó a Estocolmo, no entendieron nada y expusieron solo su base. La cabra la dejaron guardada en un sótano.

Hay muchas más anécdotas. Como cuando se intoxicó de plomo tras más de 12 horas aplicando serigrafías en una tabla de más de diez metros de largo. Se pasó los cinco días siguientes desnudo en su casa hinchado como un globo rosa. “No es que me aburriera, sino que siempre pensé que en la vida tienes que cambiar y hacer otras cosas”, decía. En su obra, que todavía se puede ver en Madrid, las imágenes saltan de una superficie a otra y, además, dejan huellas en su camino, recortes de experiencias impresas que te dicen vive, viaja, cambia y no te arrepientas. Como si de una parte de nuestra vida se tratara.

Por suerte para todos, esta conversación que se grabó en una cinta de audio, la recoge ahora la editorial Caniche gracias a la Fundación Juan March. Un valioso testimonio que nos habla del arte pero también de un viaje eterno e infinito.

El poder emocional del espacio

Louise y Bêka LemoinePuente Editores
Por Mario Canal

Cuando Bêka y Louise Lemoine dieron a conocer su documental Koolhaas Houselife (2008), el mundo de la arquitectura cayó rendido a sus pies. El planteamiento del film era originalísimo: seguir los pasos de la señora de la limpieza que se ocupaba de una icónica residencia construida por el holandés en Burdeos. De esta forma, el espectador podía hacerse una imagen mucho más real de aquel proyecto vanguardista, más certero que las imágenes fotográficas siempre favorecedoras de cualquier revista de diseño. La estrella del documental no era solo el edificio, también Guadalupe Acedo, la rumbosa española que limpiaba la casa y hacía ese tour desenfadado y desmitificador.

A aquella pieza audiovisual le siguieron otros documentales en los que Bêka y Louis se adentraban en la trayectoria de arquitectos como Herzog & De Meuron, Ryue Nishizawa o Boonserm Premthada. En total, su filmografía cuenta con 25 títulos que incluyen también a Renzo Piano o al indio Bijoy Jain. Con el tiempo, los Lemoine han ido metiéndose –con algo de vanidad– en el plano de la grabación, interfiriendo con el contenido y la voz de los propios arquitectos, pero su obra sigue siendo humana, audaz e ilustrativa del oficio de construir.

Ahora, ese acceso privilegiado a los mejores arquitectos del mundo se traslada a un libro de entrevistas publicado en Puente Editores, por cuyas páginas pasan proyectistas que ya han retratado previamente así como otros que aún no forman parte de su filmografía, entre ellos Smiljan Radic, Tatiana Bilbao o Terunobu Fujimori. Lo interesante de esta selección, al igual que en lo que respecta a sus trabajos cinematográficos, es la atención a arquitectos que no son necesariamente estrellas, sin dejar de lado a grandes nombres como Alvaro Siza o Jacques Herzog.

El centro temático de las conversaciones de este libro es la interpretación del espacio como contexto emocional, algo que enlaza directamente con la textura de sus documentales. Más que personalidades totémicas que con sus manos desnudas levantan épicamente construcciones espectaculares, la mirada –en este caso las palabras y conversaciones– de Bêka y Louise Lemoine tocan la fibra sensible de la arquitectura. Evidencian cómo lo personal, lo íntimo y lo sensible se transforma en cemento, ladrillo y acero para acoger la humanidad del oficio arquitectónico.

Celia Paul

Mack Books Por Pilar G. Rodríguez

Celia Paul es una monografía muy extensa, muy cuidada, muy esperada y muy cara también (175 euros) de la artista británica. El hecho de que sea una de las pintoras más prolíficas del último medio siglo y que su pintura gire alrededor de sí misma, no solo no contribuye a deshacer su halo de misterio, sino al contrario, lo acrecienta. La obra, editada por Mack Books, incluye ensayos de Karl Ove Knausgaard, Hilton Als, Clare Carlisle, Edmund de Waal y Rowan Williams. Y uno suyo. Porque Paul, además de artista, es escritora y se explica a sí misma en varios formatos: es protagonista y autora de su obra literaria y pictórica.

Paul también se denomina “autobiógrafa”. Prefiere esa palabra a la de retratista, pero cuando se explicó y se nombró a sí misma después de su turbulenta relación con Lucien Freud tituló el libro Autorretrato. Allí escribía sobre la dicotomía, la imposibilidad de ser compañera de un gran pintor e intentar serlo ella también: “Uno de los mayores desafíos que enfrenté como artista y mujer es el conflicto entre que me importe alguien, amar a alguien y al mismo tiempo permanecer íntegramente dedicada a mi arte”.

No pudo ser al mismo tiempo, pero ya había aprendido la lección. Se dedicaría a pintar y hacerlo con insistencia sobre los temas más cercanos: su madre, sus hermanas, ella misma... y el mar. Retratar figuras tan cercanas evidencia anhelo de hogar. En la monografía publicada este año —acompañando una importante exposición celebrada la pasada primavera en la galería londinense Victoria Miro— se lee que el hecho de pintarse “podría ser como volver a casa”.

Humble Palaces

Adrian TylerEdiciones Asimétricas
Por Pilar G. Rodríguez

Casas bajas, cobertizos, casetas. Rejas, uralita, cristales rotos. Muros ciegos, ventanas a ninguna parte, puertas a quién sabe dónde… La arquitectura también es eso que iban construyendo con las manos, con lo que podían, nuestros padres y abuelos en los pueblos mientras se imprimían los libros que cuentan la Historia de la Arquitectura. Esta obra del fotógrafo Adrian Tyler es un reconocimiento a ese otro tipo de arquitectura y a quienes supieron verla antes. En las páginas de estos humildes palacios hay un homenaje poco velado a Carlos Flores, el arquitecto y gran recopilador gráfico de la arquitectura popular española y a sus cinco tomos de Arquitectura popular española.

Tyler ha dicho en alguna ocasión que cuando llegó a España, en 1992, los trayectos que van desde los centros urbanos a las periferias no se habían mimetizado por completo: aún se podía distinguir qué ciudad se dejaba atrás o en qué provincia se estaba. “Claro que eso fue antes del masivo boom inmobiliario de mediados de los 90 y hasta la crisis de 2008”. Cada vez había que distanciarse más de aquellos núcleos para encontrar arquitectura vernácula y popular. En época de desertización (no solo en sentido literal) y homogeneización, Tyler recorrió buena parte de la geografía española a la búsqueda de retazos que dieran cuenta de ella. De lo que queda de ella. Para encontrar construcciones significativas y a tono con sus propósitos se valió de mapas tradicionales, Google Street View y unos cuantos paseos. Iba dejando marcas delante de dichas construcciones y las fotografió siempre a la misma distancia y con el mismo plano. Tres años, veinte viajes, diez comunidades autónomas y más de cinco mil imágenes son el resultado de un proyecto de arquitectura que habla de necesidad e indisciplina. También de belleza, improvisación y cierto orden en el caos.

En formato 23 x 15 cm, esta obra reúne notas antropológicas, dosis narrativas y topográficas en un libro que además de ser un fotolibro es también un libro-objeto: no solo la arquitectura canónica iba a estar bien publicada.

Diez horas con Rafael Moneo

Antonio LucasLa Fábrica
Por Pilar G. Rodríguez

“Con las obras realizadas se puede entender perfectamente lo que un arquitecto llamado Rafael Moneo hizo desde que comenzó a trabajar en 1965. Soy consciente de que tampoco me queda tanto”. Está claro que para conocer a un arquitecto nada como su obra, pero para conocer a la persona que también es un arquitecto nada como una conversación, una entrevista… Y mejor cuanto más larga. Diez horas (de charla con el periodista Antonio Lucas) parecen suficientes para conocer en profundidad a Rafael Moneo, tanto en su faceta profesional como en la personal.

Gracias a la buena memoria de la que goza el arquitecto, conocemos detalles sobre su niñez en Tudela, que siente muy próxima, de la casa familiar, del interés temprano en la pintura y en la filosofía... De su juventud en Madrid habla una vida desdoblada entre el chico que preparaba el ingreso en la Escuela de Arquitectura y aquel otro inquieto y curioso que se tomaba un café en Gijón y saludaba a Azorín por la calle. Por supuesto que están los profesores que le enseñaron, los primeros encargos, las estancias en el extranjero y las primeras dificultades. Por ejemplo, recuerda cómo se curtió junto a Utzon en la época de la construcción de la ópera de Sidney… “A lo largo de mi carrera he tenido muchas dificultades con proyectos como el Edificio Urumea, la ampliación del Museo del Prado o el propio Kursaal de San Sebastián, por poner solo tres ejemplos, pero nunca de esta dimensión”.

A lo largo de las 120 páginas se desgranan, obviamente, distintos aspectos de su obra y se abordan los últimos proyectos, como la ampliación de Atocha. “La arquitectura no es algo de usar y tirar; al revés, me parece que el futuro pasa por tratar de construir algo que justifique la erosión del territorio”. Y en otro lugar: “El rol del arquitecto hoy consiste en explicar qué sentido tiene construir”.

Historia del Arte

Paul CoxEditorial Barret
Por Diana Arrastia

Esta poco convencional y menos académica Historia del Arte es una pequeña obra maestra del humor y la narrativa gráfica. También es una joya, en el plano formal, porque está impresa en tintas directas, a medio camino entre el álbum y la novela gráfica.

Cada panel rinde homenaje a las múltiples disciplinas del arte, así como a sus lenguajes y formas de expresión. Caben todas, extraordinariamente bien, y hasta confluyen y se retroalimentan para dar vida a un relato atemporal, brillante y magníficamente absurdo que protagoniza Luco Pax, un joven artista aquejado por el síndrome del lienzo en blanco cuya vida emocional sufre los altibajos propios de un amor imposible, el que siente por su vecinita, la hija del malhumorado y mezquino soberano del reino. Desesperado y echado al monte, su malaventurada vida da un giro cuando se cruza con un anciano que, a cambio de tres manzanas, le concede la ayuda definitiva con la que poner fin a su calamitosa existencia: un pincel mágico.

Como en muchos de los trabajos de Cox, la pintura, el diseño y el grafismo conviven de manera armónica para mostrar la particular e irrepetible visión del mundo de su creador. Una vez más, el autor obra la magia de dirigirse tanto al público infantil como al adulto: el libro atesora diferentes niveles de lectura que satisfacen a todas las edades, algo que logra al inspirarse en los clásicos de la literatura y en otras artes visuales. Historia del Arte fue escrita en 1999 y ese mismo año resultó ganadora del Premio de Ficción de la Feria del Libro Infantil de Bolonia.

Mal gusto

Natalie OlahDebate
Por Sofía Guardiola

Según un estudio publicado en el Science Museum Group de Reino Unido, mientras que en el año 1800 únicamente el 8% de los objetos producidos eran grises, en 2020 este porcentaje se incrementó hasta el 40%. Por su parte, colores previamente predominantes, como el amarillo, se redujeron drásticamente. ¿Fue culpa de los consumidores? ¿Acaso dejamos de buscar el color en masa y nos apuntamos a la moda de lo neutro sin ningún motivo? La respuesta, evidentemente, es negativa.

Nuestros gustos, la ropa que nos ponemos y las casas de nuestros sueños reflejan no solo nuestra personalidad, sino aquello que consideramos aspiracional. En otras palabras, lo que nos gusta tiene mucho que ver con el estatus social o económico que deseamos. Las casas minimalistas en las que no hay ni una sola fotografía u objeto personal a la vista, los tonos apagados y neutros y los clean looks (moños apretados y engominados de los que no debe escapar ni un solo pelo) nos gustan porque nos hacen sentir sofisticados y ricos.

En este ensayo provocador, Nathalie Olah desmantela la idea de que nuestras preferencias estéticas son decisiones personales o "naturales". Por el contrario, sostiene que el "buen gusto" es una trampa aspiracional diseñada por las élites del capitalismo para perpetuar las jerarquías de clase. Con referencias pop que van de Los Soprano a Kim Kardashian, y apoyándose en disciplinas como la filosofía o la sociología, la autora examina cómo elementos aparentemente inofensivos —como el minimalismo decorativo— se han convertido en símbolos de estatus y baremos del "ascensor social".

Al imponer normas sobre lo que es "elegante" o "feo", el sistema ejerce una forma de control que mantiene a los individuos preocupados por la aceptación social. De este modo, Olah vuelve al lector más consciente sobre el significado de las tendencias que ha seguido durante estos últimos años, siempre a través de una crítica mordaz y ácida.

Cartas de Maruja Mallo

Renacimiento Por Pilar G. Rodríguez

A Maruja Mallo no le gustaba demasiado hablar de sí misma. Le incomodaba y se ponía nerviosa. Hay pocos textos donde ella se siente a explicarse y sincerarse. Lo más cercano a ese instante de recogimiento pueden ser sus cartas y las acaba de publicar la editorial Renacimiento, aunque muchas veces funcionan también como una máscara de las que pueblan su obra.

Cartas de Maruja Mallo permite comprender desde un punto de vista nuevo la trayectoria y pensamiento de una creadora que transformó el lenguaje visual de su tiempo y que, por su originalidad y alcance, se sitúa al nivel de artistas como Frida Kahlo o Georgia O’Keeffe, con las que a menudo es comparada.

La obra permite adentrarse en el Madrid literario y artístico de los años 20 y 30, en la Residencia de Estudiantes y en el círculo vital y creativo de la artista española, donde se cruzan nombres como Dalí, Lorca, Buñuel, Gregorio Prieto o Alberti. Sus cartas, en su mayor parte inéditas, ofrecen pistas fundamentales sobre su mirada artística, su ambición y su independencia en un momento de profunda efervescencia cultural.