Un cocodrilo le suelta un mordisco a la palabra HELP! (¡Socorro!) y la parte en dos. Ahora es la palabra WHO la que empuja a DID, que acaba aplastando a la I de IT en WHO DID IT? (¿Quién ha sido?) Es Saul Steinberg (Rumanía, 1914 - EEUU, 1999) en estado puro, quien eligió el dibujo como medio fundamental de expresión artística.
“No pertenezco al mundo del arte, ni al de las viñetas, ni al de las revistas, y por eso el mundo del arte no sabe muy bien dónde situarme”, expresó él mismo en 1946 con motivo de la primera exposición de su obra en el MoMa de Nueva York, junto a la de otros artistas como Isamu Noguchi o Robert Motherwell. Así ocurrió con un creador que encajó en muchos apartados y en ninguno de ellos. Y es que el trabajo de Steinberg se resiste a cualquier clasificación simple.
“Es un escritor de imágenes, un arquitecto de palabras y sonidos, un dibujante de reflexiones filosóficas. Su línea de calígrafo y escribano magistral, estéticamente deliciosa en sí misma, es también la línea de un ilusionista que plantea acertijos y chistes sobre las apariencias”, afinó el crítico de arte Harold Rosenberg. Lo hizo en un texto de 1978 publicado con motivo de la primera exposición monográfica de Steinberg en el Whitney Museum de Nueva York, ahora traducido por primera vez al español e incluido en el catálogo de la exposición Saul Steinberg, artista. Con este título, el Museo de Arte Abstracto de Cuenca asienta la identidad en la que caben todos los Steinberg posibles: el dibujante, el viñetista, el escritor, el pintor figurativo y el grafólogo conceptual.
Hasta el 19 de abril de 2026, la combinación de los distintos géneros artísticos de Saul Steinberg podrá admirarse en esta retrospectiva de él en España. La muestra incluye tantos soportes como los que el artista escogió para desarrollar una obra que desafía cualquier intento de encasillamiento: dibujos, collages, pinturas, grabados, murales, postales, fotografías, libros de artista o revistas. “Steinberg fue errante por su biografía: dibujante formado como arquitecto, prisionero y emigrante. Esta línea vital enredada es la que dibuja su carácter y da origen al signo: un signo que se mueve entre signos”, apunta Alicia Chillida, comisaria invitada.
Nacido en Rumanía, en el seno de una familia judía de ascendencia rusa, Saul Steinberg se formó como arquitecto en Italia durante su juventud, pero las leyes antisemitas de Mussolini lo forzaron a abandonar Europa. Sin documentación y con dificultades, consiguió llegar a Estados Unidos en 1942. Hubo de esperar casi un año en la República Dominicana, a la espera de obtener el visado.
“Cuando llegué y observé el paisaje americano, me di cuenta de que estaba inexplorado. Sentí muchas ganas de pintarlo, de dibujarlo. Y lo hice. Dibujé todas esas cosas que nadie había dibujado antes: mujeres, ciudades pequeñas, moteles, restaurantes, etc. Y las dibujé con el mismo esmero que pusieron los grandes artistas en pintar bien un desnudo, un bodegón o una manzana. No las percibí como clichés, sino como algo nunca visto”, declaró Steinberg en 1979.
Ya en EEUU, el artista continuó la colaboración que ya había iniciado con la revista The New Yorker desde República Dominicana, una relación profesional que duró desde 1945 a 1999 y le permitió darse a conocer mundialmente. Fueron 87 las portadas que ilustró para el semanario. Los medios de comunicación de masas fueron decisivos para la difusión de su obra. Steinberg se introdujo en los hogares norteamericanos como un observador agudo y sacudió sus modos de pensar.
Recorrer su vida supone un viaje por la escena cultural del agitado siglo XX. La errancia entre diferentes géneros artísticos y literarios fue fundamental en su obra. Vinculado al expresionismo abstracto americano (Pollock, De Kooning, Rothko o Ad Reinhardt), fue también admirador de Nikolai Gógol y de su teatro del absurdo, y sintonizó con algunos artistas e intelectuales contemporáneos como Samuel Beckett o Alberto Giacometti y con algunos rumanos exiliados como Emil Cioran, Constantin Brancusi o Eugène Ionesco, con quienes compartía agudeza e inteligencia.
“Por la atracción que siente por la pluma, la tinta y los lápices, y por la compleja naturaleza intelectual de sus creaciones, se podría pensar que Steinberg es una especie de escritor, aunque es el único de su género. Steinberg ha ideado diálogos entre lo verbal y lo visual que incluyen juegos de palabras con múltiples planos de significado verbal y visual, y que han llevado a compararle con James Joyce”, alabó Harold Rosenberg. También él mismo trató de definirse en estos terrenos. “Soy un escritor que no sabe escribir. Hablo seis idiomas, pero ninguno correctamente. La línea –o más bien la grafología– es mi verdadera lengua”.
La ciudad y su inmensidad, la arquitectura de Nueva York o su agudeza como observador son algunos de los símbolos y temáticas recurrentes en la obra de quien escogió y transformó el dibujo como un medio de expresión artística. Pero su ingenio y su juego de imágenes también se trasladó a otros medios menos populares, también claves en su producción, como la pintura, la gráfica, el collage o el fotomontaje, incluso llegó a “dibujar” en tres dimensiones.
También introdujo el misterio de la identidad individual. Así lo constata una de sus series más célebres en torno a la identidad del emigrante: Las rúbricas. Esta y otras tantas, junto con murales y portadas de The New Yorker, se incluyen asimismo en la retrospectiva.