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El éxito silencioso de una artista desconocida dice mucho de la crítica cultural en España

Por Alberto G. Luna

Inés Figaredo lleva dos décadas creando prácticamente sin salir de su casa. Este año la descubrió una de las galerías más importantes de España y sus obras ya cuelgan de las paredes de grandes coleccionistas como la Fundación Masaveu. Todo esto, sin aparecer en un solo artículo del mundillo de la cultura.

No hace mucho tiempo, un gurú del periodismo cultural llegó a comentar que uno no es escritor hasta que vive de sus libros. O dicho de otra forma, hasta que estos no te pagan las facturas de casa. Por esta simple regla, Kafka no fue un escritor en los 40 años que duró su vida. Tampoco Melville, que tras escribir Moby Dick tuvo que ponerse a trabajar como inspector de aduanas. Por esta misma regla también, Britney Spears o Mary Trump, sobrina de Donald Trump (1 millón de copias vendidas en su primera semana) serían escritoras. Y no lo son.

Creo que fue Javier Marías quien llegó a decir en cierta ocasión que él solo leía a autores ya fallecidos u obras que llevaban años en las librerías. Supongo que para ahorrarse las recomendaciones de los críticos plagadas de amistades, revanchas y graves problemas de autoestima. Lo que viene a ser, abrazar la selección natural del tiempo. No le faltaba razón. La mayoría de críticos culturales son unos escritores frustrados que se pasan el día recomendando libros de amigos y pidiendo a estos que hagan lo mismo. Otros incluso, se lo hacen a sí mismos en un ejercicio de onanismo intelectual tétrico. Esto hace que aquellos que no conozcan a nadie en este maloliente mundillo, tengan más complicado salir a escena; y que otros con grandilocuentes apellidos se pasen todo el día en la prensa. Es la España del nepotismo.

Digo todo esto porque Inés Figaredo, una señora que vive prácticamente aislada en su casa y a la que no conoce nadie, era una artista como la Catedral de Burgos antes de que la reconociera el mercado del arte, y por supuesto, antes de que nadie dijera que lo era. Como tantos escritores o poetas o lo que ustedes quieran que han pasado por esta vida. Porque lo han sido por las leyes antiguas de la justicia universal. Aquellas que dicen que únicamente el tamiz del tiempo es capaz de juzgar lo que hacemos, y no la opinión de un crítico trasnochado o los rankings de los libros más vendidos de la semana, que por muchas facturas que paguen, dan pena.

Figaredo llevaba 20 años pintando y cosiendo en su casa. Sin hacer ruido. Sin salir en un solo artículo del mundillo de la cultura. Hasta que un día cualquiera se pasó por allí Adolfo Cayón porque una conocida le había avisado de que una señora estaba haciendo cosas muy locas. En realidad, antes que Cayón la visitó una de las galerías más exclusivas e influyentes de Francia, pero al ver la cantidad de obras que guardaba en su almacén de Alcobendas le recomendaron curarlas. Y claro, Inés, que había dejado una partícula universal en cada una de ellas, que había reído y llorado pariéndolas, y que, en definitiva, había entrado y salido en sus más hondas heridas a través de un portal por y para ellas, se dio cuenta de que en realidad los franceses no habían entendido nada.

Untitled, 2025© Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Identify yourself, 2015 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
I resist/ You, 2021 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Detalle de I resist/ You, 2021 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Izquierda: You talk too much, 202, 2020 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Derecha: Mother, 2019 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Wall / Marriage, 2025 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Inés Figaredo. Foto: Fernando Puente
I need, I need, I need, 2017 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Detalle de I need, I need, I need, 2017 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Izquierda: I eat way too much, 2019 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Derecha: Untitled, 2025 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Seed of life, 2025 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 
Sunday 18:30 | Complete, 2023 © Inés Figaredo. © Cayón, Madrid/Manila/Menorca. 

Las obras de arte de Inés Figaredo ahondan en el submundo convulso de nuestra psique. Donde se encuentra lo más primitivo, nuestras vivencias enterradas, los instintos más reprimidos y ese yo desautorizado que la mente consciente rechaza y que sumergimos en los abismos más profundos de nuestro ser. En la mayoría de casos son objetos que llevan implícito un descomunal trabajo y una suerte de fuerza creadora y destructora. Todos cotidianos. Un paño de cocina de los años 50. Una silla. Un cuadro con neones. Ataviada con una bata repleta de manchas de pintura, ella les añade cosas, que también significan algo, para ella y para cualquiera que observe, porque forman parte del inconsciente colectivo.

En ocasiones trabaja sobre manteles familiares con óleo, grafito, ceras o carboncillo. Cada color tiene un significado, porque no deja nada al azar. En otras también cose palabras que en realidad son historias que te dicen que la vida es complicada.

—Ahora se encuentran en una galería junto con las de Miró y Pijuan —me reconoce al mismo tiempo que vislumbro en su cara una mueca que se parece a una sonrisa, no sé si de nerviosismo o alegría—.

—En la vida te lo habrías imaginado.

—Siempre pensé que acabarían en la nave olvidadas.

—Estás a tiempo —le miento—.

Pero estoy seguro de que Inés sabía lo que iba a ocurrir hace años. Por eso tampoco le sorprendió que empezaran a comprarla grandes coleccionistas como la Fundación Masaveu y familias cuyos apellidos no me deja publicar en este artículo. Se preguntarán dónde estaban los críticos cuando todo esto ocurría. Probablemente mirándose el ombligo o acudiendo a cualquier exposición de un artista amigo de un amigo.

Su obra se halla actualmente en la galería Cayón, pero ella no ha ido a la presentación. Y apostaría dinero a que tampoco estará en las exposiciones que tendrá el año que viene. Lo cual a mi particularmente me parecerá una buena noticia.

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