Arquitectura & Diseño

¿Oro y mármol en la Casa Blanca? Trump o cómo hacer América ‘kitsch again’

Por Mario Canal
Donald Trump enseñando el rebder del nuevo Salón de Baile de la Casa Blanca
© Alex Wong // Getty Images

La reciente demolición del ala este de la Casa Blanca para levantar en su lugar un salón de baile no es la única medida polémica del presidente Trump en lo arquitectónico. Su estética se está imponiendo en las construcciones federales. También habrá un gran Arco del Triunfo

Los políticos de vocación autócrata suelen caer en la retórica de su propia conveniencia. Ideas como “hacer de la necesidad virtud” o “el fin justifica los medios” denotan una falla ética severa que en el caso de Donald Trump toca también lo estético. Su grandilocuencia cesarista está convirtiendo la residencia oficial de la presidencia estadounidense en una víctima de lo dorado. Y también de la piqueta, que ha rescatado para pavimentar el jardín de rosas y tirar abajo el ala este.

La comprensible necesidad que intenta satisfacer destruyendo el pequeño edificio que hasta ahora albergaba las oficinas de la primera dama, es crear un espacio en la Casa Blanca que sirva de lugar de recepción para cenas oficiales, y que hasta ahora no existía. De hecho, las grandes cenas con mandatarios extranjeros se hacían en carpas como de boda cara colocadas en el jardín. ¿El beneficio que saca Trump con esta obra? Que sean contribuyentes particulares –millonarios, se entiende– quienes aporten los 300 millones que cuesta la nueva sala de baile, que tendrá decadentes lámparas, mármol y mucho brillo. Como guinda del pastel, el nuevo y gigantesco espacio se denominará The Trump Hall... Por alguna razón, los autócratas viven obsesionados con pasar a la historia.

¿Un búnker para millonarios debajo de la Casa Blanca?

La respuesta a la destrucción del ala este de la Casa Blanca ha sido contundente desde el National Trust of Historic Preservation, una respetada organización privada que, si bien reconoce la utilidad de contar con un espacio de celebración más amplio en la Casa Blanca, expresa su “honda preocupación por el hecho de que la volumetría y la altura de la nueva construcción puedan alterar de forma permanente el delicado el equilibrio clásico de la Casa Blanca”.

Donald Trump mostrando la maqueta del Arco del Triunfo que quiere mandar construir © AFP via Getty Images

El nuevo hall será algo menor que un campo de fútbol tamaño FIFA –un 75%, para ser exactos–, pero tendrá seis metros de altura. La Casa Blanca, que fue construida por el arquitecto irlandés James Hoban en 1792, es un edificio bastante pequeño. De hecho, el temor de sobredimensión fue asumido incluso por el arquitecto que Trump eligió a dedo para realizar la nueva obra, James McCrory II, que se enfrentó al presidente sugiriendo reducir de 8.400 a 5.100 los metros cuadrados del edificio, sin ningún éxito.

Como todo lo que rodea al poder estadounidense, han surgido varios rumores conspiranoicos en torno a esta obra, ya que bajo el ala este se situaría parte del búnker atómico de la Casa Blanca. Los rumores de que los millonarios que financian la obra estarían en realidad comprando plaza en una hipotética ampliación del lugar ultraseguro se han hecho virales, pero no tanto como los memes y los vídeos sobre el mal gusto de Trump para decorar la Casa Blanca y el Despacho Oval.

Entre las adiciones que se han llevado a cabo en la célebre estancia desde que el presidente tomó posesión del cargo por segunda vez hay vasijas, figuritas y todo tipo de objetos dorados sobre la chimenea, querubines dorados sobre las puertas, una pantalla de chimenea rococó también dorada y, en los huecos libres en las paredes decoradas como un gabinete de curiosidades por cuadros de ex presidentes, una colección de molduras –en efecto, doradas– que elevan el horror vacui a categoría pesadillesca. El tabloide británico Mirror publicó que algunos de estos elementos decorativos provenían del Home Depot –algo así como nuestro Leroy Merlin–, que eran de plástico pintadas con spray y costaban 58 dólares.

El estilo Trump es conocido desde hace tiempo, por lo que a nadie sorprende este tipo de decisiones. Su residencia privada Mar-a-Lago en Florida, su ático en la Trump Tower, los hoteles que ha construido y demás propiedades incluyendo su avión privado –que tiene grifería de oro macizo– son un catálogo de exceso y querencia por todo lo que brilla. Una mezcla de casino y sauna griega.

Desliza para para ver el antes y el después de la restauración
‘La Libertad guiando al pueblo’, Eugène Delacroix
‘La Libertad guiando al pueblo’, Eugène Delacroix
(Izquierda) Donald Trump reunido con Benjamin Netanyahu, Oficina Oval de la Casa Blanca después de la reforma, 2025 © Saul Loeb (Derecha) Joe Biden reunido con Volodymyr Zelenskyy, Oficina Oval de la Casa Blanca antes de la reforma, septiembre de 2021 © Evan Vucci/AP

Pero la cosa va más allá de la decoración de interiores, algo a lo que todos los presidentes tienen derecho mientras ocupan la Casa Blanca. La orden ejecutiva Making Federal Architecture Beautiful Again fue firmada por Trump el 28 de agosto de 2025, estableciendo el estilo clásico y tradicional como el predeterminado para los nuevos edificios federales. Es decir, toda construcción pública, especialmente en Washington D.C., debe alinearse con los siguientes estilos arquitectónicos: neoclásico, georgiano, Greek Revival, Beaux-Arts y Art Deco. La orden también menciona explícitamente la prohibición de estilos modernos como el brutalismo o el deconstructivismo.

Otra de las decisiones arquitectónicas que están levantado revuelo al otro lado del Atlántico es la de construir un gran arco del Triunfo en la capital del país. Ya se le llama el Arc de Trump, haciendo rima con el Arc de Triomphe parisino, y con ella se quiere celebrar el 250 aniversario del nacimiento de la nación estadounidense. Sin duda, una fecha tan señalada exige un monumento a la altura y es probable que cualquier otro presidente hubiera hecho algo parecido. Sin embargo, muchos se ponen a temblar por el alcance estético de la obra. Según la maqueta que se encargó de presentar el propio Trump, el arco tendrá un sencillo diseño neoclásico. El tamaño no podrá ser muy grande debido al terreno que ocupará –una rotonda junto al río Potomac, a un lado del puente de Arlington–. Lo que sí habrá coronando la construcción es una figura femenina alada que –como no puede ser de otra forma– estará recubierta de oro.