La fotógrafa (viva) mejor pagada del mundo ha sido la primera mujer en exponer en la Fundación Marta Ortega Pérez (MOP). Sus fotografías son irrepetibles, pero claro, es que sus modelos son todos famosos. ¿Puede ser testimonio de una era quien solo alterna con reyes y multimillonarios? ¿Cuánto de verdad o atrezzo hay en sus imágenes?
“¿Amancio (Ortega) quién? ¡Ah! el padre de Marta”. Es la aparente indiferencia ante el poder de quien lo retrata como nadie. Reyes (Felipe VI y Letizia) y reinas coronadas (Isabel II), presidentes (Trump, Obama, George W.Bush.. ) y celebridades de todo pelaje, de intelectuales a modistos, pasando por Elon Musk con casco de astronauta o Arnold Schwarzenegger a lomos de un caballo fumando un puro. “Trato de penetrar en el personaje y entender a la persona”, confiesa. Y para ello, prepara cada sesión durante el tiempo que sea necesario, documentándose de forma minuciosa. Más allá de la foto, hay ironía y sagacidad para quien quiera y sepa verla.
“Entendí que estoy en una posición única para fotografíar mi época”, reconoce. Y esto es parcialmente cierto. Porque accede a los inaccesibles. ¿Es posible que una fotógrafa con un caché estratosférico sea la cronista de un tiempo? ¿Puede ser testimonio de una era quien alterna con reyes, multimillonarios o famosos en costosas sesiones que rezuman preparación y atrezzo? ¿Hay verdad en su arte con la fotografía como herramienta?
Si algo desborda Annie Leibovitz es personalidad y carácter. Para ella, el hombre que atesora la mayor fortuna de España -y en el top ten mundial- es el padre de una amiga tan apasionada por la fotografía de moda que la ha convencido para volar hasta A Coruña para rescatar Wonderland. Un trabajo de moda que, ella misma, confesó que no le gustaba demasiado pero que ha vuelto a revisitar como la gran percha para exponer más de 50 años de fotos en la road movie de su vida.
Una pasión expansiva, un talento innato y un caché al alcance de casi nadie que la convierten en la fotógrafa viva mejor pagada de la historia. También es la primera mujer en colgar su obra en la Galería Nacional de Retratos de Washington D.C. en 1991 y la que estuvo apunto de perder los derechos de imagen de su obra vital por una deuda multimillonaria en 2009.
Alargada y enérgica, todo en ella destila diferencia y obsesión por el control. “Las ha puesto ella misma, cada foto y cada chincheta. Una por una”, explica impresionado un empleado de la Fundación MOP, el viejo silo del muelle de batería reconvertido en un espacio expositivo que ha hecho de A Coruña la ciudad más pequeña con las exposiciones más grandes, y gratuitas.
Tras Peter Lindbergh (2021), Steven Meissel (2022), Helmut Newton (2023), Irving Penn (2024) y David Bailey (2025), Annie Leibovitz ( Connecticut, 1949) es la primera mujer en exponer en el mausoleo de la imagen de Marta Ortega, y también, la primera en hacerlo personalmente. Extremadamente locuaz para una personalidad introspectiva, durante una hora larga capitaneó a un pequeño tumulto de periodistas y cámaras que la siguieron de sala en sala mientras ella misma se explicaba a sí misma en una exposición que destila historia contemporánea y profundidad más allá del punto de fuga.
Annie se crió mirando por la ventanilla de un coche mientras sus padres se mudaban de país en país. La guerra de Vietnam los pilló en Filipinas, donde destinaron al padre. En la road movie de su vida que recoge esta exposición hay un encuadre recurrente, la ventanilla del coche, que marca sus primeros trabajos (Early works) en los que sentó al volante a Tina Turner, Bruce Springsteen o Edward Hopper pintando. Al volante de un coche de lujo al pie de un avión igualmente fastuoso y dorado retrató a Donald Trump, así como a una embarazada Melania.
“Hay una ironía en todo esto pero a ella le encanta esta foto”, comentó ante la imagen de la pareja presidencial, a los que retrató una década antes de que aterrizasen por primera vez en la Casa Blanca. Contó también cuánto gustó a Jonh Lennon la foto Polaroid que le tomó con Yoko Ono horas antes de su asesinato. “Probaba con la Polaroid. Me encanta. Y a él le encantó. Dijo: "Esta es mi relación con Yoko”.
“Nunca he sido una fotógrafa de moda. No me la tomaba muy en serio. Me interesaba más la técnica”
En la gira vital de Leibovitz, la muestra atraviesa muchas anécdotas y estaciones: la de Patti Smith en llamas junto a Johnny Cash, pasando por Rihanna embarazada, en una revisión actualizada de la celebérrima foto de Demi Moore en los 90 que reventó las portadas, que también está en la muestra aunque no sea exactamente la misma.
Desde los chupitos de tequila a las diez de la mañana en el estudio de un artista al que iba a retratar hasta la humilde dignidad de la vejez de Sally Winters en su residencia de ancianos. La escalera del poder tiene muchos escalones. “Nunca he sido una fotógrafa de moda. No me la tomaba muy en serio. Me interesaba más la técnica pero he entendido que cuenta una historia. Hay un comentario social que subyace a la moda”, explicó Leibovitz, que introduce la comedia en el set de la mano de Ben Stiller (Zoolander).
Si bien, dejó patente su respeto por el trabajo creativo de unos modistos que también fueron sus modelos: Galiano en su bañera, un ceñudo Karl Lagerfield haciéndole ascos a un cerdito o Tom Ford haciendo las veces del conejito blanco en el cuento de Alicia (Natalia Vodianova) en el País de las Maravillas (Wonderland) que da nombre a la exposición. “Teniendo hijas me inspiré en los cuentos”, relata Leibovitz, que fue madre ya pasados los 50, por fecundación in vitro en 2001 y gestación subrogada en 2005, al tiempo que cuidaba de Susan Sontag, su gran amor, en sus últimos meses contra la leucemia. Una sola foto de una Susan irreconocible cuelga en las paredes de Wonderland, como protegiendo una privacidad infranqueable, sin pistas.
Johnny Depp y Kate Moss por Annie Leibovitz, 1994
Quentin Tarantino en Los Angeles por Annie Leibovitz, 1994
Bruce Springsteen de gira, París, 2016, Annie Leibovitz
Obama por Annie Leibovitz, 2006
Demi Moore por Annie Leibovitz 1991
George Clooney en Universal Studios, por Annie Leibovitz, 2005
Steve Martin por Annie Leibovitz, 1981
Para el morbo, a toro pasado, las fotos de Johnny Deep y Kate Moss o de Angelina Jolie y Brad Pitt -por separado-, entre los retratos de Quentin Tarantino, Charlize Theron o George Clooney. También deja patente su pasión por el paisaje, casi pictórico, del embarcadero en espiral de R. Smithson.
En 55 años de oficio, por delante de su objetivo han desfilado desde Messi y Cristiano a Diane Keaton o Steve Martin, pasando por Penélope Cruz -con Cayetano Rivera en el papel de torero-, y Pedro Almodóvar en la serie que firmó en Madrid en 2007.
El siguiente viaje a España ya fue para el célebre retrato regio -en pantalla grande- que cierra la muestra desde el Palacio Real. “El rey estaba muy relajado pero ella no tanto. Es normal. Se puso un vestido precioso de los años 40 en homenaje a Balenciaga. Me interesaba la tradición”, destacó.
Todo lo que sale de la boca de Annie Leibovitz sobre las personas retratadas, reyes, poderosos, famosos, artistas, es amable y hasta elogioso pero tras su cámara, capturado para la eternidad hay agudeza, ironía, sátira, humor, crítica y sarcasmo en una línea tan fina que deja a la lectura a ojos del espectador. “Sé que queréis que A Coruña sea un secreto porque es bellísima pero vine a ver la exposición de Irving Penn y lloré. Me enamoré de este espacio”, confesó Leibovitz. Su reticencia inicial a volver a visitar Wonderland fue "cediendo" ante Marta (Ortega) y Óscar (García Maceiras).
La maravilla es que estará abierta y libre hasta el 1 de mayo.