Protagonistas

Candela Sierra ha dibujado el narcisismo del ser humano (y ha ganado un premio por ello)

Por Diana Arrastia
 Héctor Serrano

En Lo sabes aunque no te lo he dicho, la autora Premio Nacional del Cómic 2025, indaga en el narcisismo, la superficialidad y la falta de comunicación en las relaciones actuales

Candela Sierra (Ronda, 1990) pertenece a una generación de autoras que están redefiniendo el cómic español desde la honestidad, la observación y una enorme sensibilidad visual. Con su segundo libro, Lo sabes aunque no te lo he dicho (Astiberri), ha obtenido el Premio Nacional del Cómic 2025, un reconocimiento que ella misma asume con mezcla de sorpresa y vértigo.

La guionista y dibujante entiende el cómic como un lenguaje en sí mismo al que saca el jugo con todos los recursos expresivos que puede: los personajes se enfadan por fallos de rácord, cortan por elipsis o desaparecen detrás de bocadillos ególatras. Hay humor, ironía y una punzante reflexión sobre las dificultades para comunicarnos en una sociedad cada vez más ensimismada, egoísta y narcisista.

Con un trazo limpio, ella construye retratos corales donde lo íntimo y lo social se entrelazan. ¿En qué momento nos hemos vuelto especialistas en leer y escuchar en diagonal, barrer debajo de la alfombra y mirarnos el ombligo sin descanso?, se pregunta.

Para encontrar la respuesta, indaga, a lo largo de 160 páginas, en los problemas de comunicación cotidianos (y sintomáticos) de nuestra época, poniendo el foco en la superficialidad de las relaciones, cierta miseria moral o nuestra tendencia a comportarnos como auténticas ovejas. Esas que ha dibujado para la portada.

Portada de Lo sabes aunque no te lo he dicho Astiberri

El premio te ha llegado demasiado pronto: con tu segundo libro. ¿En el mejor momento?

Partiendo de la idea de que los premios tienen algo de alineación cósmica, de lotería si me apuras, no me voy a poner tonta eligiendo el momento [risas]. Estoy feliz, pero, ya que me lo preguntas, creo que ha llegado pronto. Ha sido realmente inesperado, yo tenía la cabeza en otra historia y la confianza en que mi siguiente libro fuera mejor. Hay también un vértigo, que si bien ya estaba antes, ahora se magnifica porque habrá un poquito más de expectación… Y creo que no trabajo bien cuando se espera algo de mí. Por otro lado, y como dijo un amigo el día que se anunció, también está genial que se premien obras un poco más raras y de gente menos conocida, por el impulso, la seguridad y la dotación económica que va con el galardón.

No te lo has puesto fácil: ni personajes de los que uno se encariña ni una forma de narrar al uso…

Me parece más fácil usar muchos personajes una vez que uno solo a lo largo de una única historia. Porque usas de ellos lo que necesitas y luego no tienes que quebrarte demasiado la cabeza. Lo de la forma de narrar, no sé. La premisa era tratar de hacer un cómic que destaque por ser un cómic y al que le cueste ser otra cosa, por eso lo de usar recursos propios al medio. Por supuesto que se podría adaptar, pero quería disfrutar y explotar lo que este lenguaje gráfico tan rico puede ofrecernos.

¿Cómo y cuándo surgió tu idilio con los cómics?

Empezó relativamente tarde, en la facultad. Ya un poco antes había tenido ocasión de leer algunos buenos cómics, pero fue en la biblioteca de Bellas Artes de Granada, y gracias a ciertos amigos, donde tuve la ocasión de leer libros que me enseñaron mucho. Luego tuve la fortuna de hacer un Erasmus en Bruselas donde decidí que apostaría por el dibujo y la narración gráfica y, a la vuelta, me matriculé en una asignatura con Sergio García, con quien luego haría mi proyecto final de carrera.

¿Cuáles fueron esos cómics que te enseñaron tanto?

Por ejemplo, Asterios Polyp de David Mazzucchelli, Un lugar equivocado de Brecht Evens y El hombre que se dejó crecer la barba de Olivier Schrauwen.

¿Cómo se gestó la idea de Lo sabes aunque no te lo he dicho?

Empezó con una historieta y, en seguida, sentí que era un tema que podía dar de sí. Encontré muchísimas situaciones en mi entorno más próximo que me llevaban a querer contarlo con gracia, tratando de llevarme la anécdota a un lugar un poco más lejano. A veces, también trato temas más universales o de actualidad, como el que hace referencia a la manada, aunque justo el germen de esa historieta está en una canción de Brassens que dice: “Le pluriel ne vaut rien à l'homme et sitôt qu'on est plus de quatre on est une bande de cons” (“El plural no vale nada para el hombre y, en cuanto somos más de cuatro, somos una pandilla de idiotas”).

¿Y en lo formal?

En lo formal yo estaba buscando empezar un proyecto “fácil” que no me requiriese demasiado esfuerzo: historias cortas sobre ese tema y en blanco y negro. Lo primero fue ir anotando ideas y valorando sus posibilidades. A menudo eran distintas en la forma, pero en el fondo era lo mismo… Hubo que cribar mucho. Otras ideas surgían no tanto por una anécdota o concepto, sino por un recurso gráfico que me podía servir para contar algo. Entonces le buscaba el qué al cómo. Y poco a poco el proyecto fue creciendo. Se convirtieron en historias a color y, después, se encadenaron, haciendo este un retrato coral de una sociedad occidental cualquiera. Ese recurso de las transiciones me lo dio Luis Buñuel en El fantasma de la libertad, donde los personajes acompañan al espectador a la siguiente escena.

¿Algunas historias son autobiográficas? ¿Has hecho catarsis?

Sí, alguna autobiográfica hay… De hecho, la primera la hice para darle respuesta a una congoja personal con una (ex) amiga. No sé si sirve para hacer catarsis, pero, si de un dolorcito puedes hacer algo, lo que sea, un bizcocho me vale, pues ya es mejor que nada o que ahogarte en tu propia frustración. A mí me sirvieron para eso, supongo, para reírme y especular desde un lugar más libre.

Tu ópera prima, Rotunda –Premio València de Novela Gráfica 2022–, también abordaba con humor las ridiculeces de la sociedad. ¿Deseas ponernos frente al espejo?

Más que poner a nadie frente a nada, me pongo a mí misma a entender o explorar determinadas situaciones. Al final, me siento cómoda en lo cotidiano, abordando temas que me son cercanos y cuestiones que me afectan directamente. También porque estoy convencida de que lo pequeño al final también habla de lo grande. Tampoco puedo ocultar que, aunque soy más bien optimista y disfrutona, tengo una habilidad particular para la queja y para señalar lo que no me parece bien [risas]. Si luego se me lee y alguien se llega a cuestionar, pues ¡albricias!

Lo sabes aunque no te lo he dicho se compone de historias breves encadenadas. ¿Fue difícil tener una visión global del conjunto?

La verdad es que sí. Fue de lo más difícil, porque fue una problemática que me encontré por el camino. Al principio, las historias no iban encadenadas y, aunque sabía que el orden sería importante, no es comparable a la tarea de hilado/ entretejido que finalmente fue. Hice muchos esquemas y recuerdo haciéndome muchas preguntas, aunque también creo que hubo mucha intuición, porque a día de hoy me costaría explicar algunas decisiones.

Páginas interiores del cómic
Páginas interiores del cómic
Páginas interiores del cómic
Páginas interiores del cómic

A nivel gráfico, ¿cómo encontraste el estilo?

Probando. Este libro tiene un dibujo bastante sencillo. Aunque le di muchas vueltas al guion, no tuve tanto tiempo para dibujarlo. Para mí el estilo gráfico es parte de la voz, del tono, de lo que estoy contando. Pienso que condiciona la lectura y tiene que estar alineado con la historia. Por eso, en la medida de mis capacidades, intento jugar con él según las necesidades del texto.

¿Qué lugar ocupa el color en tu forma de contar?

Al igual que con el estilo gráfico, va a depender un poco del contexto: ambiente, carga simbólica, ritmo, etc. En el caso de Lo sabes aunque no te lo he dicho las gamas cromáticas, además, sirven para ubicar al lector en una historia diferente. Los colores van entrando y saliendo haciendo fluidas las transiciones.

Con tu tercer libro darás el salto a Francia. ¿Qué tenemos que aprender del país galo, que nos lleva ventaja?

Los adelantos. Es verdad que su industria es más grande y que, si miramos en proporción, diría que aquejan de la misma burbuja editorial que aquí, pero el adelanto que se negocia allí se acerca más a un sueldo real por la dedicación que a una cifra simbólica. Los autores en Francia también consiguieron que las firmas se retribuyeran, ya que no deja de ser trabajo.

¿Qué carrera sueñas?

Antes he dicho que soy bastante quejica, pero es que no me puedo quejar… Supongo que sueño con seguir teniendo cosas que decir y logrando encontrar la mejor forma de hacerlo.

¿Vivir del cómic es una utopía?

Ahora mismo para la mayoría de nosotras, sí. Yo lo combino con la ilustración y la docencia [en la Escuela Minúscula de ilustración de Madrid], actividades que por otro lado me encantan, pero, definitivamente, hacen más difícil el centrarse en la creación de un libro. Al final, sacar adelante un cómic es laborioso y necesita muchas horas.

Eres la quinta mujer en ganar el Premio Nacional del Cómic. ¿El mercado editorial sigue apostando más por ellos?

Atendiendo a los datos, parece que es así y no hay que dejar de reivindicarlo. Por suerte, a día de hoy, cuando pienso en dibujantes de mi quinta me vienen más nombres de compañeras que de compañeros, así que es cuestión de tiempo que por fin se equilibre la balanza. En mi caso particular, mis editoras son mujeres que apuestan por nosotras como lo harían con cualquiera cuyo trabajo fuera solvente.