Canaletto, el último artista fetiche de las grandes fortunas, te explica de dónde viene nuestra obsesión con Venecia
Por Alberto G. Luna
Una obra de Canaletto, famoso por sus paisajes de Venecia, se ha vendido recientemente por 43,9 millones de dólares. En los últimos años las ventas del pintor se han disparado, pero nuestra obsesión por la ciudad italiana viene de mucho antes
El cuadro Venecia, el regreso del Bucintoro el día de la Ascensión representa la victoria de la por entonces república contra Dalmacia en el año 998. En recuerdo de aquel acontecimiento, la ciudad se vestía de gala para celebrar su enlace con el mar Adriático; y como símbolo de esta unión, el dux, a bordo de su embarcación oficial, el Bucintoro, lanzaba un anillo al agua.
El barco, pintado de rojo y dorado, está atracado en el puerto y acapara el centro del lienzo. El resto de la perspectiva abarca, de derecha a izquierda, la fachada del Palacio Ducal, el Campanario de San Marcos y una hilera de edificios que conduce a un perfil de la basílica de Santa María de la Salud, en el Gran Canal. Mientras, una multitud se agolpa en el muelle, así como las góndolas en el mar. Exactamente igual que hoy, pero sin teléfonos móviles ni turistas.
Vendido en una casa de subastas parisina por 10 millones de dólares en 1993, Venecia, el regreso del Bucintoro el día de la Ascensión volvió a salir al mercado el pasado mes de julio; y aunque tenía un precio estimado de 20 millones de dólares, finalmente se colocó por más del doble (43,9). ¿Un precio sorprendente? Ni mucho menos si tenemos en cuenta lo que está ocurriendo en los últimos años con el artista del siglo XVIII. Si bien es cierto que esta es su pintura más grande que haya salido al mercado en las últimas dos décadas, también lo es que sus paisajes venecianos llevan tiempo llamando la atención de los coleccionistas ultrarricos.
Venecia, una vista del Puente de Rialto, Canaletto
Las iglesias del Redentor y San Giacomo, Canaletto, 1747
Las cárceles y el Puente de los Suspiros, Canaletto
La desembocadura del Gran Canal desde el este, Canaletto, 1723-1724
El Molo, con la Piazzetta y el Palacio Ducal, desde el Bacino, Canaletto, 1736-1738
Canaletto ha pasado de ocupar el puesto 475 del ranking mundial de artistas más vendidos según Artprice en 2024, al 14 en 2025. En los últimos 10 años, el volumen de su facturación en subasta se ha disparado, especialmente en 2020, 2022, 2023 y 2025; y, por lo que sea, más del 50% de estas compras se producen desde Suiza.
No estamos hablando de adquisiciones menores. Su obra Venecia, una vista del Puente de Rialto se vendió por más de 1 millón de dólares; así como Las iglesias del Redentor y San Giacomo y Las cárceles y el Puente de los Suspiros, por más de 3 y 4 millones respectivamente. Por su parte, la pareja de lienzos de La desembocadura del Gran Canal desde el este y El Molo, con la Piazzetta y el Palacio Ducal, desde el Bacino, se colocaron por 10 millones de dólares; así como El Gran Canal, mirando al noreste desde el Palazzo Balbi hasta el Puente de Rialto, que se vendió por 32,7 millones de dólares. Todas ellas, paisajes de Venecia.
Tras varios años trabajando con su padre, en 1719 Canaletto decidió abandonar su Venecia natal y marcharse a Roma. Este viaje resultó crucial ya que allí conoció la obra de Giovanni Pannini, seguidor de la corriente vedutista. Durante su estancia en la que años después se convertiría en la capital de Italia, tomó la que probablemente fuera —profesionalmente hablando— la decisión más importante de su vida: empezar a pintar paisajes y escenas urbanas. Pero no de cualquier ciudad, sino exclusivamente de la suya.
De sobra sabía el artista que por aquel entonces Venecia ya era el destino de media Europa, que quería pasearse por sus canales en góndola y disfrutar de sus pintorescas vistas. Así que dio al público lo que quería: una postal de la Serenísima. De hecho, a eso dedicaría toda su carrera. Lo hizo empleando una técnica increíblemente realista, con fuertes contrastes de luz y un gran dominio de la perspectiva, lo que le confirió un reconocimiento inmediato por parte de la nobleza. Sus principales clientes eran ingleses adinerados, amantes de la ciudad italiana. Por eso hoy, muchas de sus pinturas se hallan en museos y colecciones privadas de Inglaterra.
Lo que no sabía el artista era el exacerbado furor y masificación turística que, muchos años después, sufriría su querida Venecia. Un furor que ha viajado también al mundo de las subastas. De conocerlo, quién sabe, quizás habría vendido aún más caros sus cuadros.