Del 22% al 5%. Esta es la bajada que ha aplicado Italia al IVA en el mercado del arte. Según Sirio Ortolani, presidente de la Asociación Nacional de Galerías de Arte Moderno y Contemporáneo (ANGAMC), la medida fiscal podría convertir a Italia “en un gran centro internacional, atrayendo galerías de toda Europa y ferias de primer nivel”.
No ha sido el único país en hacerlo. Alemania y Francia (un 5,5% y 7% respectivamente) hace tiempo que también apostaron por este mercado con tipos más reducidos. Una medida que, según la Asociación Federal Alemana de Galerías y Comerciantes de Arte (BVDG) logró corregir el IVA del 19% que había frenado el mercado y provocado el cierre de varias galerías.
España se coloca, por tanto, en una situación de desventaja en el mercado regional y global. Por ahora, el Ministerio de Cultura solo ha prometido reducir el IVA, sin transponer la Directiva UE 2022/542 que permitió a los estados miembros introducir tipos reducidos a la cadena comercial del arte. Una decisión que evidencia, al menos, tres aspectos de fondo sobre el mercado de arte dentro de nuestras fronteras.
Primero, desconocer el rol de las galerías en el mercado del arte. A pesar de la crisis del mercado primario, las galerías continúan siendo el vehículo principal para la circulación de obras de arte. Si bien la Ley 37/1992 establece un IVA reducido del 10% por la venta directa del artista, esta forma de compra no suele ser la regla general en las transacciones. De hecho, el último reporte de Art Basel reveló que el 95% de los compradores adquiere las obras en la galería, a través de su espacio físico, página web, redes sociales o ferias de arte. En España específicamente, un estudio de 2021 reconoció que las ventas de las galerías representan el 76% del valor total del mercado.
El segundo problema es que el alto IVA refuerza la percepción del arte como un lujo y el coleccionista como una persona adinerada. En países como Francia, el tradicional trato de las obras de arte como bienes de lujo ha tenido un giro importante, reconociendo su dimensión cultural y económica, lo que justificó, a su vez, un trato fiscal favorable. Un IVA elevado por la compra de arte castiga al coleccionista en comparación con el comprador de otros bienes culturales como libros o entradas de cine, teatro, música y museos, gravados con tasas del 4% y 10% respectivamente.





