Un cuadro falso de Rubens y un pintor amateur español: el libro que incomoda a la National Gallery
Por Pilar Gómez Rodríguez
La historiadora del arte Euphrosyne Doxiadis se ha dedicado media vida a desentrañar la procedencia de un cuadro atribuido a Rubens que cuelga en una de las paredes de la National Gallery. Lo cuenta en un libro que se acaba de publicar.
Hace un año, por estas fechas, la artista e historiadora del arte Euphrosyne Doxiadis publicaba en Unherd un artículo sobre la que se había convertido en la causa de su vida. “Dentro de unos días, habré vivido 77 años, y durante casi la mitad de ese tiempo he estado desafiando a la National Gallery de Londres por una de sus pinturas más destacadas”. Sonaba un poco hartita, y lo mejor estaba aún por llegar, con la aparición del ensayo titulado de forma contundente NG6461. The Fake Rubens, que acaba de salir al mercado.
Publicado por Columbia University Press, el libro recupera la historia de Sansón y Dalila (1609), el supuesto cuadro de Peter Paul Rubens por el que la National Gallery de Londres pagó una suma récord en el verano de 1980: 2,5 millones de libras. La combinación de letras y números del título de Doxiadis es la referencia de la obra en la colección del museo.
Habría que empezar puntualizando que lo cuestionado no es que Rubens pintara un cuadro así titulado, sino que la obra que pintó sea la misma que la que cuelga en la galería londinense. No es lo mismo. Hubo un Sansón y Dalila que salió de las manos de Rubens y del que se saben muchas cosas. Se sabe, por ejemplo, que lo acometió por encargo de Nicolaas Rockox, alcalde de Amberes. Que este lo colgó en su salón, encima de la chimenea, y que lo guardó hasta su muerte en 1640. ¿Qué cómo sabemos tanto? Porque dan fe de ello un grabado de Jacob Matham y un óleo de Frans Francken el Joven. Este artista flamenco, especializado en pintura de gabinete —ese tipo específico de pintura que recreaba interiores decorados con cuadros, estatuas y objetos que los incipientes coleccionistas del siglo XVII empezaban a atesorar y a disponer de forma a menudo abigarrada—, pintó el Sansón y Dalila de Rubens en su obra Cena en casa del burgomaestre Rockox (1630-1635), que alberga la Alte Pinakothek de Múnich.
Es decir, que el cuadro, existir… existió. Luego pasa lo que pasa en todas las historias de misterio: una desaparición, el paso del tiempo y el final feliz de una compra que resuelve el secreto. Pero por el camino, alguien hace las veces de detective, saca la lupa y repara en algunos detalles que impiden ir tan rápido.
Desamor a primera vista
“La vi por primera vez en 1986 e inmediatamente sentí que era una obra de mala calidad, carente de la brillantez de mi pintor europeo favorito”, afirma en el mencionado artículo Euphrosyne Doxiadis. En esa época, ella era una investigadora en la Escuela de Arte de Wimbledon, que había pasado ya por centros como la escuela de Bellas Artes The Slade de Londres, la Academia Cranbrook de Michigan o la Escuela Kokoschka en Salzburgo. Con el arrojo y el optimismo propios de la juventud se lanzó a escribir un informe, junto con dos compañeros que compartían su visión, y lo dirigió al museo.
Básicamente las tesis de su impugnación estaban ya allí: tosca ejecución de la obra, dibujo deficiente, color opaco y ajeno a la paleta de Rubens, desequilibrio entre tonos en relación a la luz… Y algo evidente, indiscutible: Sansón, recostado sobre el regazo de Dalila, no tiene completos los dedos de uno de sus pies. Un detalle que Rubens, en opinión de la investigadora, jamás hubiera dejado así. Un detalle también que, como en un juego de las diferencias, no se llevaba bien ni con el grabado ni con el cuadro de Francken donde se reprodujo el Sansón y Dalila original. En ambas obras Sansón tiene todos los dedos de su pie.
Al igual que en las restauraciones de patrimonio las zonas reintegradas han de ser distinguibles de las originales, existe una ley entre los artistas que dice que si se copia la obra de un antiguo maestro es preciso alterar descaradamente algún elemento del original para dar muestras de buena fe, para dejar claro que la intención no es aviesa. Los dedos del pie cortados serían ese elemento. Como se ha explicado, Doxiadis no cree que este sea un caso de falsificación, sino de una copia hecha por aprendices en sus prácticas.
Cree, además, que esa copia salió de la madrileña Academia de Bellas Artes de San Fernando, que —preguntada al respecto—declina hacer comentarios. Allí ha constatado que, durante los siglos XIX y principios del XX, los estudiantes realizaban sus copias, con resultados variados, como método de aprendizaje. Rubens era un prototipo popular y la opinión de Doxiadis, así de clara: “Creo que la representación escrupulosamente inexacta de Sansón y Dalila que ahora se exhibe en Londres es obra de uno de esos artistas formados en España. Y creo haber identificado con exactitud quién es”.
La conexión española
Para dar con la mano que pinta la tela hoy expuesta en la National Gallery hay que retroceder hasta 1929, cuando fue comprada por comerciantes de arte alemanes a un conservador en París. El vendedor, explica en su artículo Doxiadis, no afirmó que fuera un Rubens original, pero el erudito alemán Ludwig Burchard dijo que sí, que era la obra a la que se le había perdido la pista a principios del siglo XVII. Obviamente alguien se hizo rico por el camino.
En una nota manuscrita, el tal Burchard anotó el nombre del vendedor de la pintura: Gaston Lévy. Aunque desde España pueda parecer un nombre exótico, no lo es tanto. Doxiadis se tuvo que meter a fondo con los candidatos hasta descubrir, gracias a los archivos digitalizados del Museo de Arte Smithsonian, a un portador del nombre que encajara. Y lo encontró: “Nacido en Brasil pero educado en Madrid, fue un alumno querido del neoimpresionista español Joaquín Sorolla y Bastida; más tarde se mudó a Nueva York, donde adaptó su apellido, Levi, y se convirtió en un famoso conservador. Creo que este Gaston Lévy copió el Sansón y Dalila con el apoyo de su maestro. Esto ayuda a explicar por qué la paleta y la pincelada de la obra en disputa se acercan tanto al neoimpresionismo español y se alejan tanto del Flandes del siglo XVII”.
Doxiadis se dirigió entonces al Museo Sorolla. “En cuanto vi la primera pintura, reconocí el estilo de NG6461”, se lee en The Guardian. Sus pesquisas la condujeron a otro dato importante: Lévy visitó el museo de Múnich que posee la pintura de Francken y se alojó en la misma calle. Hace cuatro años, la comparación de la controvertida tela con casi 150 pinturas acreditadas de Rubens mediante técnicas avanzadas de IA arrojó un veredicto demoledor: con una probabilidad del 91% el Sansón y Dalila que cuelga en la National Gallery es falso.
Convencidos de ello, con el trabajo de Euphrosyne Doxiadis como pieza central, un grupo de personas lanzó la web In Rubens Name . Aparte de generosa documentación, la web acogía un vídeo didáctico y una petición para ser firmada y remitida a los responsables de la National Gallery. Sus razones las hacían explícitas con el siguiente texto: “Queremos hacer pública la información disponible sobre Sansón y Dalila e invitar a un debate abierto y transparente. La National Gallery tiene la oportunidad de admitir un error de forma honesta y crear una exposición instructiva e informativa del fascinante trabajo detectivesco que se ha realizado en torno a este cuadro. Como mínimo, nos gustaría que la etiqueta reflejara las dudas sobre la obra basadas en la exhaustiva investigación realizada. El cuadro seguirá siendo una obra llamativa, pero creemos que no debería presentarse como un Rubens”.
La historia no es nueva, pero el ejemplo sí. Sea cual sea el futuro del Sansón (del pie recortado) y Dalila, esta supuesta obra de Rubens ya ha pasado a engrosar las filas de esa especie de subgénero artístico que constituyen las copias dudosas de los grandes maestros. Las hay más o menos fallidas, más o menos intencionadas, las hay descubiertas y las hay aún por descubrir, pero todas tienen en común la vista alzada hacia los mejores. De hecho, se podría inferir que no eres un maestro de la pintura hasta que no te copian por un motivo u otro o hasta que no hay lío con las obras que verdaderamente salieron de tus pinceles y las que no. En ese plantel está el exquisito Vermeer y las dudas eternas sobre la Joven con flauta y la Muchacha con sombrero rojo; o el Salvator Mundi, con visos de que pudiera haber salido del taller de Leonardo más que directamente de su mano…