¿Por qué Caravaggio no, pero un edificio histórico catalán sí? Las adquisiciones del Ministerio de Cultura en 2024
Por Sol G. Moreno
Pedro Sánchez podría haber comprado la pintura más cara de un gobierno socialista, pero no lo hizo (el célebre Ecce Homo de Caravaggio se lo quedó un coleccionista británico). En cambio, apostó por otro Bien de Interés Cultural: Casa Gomis, que ha costado 7,2 millones de euros. El edificio racionalista catalán es la compra pública más destacada del año pasado, junto a varias pinturas de Sorolla (casi un millón de euros) y una escena procesional de David Noveliers (504.450 euros).
2024 ha sido un año de alegrías y decepciones, pero sobre todo de sorpresas. Como el regalo de reyes que anunció el Ministerio de Cultura y Deporte hace tan solo unos días: la adquisición de Casa Gomis, un edificio que es ejemplo de la arquitectura racionalista catalana de mediados del siglo pasado. Hace tres años fue declarada BIC (Bien de Interés Cultural) para protegerla de los planes de ampliación del cercano aeropuerto del Prat, pero ahora el inmueble se ha blindado por completo al acabar en manos públicas, que desean reconvertirlo en un centro cultural que mantenga vivo el legado creado por Antoni Bonet junto al matrimonio Ricardo Gomis e Inés Bertrand.
La noticia pilló de improviso a todos, salvo a la familia Gomis Bertrand, que llevaba meses en conversaciones con el Ministerio. Según explican, la operación se cerró in extremis a tan solo un día de agotar los presupuestos, pues no fue hasta el 30 de diciembre cuando se completó la adquisición por 7,2 millones de euros; una cifra nada desdeñable, que equivale a la mitad del presupuesto total gastado en obras de arte por Cultura en 2023.
No en vano Casa Gomis es, con diferencia, la obra más cara adquirida por el Estado el año pasado, lo cual explica doce meses de compras algo anodinas del ministerio de Ernest Urtasun (por situarnos, la segunda obra de mayor precio ha sido una pintura de un autor poco conocido en España, David Noveliers, que apenas supera el medio millón de euros).
A la espera de los datos oficiales, y haciendo repaso de las compras artísticas estatales que se han dado a conocer el año pasado –no todas se hacen públicas–, se puede hablar de una inversión cercana a los 12 millones de euros. ¿Cómo se lo han gastado y de qué manera lo han repartido?
Como siempre, el Prado y el Reina Sofía acaparan una porción importante del pastel, aunque en esta ocasión también cabe destacar las compras con destino al Museo Sorolla, el de Escultura de Valladolid o el Bellas Artes de Valencia. Tampoco debemos olvidarnos del centenar de monedas islámicas de la colección Tonegawa adquiridas en varias tandas para el Museo Arqueológico Nacional por 340.000 euros, el Archivo-biblioteca Fermín Bouza Brey que ha costado 150.000 euros e irá destinado al Archivo Provincial de Ourense o el retablo de la Anunciación de la Virgen de Joan Pau Guardiola comprado por la Generalitat para el Museo Diocesano de Solsona por 140.000 euros.
Si cada euro gastado está bien invertido o si se compran las piezas más oportunas para cada institución es difícil de afirmar, sobre todo cuando existe tanta oferta y un presupuesto limitado. Año tras año, Cultura trata de repartir con más o menos fortuna sus recursos entre los diferentes centros de titularidad estatal y los de transferencia autonómica, pero el resultado nunca convence a todos. Hay quien critica la fuerte centralización en los museos madrileños frente a la escasa inversión en los centros más modestos; quien se queja porque coleccionistas con alto nivel adquisitivo se apoderan de las piezas más jugosas; y quien considera una aberración que la Junta de Exportación acepte que ciertas obras salgan de España, ante la imposibilidad de comprarlas. Como si el dinero destinado a adquisición de obras de arte de Cultura fuese un pozo sin fondo y no fruto de los impuestos que pagamos.
Resulta imposible condensar aquí todas las compras públicas de 2024, por eso trataremos de hacer un resumen de las más relevantes. Sin olvidar las decepciones más sonadas.
Caravaggio y Alonso Cano, las oportunidades perdidas
Los primeros meses del año fueron bastante tímidos en cuanto a adquisiciones. La perspectiva de un posible desembolso de dinero para pagar los más de 20 millones de euros que pedían por el Caravaggio, obligaba al Estado a mantenerse conservador en el gasto cultural. Hasta que en mayo se supo que lo había adquirido un coleccionista británico. Por un instante, algunos pensaron que el Gobierno de Pedro Sánchez estaría dispuesto a comprar el Ecce Homo y que sacaría pecho por ello, igual que hizo en su momento Aznar, tras recuperar para las colecciones públicas a Ferdinando Brandani, el llamado Barbero del Papa de Velázquez.
Pero esa no fue la única decepción que sufrieron los defensores de lo público porque en la última subasta del año, Segre ofrecía una Inmaculada de Alonso Cano inédita que volvió a despertar las ilusiones de muchos. El hecho de que tuviese una procedencia perfectamente definida y fuera inexportable –palabra mágica que revela un interés del Estado por la pieza– les hizo soñar de nuevo, aunque una vez más fue un coleccionista particular quien se hizo con la pintura por 134.000 euros.
¿Por qué no pujó nadie del Ministerio? Tal vez se viese obligado a elegir aquel 17 de diciembre, en el que sí compró un boceto de Mariano Salvador Maella por 36.500 euros, presumiblemente para Patrimonio Nacional, y un biombo de Salvador Dalí por 60.800 euros con destino al Reina Sofía. Aunque, sabiendo ahora lo de Casa Gomis, entendemos que los millones ya estaban más que comprometidos.

¿Más mujeres artistas para nuestras colecciones?
Una vez perdida la esperanza en el pintor milanés y la desconocida imagen de Cano, ¿dónde poner nuestra mirada? Pues en los “huecos” de las colecciones públicas. Por ejemplo, de una serie incompleta conservada en el Museo del Prado que perteneció a Felipe III. En 2024 ha añadido una pieza más del puzle gracias a David Noveliers, autor de uno de los ocho lienzos encargados en 1615 por los Archiduques para el monarca español y posteriormente dispersos. El recién llegado ha costado 504.450 euros y, como ya hemos señalado, es –que sepamos– la segunda obra más cara adquirida por Cultura el año pasado.
Sin embargo, la gran incorporación a los fondos del museo dirigido por Miguel Falomir no tiene nombre masculino, sino femenino. Se trata de Rosario Weiss, artista sobre la que se ha avanzado mucho en los últimos años. Suya es la figura alegórica de La atención que acaba de sumarse a nuestra primera pinacoteca. Aquí lo importante no es el precio –60.000 euros–, sino la recuperación de una obra que se creía perdida, que además es el único autorretrato al óleo de la autora. Y, aunque no ha costado los dineros que se han pagado por otras adquisiciones recientes como La Aurora de Francisco Rizi –110.000 euros– o el San Cristóbal de Juan Peralta –100.000 euros–, ya ocupa un lugar de excepción en la sala 62A del edificio Villanueva, junto al retrato de Goya.
Pero para ser justos, el nombre femenino del año pasado no ha sido Weiss sino otra creadora nacida dos siglos atrás: Luisa Roldán, la Roldana. Su caso no es ningún descubrimiento, pues ya demostró su valía en vida cuando los monarcas Carlos II y Felipe V la nombraron escultora de cámara, pero sí que necesitaba el empujón definitivo para ser reconocida por el gran público.
Lo consiguió el año pasado, no solo por su desembarco en el Museo de Escultura de Valladolid como protagonista absoluta de la muestra que todavía puede verse hasta el 9 de marzo, sino porque acapara una de las adquisiciones más importantes del Estado, gracias a su Éxtasis de la Magdalena comprada a un particular por 330.000 euros. Sorprende que la Roldana se haya impuesto al resto de incorporaciones del museo vallisoletano –una tabla del Maestro de Gamonal por 220.000 euros y una escena de Cristo y seis apóstoles en la Última Cena del Maestro de la Colección Pacully por 70.000 euros–, pero eso revela el creciente interés por recuperar el legado de las artistas en las colecciones públicas.
La presencia femenina también se multiplica de manera exponencial en los museos contemporáneos. Por eso no extraña que, del total de autores cuya obra se ha incorporado el año pasado al Reina Sofía, más de la mitad sean mujeres: Colita, Pilar Albarracín, Cristina Lucas o Ana Laura Aláez, entre ellas. La institución liderada por Segade ha acaparado 1,13 millones de euros del Ministerio, a los que hay que sumar otros 1,32 millones aportados por el propio centro. Esta vez destaca Ángeles Santos, cuyo Retrato de la Marquesa de Alquibla pintado cuando la autora tenía 17 años ha sido adquirido por 200.000 euros.
Más mujeres artistas… De Sandra Gamarra, la flamante representante de España en la Bienal de Venecia y merecedora de una Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, se ha adquirido Racismo ilustrado II por un precio de 55.000 euros. En breve se expondrá en el Museo de América. Y no ha sido la única adquisición pública de la autora en 2024, pues también se han adquirido un par de obras suyas –El mundo al revés XII y Tierra Virgen V– para el Museo de Antropología por un valor total de 99.000 euros.
A vueltas con Sorolla
En cuanto a las compras habituales, hay un nombre que nunca falla y que casi siempre acaba en el mismo sitio: Sorolla para su casa-museo. El omnipresente pintor valenciano sigue siendo uno de nuestros autores modernos más codiciados, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Por eso no extraña que el Estado haya invertido casi un millón de euros en engrosar la colección que se exhibe en el que fue hogar del artista. En marzo adquiría por 70.000 euros (más tasas) una Copia del torso del Cristo de Velázquez, al que se sumaba, en agosto, una Vista de Plasencia por 300.000 euros. Dos meses después, todavía quedaba dinero para hacerse con otro paisaje –Jardín (casa del artista)– y Retrato del doctor Francisco Rodríguez Sandoval con un coste total de 525.000 euros. Todos ellos se expondrán en el Museo Sorolla en cuanto reabra sus puertas.
Finalmente, el Museo Bellas Artes de Valencia celebra la llegada de una Santa Faz de Zurbarán –la primera de todas las versiones, según la especialista en el artista Odile Delenda– que ha costado 320.000 euros y se había declarado BIC. Este museo ha crecido notablemente en cuanto a adquisiciones se refiere, por lo que también cabe mencionar San Martín partiendo su capa de Juan Ribalta, por el que se han pagado 90.000 euros.
¿Y al Museo de Colecciones Reales no le ha tocado nada? Tras un increíble 2023 en el que consiguió un tapiz de un millón de euros, esta vez ha tenido que conformarse con varias obras menores. Entre ellas, un Retrato de Mariana de Neoburgo atribuido a Jan van Kessel II con un coste de 25.000 euros. Aunque la mejor noticia para Patrimonio Nacional no ha sido ninguna compra sino una recuperación: el bronce con la Personificación del río Ganges que había salido de Palacio en extrañas circunstancias y que a punto estuvo de salir a la venta en una subasta. El pasado junio regresó al hogar gracias a la histórica ‘sentencia Bernini’, demostrando así que no todo se compra con dinero.














