Arquitectura & Diseño

La metamorfosis del barrio de Neguri: de la aristocracia vasca a las empresas privadas

Por GUILLERMO MARTÍNEZ

Palacio Arriluce © Txema Ybarra

En la localidad vizcaína de Getxo se esconde uno de los ejemplos de arquitectura residencial más soberbios de España. Fruto del despegue industrial de Bilbao a finales del siglo XIX, luego apagada en tiempos de ETA, en los últimos años ha recuperado su lustre original con la rehabilitación de algunas de sus viviendas, que han adquirido nuevos usos. El libro Neguri. Arquitectura (Caligráfico, 2024) hace un recorrido desde la fundación del barrio hasta la actualidad

El propio nombre es una contracción a partir de las palabras en euskera negu e iri, que significan juntas “ciudad de invierno”. Expresa de forma concisa su singularidad, cuyo fin era atraer residentes a Getxo, no solo a veraneantes y visitantes de fin de semana. Así, su público era la emergente clase social surgida del Bilbao industrial, enriquecida con el negocio siderúrgico. El que nos cuenta todo esto es Txema Ybarra, quien ha escrito un libro que también es un homenaje a la arquitectura de la belle époque de uno de los barrios más emblemáticos de Getxo.

Si en un principio estuvo pensado para chalés, pronto dio paso a mansiones donde confluían las corrientes arquitectónicas de moda, como el estilo neovasco, montañés, Old English y Reina Ana. “Para aumentar la diversión, la mayoría de las veces todo se mezclaba y el resultado era ecléctico e indefinible”, apunta. En este sentido, tal era el furor por lo nuevo que los dos estilos arquitectónicos que predominaron entre las residencias señoriales hasta entonces, el neoclásico y el Segundo Imperio francés, se descartaron casi por completo.

Pero Neguri no solo da nombre a una zona concreta de Getxo. “A la par que nace la Sociedad de Terrenos de Neguri surgen en la localidad, a caballo entre los siglos XIX y XX, otros Neguris. Son áreas colindantes con la nueva urbanización y con muy parecidas características arquitectónicas, que por efecto de la metonimia acaban tomando ese nombre tan acertado”, añade.

Todas estas obras constructivas estuvieron pensadas al detalle. El autor de la monografía recalca que, por aquel entonces, los arquitectos tenían una gran educación artística, ya que habían estudiado en la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona, germen del Modernismo, o de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde el ascendente de la escuela parisina de las Beaux Arts era patente. “Los detalles importaban, puesto que los elementos decorativos aún se apreciaban como inherentes a toda buena construcción”. Entre los nombres propios más llamativos se encuentran Fidel Iturria, Manuel María Smith, Ricardo Bastida, Rafael de Garamendi, Leonardo Rucabado, Manuel I. Galíndez y Eugenio Aguinaga.

Más de un siglo después del planeamiento de Neguri, la mayoría de las viviendas siguen siendo los hogares de familias de alto poder adquisitivo que encuentran aquí su retiro diario, ya que la dinámica social del lugar consiste en trabajar en Bilbao capital y dormir en las localidades adyacentes. En cambio, algunas de las mansiones se han transformado en hoteles o dependencias públicas, o bien están en manos de empresas y entidades varias que las utilizan para eventos, sets de rodaje o como centros de investigación. Estos son algunos ejemplos.

La nueva vida de las mansiones de Neguri

Ybarra decide comenzar este recorrido por la casa Bake Eder, que significa “hermosa paz”. Ubicada en el número 32 de la avenida Zugatzarte, es una de las grandes residencias de Getxo, construida en 1901 por el arquitecto Luis Elizalde Urruzola y luego reformada por Smith y Garamendi. Fue el hogar de Encarnación Zavala Arellano y Luis María Aznar Tutor, miembro de la asociación internacional Iron and Steel Institute, el único representante español junto a su pariente Ramón de la Sota.

Esta vivienda se compone de tres grandes cuerpos con tejados de pizarra y cubiertas de pronunciadas vertientes y compleja estructura, de tradición noreuropea. Además, resalta el amplio repertorio de vanos, como arcos de medio punto, arcos rebajados y adintelados y mansardas triangulares. En 2008 el edificio volvió a la vida al convertirse en la sede del Centro de Conocimiento BiscayTIK, un proyecto arquitectónico firmado por el estudio G&C Arquitectos de Bilbao. “Ahí añadieron un nuevo cuerpo acristalado, unido discretamente al edificio original, para ampliar el espacio de oficinas”.

En el número 2 de la calle Cristóbal Valdés por su parte, nos encontramos con Bidearte, que se concibió en 1927 como “una casa de inquilinato de lujo”. Según Ybarra, esta obra se encuentra dentro del estilo regionalista de inspiración palaciega, con rasgos montañeses, mientras que la influencia británica se hace notoria en las fachadas laterales. Fue promovida por el empresario y varias veces senador Tomás Allende Alonso, quien también encomendó al mismo arquitecto la construcción de tres casas para sus hijos: los números 51, 53 y 55 de la avenida Zugatzarte. La primera, una gran mansión neovasca, en 2003 se convirtió en el hotel Embarcadero tras una obra de rehabilitación llevada a cabo por Smith Arquitectos.

Muy cerca de ellas, en la misma calle, pero en el número 52, se encuentra San Joseren, la residencia de verano del propio arquitecto que lo concibió, José Luis de Oriol Urigüen, casado con Catalina Urquijo Vitorica, quien fue una figura muy destacada en el plano empresarial, al ser cofundador de la compañía ferroviaria Talgo y de Hidroeléctrica Española, hoy Iberdrola, y quien también firmó el proyecto del Palacio Arriluce. “En esta casa construida en 1916 fundió el clasicismo con el neomedievalismo, sin dejar de lado los regionalismos de moda en el momento, presentes en muchos detalles”, continúa Ybarra. A día de hoy, el espacio es explotado como un lugar en el que celebrar eventos multitudinarios, como bodas.

En el número 15 de la calle Atxekolandeta está el ya mencionado Palacio Arriluce. La mansión fue construida en 1910 como residencia para Fernando María Ybarra de la Revilla, empresario y destacado político conservador vizcaíno, a quien Alfonso XIII otorgó el título de marqués de Arriluce de Ybarra, y quien cofundó el periódico El Pueblo Vasco, el Banco de Vizcaya y Babcock-Wilcox. Ostentó además los cargos de presidente de Hidroeléctrica Ibérica, General Eléctrica Española y Hullera Vasco-Leonesa. Murió ejecutado en 1936, junto a su hijo y dos sobrinos, en el barco prisión Cabo Quilates, fondeado en la ría de Bilbao.

De nuevo, José Luis Oriol fue el arquitecto que levantó esta mansión a través de una arquitectura neomedieval. “Pero con un extra: un cuerpo incrustado de estilo inglés, enlucido de blanco y destinado en origen al servicio”, subraya Ybarra. Asimismo, el conjunto está rodeado de hermosos jardines en talud, delimitados por muros de contención con arcadas ciegas, donde una espectacular terraza recorre el primer piso.

Reformado en 1940 por Garamendi para dividirlo en tres viviendas, la nueva vida como hotel del palacio tiene la firma de los arquitectos Iñaki Peña Gallano y Carlos García Cedillo. Se han recuperado, entre otros elementos, la gran claraboya sobre la recepción y la escalera noble, junto a marquetería, vidrieras, tapices y gran parte del mobiliario original, que hoy conviven junto a elementos de estilo contemporáneo.

La actual sede de la ingeniería Sener también se ha mudado a este exclusivo barrio, en concreto, a la Villa Lertegi. Inaugurada en 1907, la diseñaron dos arquitectos británicos, Chatterton & Couch. En este caso, se caracteriza por la falta de ornamentos y la sencillez decorativa, muy a la contra de lo que se estilaba en ese momento en Neguri. Aquí, las chimeneas suponen un elemento fundamental en su imagen definitiva al compensar el predominio de formas horizontales. Las grandes dimensiones del edificio, con 954 metros cuadrados de planta, se debían a que tenía que acoger a la extensa familia Sota, compuesta por 13 hijos acompañados por 23 personas de servicio.

Una comisaría en San Ignacio y un palacio para grabar películas

Nos desplazamos un poco más atrás al nacimiento de Neguri. En el monte Aiboa encontramos dos villas, Santa Clara y San Ignacio. Según relata Ybarra en su libro, la primera cumple hoy funciones administrativas para el Ayuntamiento de Getxo y la proyectó José María de Basterra en 1902 para Pedro Chalbaud Errazquin, empresario de afiliación nacionalista, quien llegó a ser presidente de la Unión Española de Explosivos, empresa con presencia en todo el país.

La segunda villa se construyó en estilo Segundo Imperio, sobre los extensos terrenos de la familia Basterra en Aiboa. Es una obra de 1902 de José María Basterra Madariaga para su primo José María Basterra Ortiz. Este último fue uno de los principales fundadores del Banco de Vizcaya y del periódico de orientación católica La Gaceta del Norte. Después de largos años de abandono, en 1996 este palacio se convirtió en la comisaría de la Ertzaintza de Getxo tras una obra llevada a cabo por el arquitecto Ignacio Basáñez Alfonso, que supuso el añadido de dos módulos revestidos de acero corten, tal y como señala Ybarra en su publicación.

Por otra parte, el conocido como Palacio Artaza se yergue como la obra que “marca la gran altura que alcanza la arquitectura de ese momento”, en palabras de Ybarra, construido en Leioa. “Por sus dimensiones, singularidad y posición –mira al resto de edificios desde lo alto, aislado de ellos–, fue quizá la exhibición más elocuente de la riqueza y poder de las élites bilbaínas a principios de siglo”. Sus dueños fueron Josefa Poveda Echagüe y Víctor Chávarri Anduiza, el primer marqués de Triano, un título otorgado por Alfonso XIII.

La residencia fue proyectada en 1914 y el trabajo arquitectónico corrió a cargo del ya citado Manuel María Smith Ibarra, el arquitecto que mejor define el Neguri de mayor boato, califica Ybarra. Y añade: “Smith desplegó todas sus habilidades para diseñar una propuesta deslumbrante”.

San Ignacio © Txema Ybarra

El palacio se inauguró en 1918 con la visita de Alfonso XIII. Tras la Guerra Civil siguió siendo la residencia de los Chávarri. En 1979 quedó abandonado. Más tarde, en 1986, el Gobierno Vasco compró el edificio para uso por parte de la Lehendakaritza, pero su actividad fue muy escasa, y desde 2018 lo gestiona el Ayuntamiento de Leioa y ha servido de set en rodajes de diferentes series de televisión. Su reforma corrió a cargo de Smith Arquitectos, estudio que mantienen en la calle Lutxana de Bilbao los herederos de Smith.

Por último, una Casa Encantada. La Casa Malo Molina, ubicada en el número 20 de la calle Basagoiti, fue firmada por Ciriaco Menchaca. Su diseño debía tener su origen en Cuba. Es por esto que combina elementos del barroco francés, del clasicismo y de la arquitectura colonial en base a los gustos de sus clientes, el comerciante algorteño José Olózaga Gallarreta y la cantante María Eugenia Velázquez Objío.

El nombre de la villa es algo singular. Por las noches, ella improvisaba recitales en la terraza del primer piso y eso llevó a los vecinos a decir que la casa estaba encantada. Finalmente, “Luis Malo Molina Soriano y Dolores de la Riva Casanova fueron los siguientes propietarios de esta casa, que cayó en un largo abandono hasta su adquisición por el Ayuntamiento de Getxo, que la destinó a oficinas municipales tras su rehabilitación en 2011 por Foraster Arquitectos”.