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Esoterismo, arte y pachuli: de cuando a Lou Reed le echaron las cartas del tarot

Por Mario Canal
FUna de las obras expuestas
    © La Casa Encendida

En diferentes momentos de la historia, los artistas se han sentido atraídos y fascinados por buscar e interpretar aquello que queda fuera de la lógica. La exposición ‘La Torre Invertida’, que podrá visitarse en La Casa Encendida hasta el 5 de enero, explora el renovado interés del arte contemporáneo por la imaginería de la adivinación.

Brujas que arrojan hechizos mágicos a un fuego eterno de color azul; chamanes visionarios cuya mirada es capaz de atravesar la materia y el tiempo; alquimistas de extraña personalidad capaces de transmutar la belleza en fealdad y viceversa; oráculos luminosos que hacen reales nuestros miedos más profundos para sanarlos… Podríamos estar hablando del elenco de protagonistas de una narración medieval o de un mal sueño interpretado por Carl Jung. Sin embargo, se ajustan a ese linaje al que pertenecen los artistas plásticos. Para muchos, mediadores entre lo que vemos y el universo espiritual. Creadores de símbolos mágicos y talismanes colectivos, intérpretes de lo que no se ve. La Torre Invertida. El tarot como forma y símbolo, la exposición que puede verse en La Casa Encendida de Madrid, nos recuerda esta conexión entre el arte y el esoterismo.

Arcanos pop

Tras la Segunda Guerra Mundial, las tensiones entre bloques ideológicos llevan a la sociedad a encontrar en la razón tecnológica una forma de supervivencia. Pero con la llegada de la contracultura, la era de acuario, los hippies y las filosofías orientales, la espiritualidad teñida de esoterismo y pachuli cobra relevancia en la creación. Los happenings artísticos son rituales, los creadores, chamanes; las obras de arte, talismanes. Desde el pop y el arte conceptual se recuperan las expresiones de la denominada baja cultura para reconquistar el canon artístico. Es ahí donde el tarot –una forma de interpretación esotérica– se convierte en objeto y sujeto del trabajo artístico.

El título de la exposición, La Torre Invertida, alude a la carta XVI de la baraja, una de las más temidas de este juego: La Torre “representa la destrucción, la ruptura, el cambio radical, repentino, inesperado, imprescindible e inevitable para poder volver a construir y seguir adelante”. En este caso, al estar invertida, podría dar lugar a una interpretación mucho más optimista: la regeneración, la creación de otros mundos posibles, la utopía. Esa es, al menos, la razón por la que Pilar Soler Montes, la comisaría de la muestra, ha elegido esta carta como título de una expo que recoge el trabajo de 12 artistas, que de forma directa o indirecta, han tenido al tarot como referente al crear alguna o muchas de sus obras.

Fotografía de la exposición
© La Casa Encendida
Fotografía de la exposición
© La Casa Encendida

La Torre también aparece en la tirada de cartas que conforman los títulos de crédito del film Cloe de 5 a 7, de la cineasta francesa Agnès Varda y cuyos minutos iniciales podrán verse proyectados en la exposición. La protagonista del largometraje acude a una tarotista y en su lectura del pasado, presente y futuro de Cloe se nos resume de forma magistral el personaje al que seguiremos durante el resto del film. Una secuencia autoconclusiva y metanarrativa que desvela el final trágico de la protagonista.

Otro film icónico, una rareza inédita en nuestro país, es Tarot (1966) de Andy Warhol, el genio del arte capaz de transformar lo banal en sublime. Siendo ya el promotor de la entonces desconocida banda de rock The Velvet Underground, grabó durante más de una hora cómo una joven tarotista leía las cartas a Lou Reed o John Cale. ¿Adivinó ésta el futuro estelar del grupo? 

En principio, aquellas imágenes iban a servir únicamente como recurso audiovisual para ser proyectadas durante el show The Exploding Plastic Inevitable, que dio a conocer a la banda. Un espectáculo en el que el sonido de The Velvet Underground estaba arropado por una lisérgica y espléndida capa de imágenes que se proyectaban por todo el escenario, sobre los intérpretes y los asistentes.

Hay otros muchos ejemplos en la exposición sobre cómo el tarot ha influido en los artistas. Algunos artistas participantes han ilustrado de forma revolucionaria los tradicionales arcanos –las figuras o imágenes que hay que interpretar para dar un sentido u otro a las lecturas–. Por ejemplo, el colectivo King Kahn, que ha sustituido los tradicionales símbolos por otros de la cultura pop y afrodescendiente. Así, Tina Turner se convierte en la Emperatriz de la baraja. Mientras, en el tarot de Suzanne Treister –que la Tate Modern ha adquirido para su colección–, las imágenes se inspiran en el cómic contracultural de los 70 -aunque la artista fue pionera del arte electrónico- para dibujar un mundo alternativo de utopías posibles. Como el que creó Niki de Saint-Phalle a escala real.

Fotografía de la exposición
© La Casa Encendida

La aristócrata, modelo de alta costura y artista comenzó la construcción de una serie de esculturas gigantes a mediados de los años 60, inspiradas en Gaudí y su Parque Güell, y dedicadas a los arcanos del tarot. Son formas biomórficas cuyas estructuras están realizadas en hormigón y acero, recubiertas después con cristales y azulejos que dibujan los rostros, ropajes y formas del cuerpo. Aún puede visitarse en Italia este mágico lugar en el que la estética naif de la artista, que hizo famosa con sus nanas o mujeres orondas, alcanza cotas míticas. 

En la exposición también hay artistas de generaciones actuales que, ante una realidad digital masiva, buscan conexiones con lo invisible. El magma líquido de las pantallas digitales podría ser tanto el reflejo de un multiverso casi infernal, como dice el colectivo fundado en Londres en 2004 Plastique Fantastique. “Un grupo de humanos y avatares que transmiten mensajes desde el pasado y futuro extremos”, según ellos mismo se definen. Investigando las estéticas de lo mítico, lo sagrado, lo popular y la política, ofrecen performances y vídeos críticos con la situación socio cultural contemporánea, uno de los cuáles podrán verse en La Casa Encendida.

Simbolismos, geometrías sagradas, ritos ancestrales. El arte, al igual que el esoterismo, busca trascender lo material y conectar con una realidad más profunda e ignota. Y lo mágico ofrece un marco conceptual para explorar cuestiones existenciales como el significado de la vida, la naturaleza de la conciencia y nuestra relación con el universo. Aportar respuestas alternativas a retos existenciales que, ya sea mediante la astrología, el tarot o la ouija, nos ayuden a trascender un mundo demasiado lógico.

Una de las obras expuestas
© La Casa Encendida
Imagen de algunas obras expuestas
© La Casa Encendida

Lo que hay al otro lado

Lo cierto es que encontramos manifestaciones de la conexión entre el arte y el esoterismo mucho antes de los años 60. Los artistas llevan siglos relacionándose de manera natural con la psicomagia y el esoterismo, en una búsqueda más cercana al espiritismo que a lo espiritual. Sobre todo, a partir de finales del siglo XIX, cuando se pone de moda hablar con los muertos, hacer reuniones para contactar con el más allá e incluso invocar a los espíritus para captarlos con la incipiente revolución fotográfica. Una fiebre que en EEUU se da entre grupos de mujeres, muchas de las cuales habían perdido a sus maridos en la sanguinaria Guerra de Secesión.

En el libro The Other Side (El otro lado), la ex directora de la revista Frieze, Jennifer Higgie, traza una historiografía de las mujeres artistas que se interesaron por las realidades que quedan en otros confines. Por ejemplo, Georgiana Houghton, que nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1814, séptima hija de una familia de comerciantes británicos y considerada la primera mujer en realizar pinturas abstractas, antes incluso que Hilma Af Klint, a quien el Museo Guggenheim de Bilbao dedica una exposición que se inaugura este mes y a quien habitualmente se le adjudica la creación del arte abstracto. 

"El espíritu es quien conduce mi mano cuando pinto sin que yo pueda hacer nada para controlarlo”, dijo sobre los dibujos que hacía cuando entraba en trance. Si bien su trabajo y el de otros muchos creadores que quedaban fuera de los márgenes del arte tradicional –de la crítica y la academia– se etiquetaban de forma automática en el cajón desastre del Art Brut –o outsider art– en los últimos tiempos su trabajo se está reposicionando dentro de la visión institucional de la historia.

A diferencia de Kandinsky, a quien se atribuye la teorización del arte abstracto en 1910, la canaria no tuvo ningún éxito con su obra. Expuso en alguna ocasión, pero su fracaso comercial la llevó a la ruina. Murió en la pobreza en 1884 y su obra pictórica, al igual que el libro Crónicas de las Fotografías de Fenómenos y Seres Espirituales Invisibles al Ojo Material, publicado dos años antes de su muerte, cayeron en el olvido.

Fotografía de la exposición
© La Casa Encendida
Fotografía de la exposición
© La Casa Encendida

A principios del Siglo XX, Emma Kunz toma el relevo de Af Klint. Ambas, hacen uso de la abstracción para dar salida a los mensajes extrasensoriales que les llegan del más allá. Por su parte, Kunz, que fue una reconocida naturópata –tenía supuestas habilidades telepáticas, mediúmnicas y adivinatorias–, utilizó la abstracción como medio de curación. A partir de 1938 realiza dibujos de grandes dimensiones de formas geométricas y repetitivas de expresivos colores, frente a los que coloca a sus pacientes como forma de curación y diagnóstico. Realizó alrededor de 500 de estas hipnóticas obras.

El hecho de que este tipo de piezas fueran desarrolladas por mujeres no es una coincidencia. La marginación a las que tradicionalmente se las sometía en el ámbito social, profesional y artístico las empujaba a usar lenguajes alternativos. La realidad les era hostil, por ello se refugiaban a menudo en los sobrenatural.

“Los visionarios solitarios son despreciados o considerados anormales y excéntricos. Aquellos que no están envueltos en el letargo y que sienten vagos anhelos de vida espiritual, conocimiento y progreso, lloran en áspero coro, sin nadie que los consuele” dejó escrito el pintor Wassily Kandinsky sobre los artistas, seres incomprendidos y abandonados por la sociedad en su búsqueda de lo sublime.