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Steve McCurry, el ‘padre’ de ‘La niña afgana’: “La IA no es algo que me preocupe”

Por Ana Mª Nimo

Steve McCurry

El fotógrafo estadounidense, que ha pasado por Madrid para presentar el libro ‘Capturando el alma’, comparte sus reflexiones acerca del papel que la tecnología juega en la práctica de la fotografía.

Hay momentos que ponen el contador a cero. Para Steve McCurry (Filadelfia, 1950), en 1985 ocurrió algo que redefiniría su vida para siempre: una foto suya dio la vuelta al mundo, algo nada sencillo en tiempos previos a la viralidad. La imagen en cuestión, que ilustraba la portada de junio de National Geographic, mostraba el rostro de una niña que sostenía la mirada a quien fuera que estuviera al otro lado. Se trataba de Sharbat Gula, una huérfana de 12 años, que posó para él en el campo de refugiados de Nasir Bagh, durante la guerra de Afganistán.

La mirada de La niña afgana traspasaba el papel, apelaba directamente a quien la observaba, el estoicismo de aquella pequeña víctima precoz de los sinsentidos de la vida, conmovía y atraía a partes iguales. ¿Habría tenido el mismo impacto si se hubiera publicado en la era de la sobreexposición? “Creo que Internet, Instagram... Han desensibilizado a las personas, que cada vez más y más estímulos. La fotografía es algo más tranquilo, sentido... Y ahora hay personas que se lo toman como un deporte o algo por el estilo. Creo que esto es un serio problema”, advierte el fotógrafo durante su fugaz paso por Madrid para la presentación de Capturando el alma (Artika Books), un libro que traza un recorrido de su carrera a partir de la publicación de la célebre fotografía.

Tras trabajar dos años en un periódico, Curry abandonó su Filadelfia natal para probar suerte como fotógrafo documental en La India. Allí aprendió una máxima le acompañaría toda su vida: “Si eres paciente, la gente olvida tu cámara y deja aflorar su alma”. Pronto se trasladó a Pakistán, desde donde logró cruzar hasta Afganistán disfrazado de local con ayuda de los rebeldes. Sus retratos de la guerra hicieron que el resto del mundo volviera la mirada hacia un conflicto que hasta ese momento le había resultado ajeno. Aquel trabajo le valió la medalla de oro de Robert Capa, la consagración como fotoperiodista y le insufló el fuel suficiente como para, a día de hoy, seguir jugándose el tipo para observar a través de su objetivo diversos conflictos civiles e internacionales.

Desde entonces, McCurry ha seguido viajando con regularidad a países como China, India o el propio Afganistán -donde llegó a poner en marcha Imagine Asia, una ONG que ayuda a los niños afganos a acceder a la educación, como si tratar de saldar alguna deuda con aquella niña- en busca de una foto que contara algo nuevo sobre los rincones del mundo a los que la mayoría prefiere no acercarse.

Algunas de las imágenes que ha tomado en estos años se han quedado guardadas en un cajón - “no he querido ser irrespetuoso”-, otras, han dejado en él una huella indeleble. “Las fotografías cambian la forma de ver el mundo. Estás en un hospital donde hay cientos de personas heridas de guerra y una parte de ti se refleja, te transforma. Ese amargo dolor se queda contigo. Así que sí, te cambia. Algunas veces para bien, otras veces para mal”.

‘Reflejo del Taj Mahal en Agra. India’, 1999. © Steve McCurry
‘Bandeja de té pasada entre vagones en Peshawar. Pakistán’, 1983. © Steve McCurry
‘Monasterio de Shaolin en Henan. China’, 2004. © Steve McCurry

En un mundo en el que puede generarse casi cualquier imagen a partir de unas palabras tecleadas en el ordenador, cuesta creer que haya quien esté dispuesto a cruzar medio mundo para poner en riesgo su vida por una foto: “Yo no pienso que la IA tenga algún lugar en mi mundo. Eso es un mundo de fantasía y yo creo que con lo que lidio es más real, es mi interpretación del mundo real. La IA no es algo que me preocupe especialmente”.

Hace unos años -ocho, concretamente-, el trabajo de McCurry fue puesto en entredicho, precisamente, por el uso de herramientas digitales. El problema empezó cuando Teju Cole, experto en fotografía de The New York Times, acusó al estadounidense de retocar sus imágenes, algo que consideraba inaceptable tratándose de fotografía documental. Las fotos que, efectivamente, habían sido manipuladas rápidamente desaparecieron tanto de sus archivos personales digitales como del de la agencia Magnum, en la que había trabajado durante muchos años. Ante la pregunta de qué papel deben desempeñar las herramientas de retoque digital en el fotoperiodismo, él se desmarca: “Yo no soy fotoperiodista, quizás deberías hablar con otro. Eso no es lo mío”.

Lo suyo puede verse en Capturando el alma (Artika Books), un volumen -del que solo se imprimirán 2.998 ejemplares- en el que McCurry selecciona 40 fotografías que han sido claves para él: “La intención era que las imágenes pudieran encajar juntas, en una secuencia lógica, que contaran una historia. Quería que esta secuencia reflejara mi recorrido vital de forma armoniosa y fluida”. Todas ellas están acompañadas por anécdotas y recuerdos personales que dotan de una nueva dimensión a algunas de las imágenes más icónicas del último medio siglo.