Arquitectura & Diseño

Las grandes ciudades plantan jardines en los tejados para compensar la falta de espacios verdes

Por Mario Canal

The Valley, Amsterdam. Foto © Ossip van Duivenbode

En ciudades como Londres, Ámsterdam u Osaka cada vez es más frecuente encontrarse con parques a los que se accede a través de un ascensor. La falta de suelo disponible unida a la demanda ciudadana de espacios verdes ha convertido en tendencia la creación de vergeles en las alturas. Algunos de ellos, además, son espectaculares.

Por el momento son un gesto arquitectónico sofisticado, cuando en realidad podría ser una medida de aplicación masiva que haga más soportables las ciudades. Los jardines elevados sobre edificios son un reclamo de marketing para promociones inmobiliarias, como el Battersea Roof Gardens -con 23.000 plantas y 55 árboles- que acaba de terminar Forster+Partners en Londres. O el Sky Garden, situado en la cima del icónico -y polémico- Walkie Talkie, a 155 metros sobre el nivel de Piccadilly Circus, y que es más una experiencia urbana donde tomar champán mientras se escucha música en vivo que una plataforma para el activismo ecológico. Sin embargo, iniciativas como estas apuntan hacia dónde puede crecer la vegetación en las ciudades, una vez consumido el espacio público a ras de suelo por el pavimento y el ladrillo.

También el Crossrail Place en la capital inglesa invita a disfrutar de un jardín de altura. Situado en el barrio de Canary Wharf –llamado así porque a ese punto llegaban los barcos cargados de productos de las islas canarias–, es resultado de la colaboración entre la oficina de Norman Foster y los paisajistas Gillespies, igual que el Battersea Park. Se realizó en 2015 y su forma recuerda la de un navío, conectando así con el pasado marítimo de este puerto comercial. El Crossrail es de acceso público, tiene 300m de largo y en él se organizan acciones culturales y comunitarias, aunque es más un invernadero chic que un espacio natural de potencial transformador.

Battersea Roof Gardens
          Foto © Nigel Young
The Sky Garden
Crossrail Place Roof Garden

Ejemplos espectaculares

La capital inglesa no es la única en la que la naturaleza puja por reconquistar el terreno arrebatado por el asfalto y el ladrillo. La demanda ciudadana de tener ciudades más verdes es algo transversal, pero ante la evidencia de que la partida contra el ladrillo está perdida, solo queda buscar espacios alternativos desde los que ofrecer resistencia. En las últimas décadas, los jardines elevados han proliferado por todo el mundo. Responden a un diseño arquitectónico original en el que la vegetación es parte central del proyecto, más que a un parcheado secundario.

Buena muestra de ello es Namba Parks, en Osaka, una jungla urbana de 32.000m2. Construida en varias alturas, recuerda las formas sinuosas de Frank Gehry, aunque la obra edificada en 2009 es de Jon Jende, especialista en edificios empresariales y centros comerciales. No deja de ser un espacio estético más que productivo. Sin embargo, los cultivos elevados en Japón se convirtieron en esenciales tras la catástrofe de Fukushima, cuando un tsunami destruyó la central nuclear de la ciudad convirtiendo grandes extensiones en tierras imposibles de cultivar debido a la polución radioactiva.

La espectacularidad del Namba reside en la forma de ladera que desciende escalada con diferentes parterres y también en el cañón central que separa los dos bloques estructurales principales, de cuyas fachadas interiores cuelgan especies vegetales. Algunos de sus jardines son comunitarios, es decir que pueden ser cultivados por los vecinos de la zona, y la reducción de las temperaturas en verano llega a ser de hasta 15º respecto al calor acumulado en el asfalto, a ras de suelo.

Namba Parks, Osaka
Namba Parks, Osaka
The Valley, Amsterdam
Foto © Ossip van Duivenbode
The Valley, Amsterdam
Foto © Ossip van Duivenbode
High Line, 10th Avenue Square at 17th St. and 10th Ave.
Foto © Iwan Baan
High Line, 10th Avenue Square at 17th St. and 10th Ave.
Foto © Iwan Baan
Mandela Park, Almere
​Foto © François Hendrickxo
Mandela Park, Almere ​
Foto © François Hendrickx
Vivaldi Rooftop Park
Vivaldi Rooftop Park

Más recientemente, en 2021, la oficina de arquitectura MVRDV terminó en Ámsterdam una obra llamada The Valley. Se trata de un rascacielos residencial de tres torres cuyas terrazas también recuerdan los bancales de una ladera cubista. En total, la superficie verde tiene 1.787m2, distribuidos en 26 plantas y 370 miniparcelas. El responsable de ajardinar esta obra fue Piet Oudolf, uno de los paisajistas más reputados del mundo. Es el diseñador de cabecera de Hauser & Wirth, la mega galería de arte. Para ellos creó un paraje en Somerset, así como los paisajes del museo guipuzcoano Chillida Leku e Isla del Rey, en Menorca, donde los galeristas suizos tienen sedes. Igualmente, es responsable de High Line, uno de los jardines elevados más famosos e instagrameados del mundo, plantado sobre una antigua vía de tren en Manhattan y que es visitado por ocho millones de personas al año.

Volviendo a los países bajos, el Mandela Park de Almere está compuesto de un jardín que crece en la superficie de un parking de 200m de largo y está conectado a otro espacio verde a techumbre de suelo, dando continuidad al proyecto en dos alturas. La oficina de Rem Kolhaas, OMA, es responsable de esta concepción levantada en 2010 que buscaba plantear además el diseño de una nueva identidad a todo el casco urbano. El paisajismo en este caso corrió a cargo de Karres en Brands, responsables también del Vivaldi Rooftop Park, que es más bien un sencillo espacio verde de 2.000m2 en una zona empresarial de Amsterdam.

Islas de frescor

Según la Agencia medioambiental europea (EEA, en sus siglas en inglés) el 42% del espacio urbano en ciudades europeas son zonas verdes, aunque en este concepto también se incluyen lagos, ríos, espacios naturales y agrícolas. En Londres, el 40% del espacio público es vegetal y cuenta con 900.000 árboles, mientras que por ejemplo en el casco urbano de Madrid habría unos 660.000. Una cifra que no es suficiente para atenuar el efecto “isla de calor” que todas las ciudades sufren debido al recalentamiento que generan el ladrillo, el hormigón y el asfalto. El aumento de las temperaturas –desde 1991 un 0’9º, según diversas fuentes– tiene más impacto en las urbes y sólo la masa vegetal puede atenuarlo.

Las razones para que en las azoteas de las ciudades crezca la semilla de un cambio virtuoso son tan variadas como inevitables a medio y largo plazo. Además de mitigar las temperaturas, permiten la gestión activa del agua de lluvia, crean hábitats naturales e impulsan la biodiversidad, funcionan como aislantes facilitando la eficiencia energética y acústica, su atractivo estético y potencial artístico son innegables, generan beneficios en la salud física –al propiciar un aire más limpio– y mental –por el bienestar que puede darnos el acceso cotidiano a un espacio verde–, y son escenario de acciones educativas, culturales y comunitarias.

Battersea Roof Gardens
Foto © Nigel Young
High Line, Little West 12th St
Foto © Iwan Baan

Ciudades sostenibles

Algunos proyectos exigirán más inversión, tanto para ser construidos como mantenidos, pero en este segundo aspecto también se están produciendo avances interesantes.

Las especies vegetales como las plantas de la familia Sedum tienen una necesidad menor de ser atendidas que los jardines florales o de especies delicadas. Con ellas, la alcaldía de París ha encimado las paradas de autobús de la ciudad. Un gesto simbólico de alcance también práctico que da ejemplo y abre el camino a ser replicado sobre todo tipo de inmuebles.

La Agenda Verde no es un asunto de moda, sino de supervivencia…”, dijo Norman Foster en una conferencia ya en 2007. El arquitecto británico es uno de los proyectistas que más importancia dan a la posibilidad de utilizar un aspecto que suele ser tremendamente polucionante, como la arquitectura, en un vector de cambio positivo o al menos neutro. Por ello, desde la Fundación Norman Foster promueve el estudio y la formación en sostenibilidad para los jóvenes arquitectos.

Además de proyectos suyos antes mencionados, como los del Battersea Roof Gardens –que se amplía con una promoción contigua llamado 50 Electric Boulevard que también cuenta con parque superior– o el Crossrail Place en Londres, la vegetación tiene un espacio principal en otras construcciones del británico, tanto en el jardín interior de la Copenhague Towers, como la techumbre vegetal del Willis Faber and Dumas Headquarters, aunque este último no pasa de ser una cubierta de césped que en realidad consume mucho agua, por lo que tampoco es excesivamente ecológico.

Universidad de arte, diseño y medios de Nanyang, Singapur
Universidad de arte, diseño y medios de Nanyang, SingapurUniversidad de arte, diseño y medios de Nanyang, Singapur
Foto cortesía de CPG Consultants

Lo mismo sucede con la Universidad de arte, diseño y medios de Nanyang, en Singapur, que propone igualmente una espectacular doble techumbre verde en forma de semielipse, que necesita de ser sometido a regulares tratamientos fitosanitarios para evitar las hierbas de otras especies que puedan ensuciar su perfecta homogeneidad.

Este pequeño país asiático, que por cultura y geografía convive de forma inmediata con la naturaleza, pero además es uno de los más avanzados a nivel tecnológico y financiero, destacó en la pasada Exposición Universal de Dubái 2020 con uno de los pabellones más revolucionarios que se presentaron. Creó un ecosistema vertical y horizontal selvático de interior y autosostenible cuyo mantenimiento generaba cero emisiones y producía especies vegetales de todo tipo, tanto ornamentales como comestibles. Un ejemplo ideal de la simbiosis a la que puede llegar la arquitectura, y la ciudad, en contacto con la naturaleza.