La sede del Instituto Cervantes, la casa-palacio de Demetrio Palazuelo, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería o el Círculo de Bellas Artes son algunos de los grandes ejemplos que dan buena cuenta del desempeño de Palacios en la capital, también popular por sus trabajos en el Metro de Madrid.
P asear por Madrid es verle en muchas de sus esquinas. Edificios majestuosos que conjugan modernidad y clasicismo se alzan hacia el cielo de la capital, ahora convertidos en importantes enclaves de tránsito público en su mayoría. Antonio Palacios Ramilo, natural de O Porriño (Galicia), contribuyó a convertir Madrid en esa ciudad cosmopolita con la que soñaba.
Ahora, cuando se acercan los 150 años de su nacimiento, los ritmos han cambiado, la sociedad es diferente y los usos han variado; pero la arquitectura queda, impertérrita, como testigo fiel y pedregoso del paso del tiempo.
Palacio de Cibeles
Después de que el Gobierno de la época hiciera desaparecer los Jardines del Buen Retiro en 1903, el espacio fue ocupado por la Casa de Correos y Telégrafos construida mediante un proyecto firmado por Palacios y Joaquín Otamendi. Su propuesta se adaptaba perfectamente a la irregularidad y gran extensión del solar, y se caracterizaba por su originalidad, monumentalidad y deseo de trascendencia. “Ganaron el concurso recién salidos de la escuela y ya se vio cómo Palacios sería un arquitecto que miraría hacia el ornamento de la ciudad, que buscaba embellecerla”, apunta Alberto Sanz, director del centro de Documentación de Arquitectura del Colegio Oficial de Madrid (COAM).
El edificio adquiere una notable monumentalidad desde que uno atraviesa sus puertas y se detiene frente al hall del que parte una gran escalinata. En el exterior destaca la fachada, coronada por un cimborrio octogonal sobre el crucero, de 70 metros de altura. A pesar de la clara diferenciación de las partes, el lenguaje estético, en el que se funden detalles neoplaterescos y modernistas, incluso Art Decó, otorga unidad a todo el conjunto, determinan en la Fundación del Colegio.
Casa-palacio de Demetrio Palazuelo
Estamos ante una de las primeras obras de arquitectura doméstica de Palacios en la que no renuncia a su característica monumentalidad. Si uno alza la mirada, verá cómo las plantas responden a la tipología de casa burguesa de la zona, con dos viviendas organizadas alrededor de un patio principal y divididas en dos sectores: el principal y de servicios, con escaleras independientes y enfrentadas.
“En este edificio se aprecia la modernidad de Palacios al pensar que la planta baja debe estar dedicada al comercio. El arquitecto quería convertir Madrid en una gran ciudad cosmopolita, como eran Chicago y Nueva York; y lo quería hacer a través del estilo clásico, pero también utilizando materiales modernos como el cristal y el acero”, desarrolla Sanz.
Talleres del ICAI, Escuela Técnica Superior de Ingeniería
Era 1903 y la Compañía de Jesús quería paliar la deficiente educación industrial de la España de finales del siglo XIX. El Instituto Católico de Artes e Industrias ideado por el arquitecto Enrique Fort se quedó pequeño, por lo que Palacios construyó los talleres en un nuevo edificio. Considerada una de sus obras de mayor sencillez y rigurosidad, en la actualidad ha desaparecido prácticamente.
Solo quedan las fachadas que dan a las calles Santa Cruz de Marcenado y Alberto Aguilera, ya que se ha ampliado en altura. “Es una pena porque los talleres eran perfectos. Todavía están las ventanas triples con arcos de ladrillo y piedra, preciosos. Esa era la fuerza del edificio, ver seis ventanas con tres huecos cada una, unas 18 ventanas en fila única, pero ahora se ha desvirtuado con el crecimiento en altura”, añade el experto.
Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula
Levantado en 1908, este ejemplo de arquitectura hospitalaria fue ideado para albergar 150 camas. Ocupa una manzana completa del plan Castro y su planta se articula en torno a un patio central octogonal, del que parten cuatro ejes. Las galerías de comunicación y escaleras están totalmente abiertas para lograr una higienización del aire lo más alta posible.
“Palacios elige colocar la iglesia junto a la calle Raimundo Fernández Villaverde y rompe el esquema tradicional seguido en estos complejos”, comenta Sanz. Este Hospital está considerado como una de las obras maestras de Palacios y de la arquitectura española del momento.
Sede del Instituto Cervantes
“Construido en 1910 como el Banco Español del Río de la Plata en un solar en el que ya estuvo el palacio de la Casa Irujo, es otro ejemplo del perfecto maridaje que desempeña Palacios, esta vez junto a Otamendi. Los arquitectos conjugan los órdenes clásicos de vigor y rotundidad con la innovación de las superficies lisas de grandes vanos acristalados. Una constante de Palacios se repite en la actual sede del Instituto Cervantes, pues los planos iniciales excedían en siete metros de altura los 18 metros permitidos. Esto no fue óbice para conseguir el permiso de obras después de que el arquitecto utilizara el argumento de la monumentalidad basado en el grupo de cariátides que preside la entrada para convencer a los técnicos.
Una reforma y ampliación llevada a cabo en 1940 hizo que se perdiera el grandioso espacio central del que se abrían perimetralmente las dependencias bancarias. El inmueble, adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, fue cedido al Estado en 2003 a cambio del Palacio de Telecomunicaciones de Cibeles, actual sede del Consistorio madrileño.
Estaciones de la Línea 1 de Metro
Aunque Palacios fue el gran artífice de las primeras estaciones de suburbano que existieron en la capital y, por ende, en España, actualmente tan solo queda la de Tirso de Molina como gran ejemplo de su labor. Consciente de que se trataba del transporte público, los materiales debían ser duraderos. “Eso lo hizo muy bien, con un exterior de las estaciones sin casi decoración, con piedras de granito y una cerrajería muy sencilla y potente”, enfatiza Sanz.
Si ponemos la mirada en Tirso de Molina, los materiales elegidos estaban orientados a la necesaria ventilación del lugar, intentando que fuera lo más higiénico posible. De ahí ese azulejo blanco que capta toda la luz posible. Sencillez, una digna decoración y máxima funcionalidad se dan la mano.
Templete de acceso al Metro de la Puerta del Sol
El modernismo vuelve a salir a la luz gracias a esta estructura de hierro y vidrio. El templete que nos ocupa, sito en el kilómetro 0 y ahora desaparecido, tenía grandes voladuras. “Era espectacular, con un gran ascensor. El templete lo entiende como un pilar de embellecimiento de la ciudad. Se convirtió en un punto de encuentro, casi un centro cívico”, relata el director del Centro de Documentación de Arquitectura del COAM.
En la actualidad, un templete parecido se puede apreciar en la intersección de la calle Montera con Gran Vía gracias a una recuperación del templete que también se ubicaba en este lugar.
Central Eléctrica de Pacífico
Aquí se demuestra la versatilidad de Palacios, que pasa de grandes edificios nobles a idear espacios industriales como este en 1922. “Tenía que albergar unos motores enormes, como los del Titanic, por lo que crea un gran espacio abierto sin pilares entre medias valiéndose del acero”, recalca Sanz.
Asimismo, es un ejemplo de cómo Palacios estaba a la última en lo que a arquitectura centroeuropea concierne debido a la composición de los pabellones adjuntos en los que destacan la mampostería, la fábrica de ladrillo y la piedra artificial como materiales básicos.
Edificio Matesanz
Fue uno de los primeros edificios de oficinas sin viviendas que se pudieron ver en la capital. En 1919, Palacios no había dejado de lado las órdenes gigantes con las que trabajaba. Al orden clásico de piedra le añade el modernismo del vidrio y el hierro. Los locales y oficinas quedaron diáfanos alrededor de un gran distribuidor central para que el cliente pudiera distribuirlas libremente.
“Es curioso cómo Palacios se convirtió en el introductor de la modernidad arquitectónica en Madrid pero, al final, sus obras no son modernas al completo desde la perspectiva ornamental y estética”, incide Sanz.
Círculo de Bellas Artes
Durante el mismo 1919, Palacios llevó a cabo una de sus obras más emblemáticas. De nuevo, el arquitecto tuvo problemas con la licencia. “Una y otra vez se las tenía que ver con la Administración para demostrarles que el edificio tenía que tener ese tamaño y no podía ser otro, y ganó”, explica el especialista. De hecho, si uno pasea por la calle Alcalá, ni siquiera se da cuenta de la altura del inmueble. Eso ocurre porque la planta baja sí está confeccionada a escala humana en cuanto a volumen y composición.
El edificio fue confeccionado para albergar vestíbulos, salas de exposición, conversación y mirador en la planta baja; vida íntima del club, pequeños recreos y mirador en el entresuelo; y grandes fiestas, salones de reunión y conversación en la planta principal. En el primer ático se ubicaba la biblioteca, y en el segundo ático la sala de recreos y junta directiva. La primera planta de terrazas estaba dedicada a los comedores y cocinas, y la segunda planta de terrazas a los estudios de Bellas Artes. Los baños, el gimnasio, esgrima y bar-baile estaban en el primer sótano. Además, en la primera planta y el entresuelo hay un teatro-cine.