Exposiciones

EL ARQUEÓLOGO QUE DESCUBRIÓ LA TUMBA DE Tutankamón (Y SU EXTRAÑA RELACIÓN CON LA CASA DE ALBA)

Por Pilar Gómez Rodríguez

Howard Carter inspects the innermost coffin of solid gold in a photo taken in October 1925, now colorized.

El Palacio de Liria muestra una exposición en la que rescata las conferencias que el arqueólogo Howard Carter, famoso por descubrir la tumba de Tutankamón, impartió en Madrid en los años veinte. Fotos, objetos, libros y artículos de prensa documentan una estancia que revolucionó la vida social de la ciudad y marcó el inicio de una duradera amistad con el XVII duque de Alba.

Mi querido duque de Alba. Ha llegado la hora de despedirme y tengo que expresarle mi más profundo agradecimiento por la extraordinaria amabilidad que he recibido y por las molestias que haya tenido que soportar esta semana. Mi visita a Madrid ha sido verdaderamente provechosa. Le repito que ha sido la mejor semana de mi vida y que nunca la olvidaré”.

Con estas palabras Howard Carter, el arqueólogo que justo dos años antes había descubierto la tumba de Tutankamón, aquel que había visto “cosas maravillosas” al alumbrar el interior del hipogeo del faraón y había escrito en letras de oro su nombre en la historia de la arqueología mundial junto al malogrado lord Carnarvon (fallecido por la infección accidental de una picadura del mosquito y no por ninguna maldición faraónica), se despedía en Madrid de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba, el 29 de noviembre de 1924.

El egiptólogo abandonaba el Palacio de Liria, la residencia ducal, después de cinco jornadas en España en las que había visitado la capital y Toledo, había impartido dos conferencias sobre el hallazgo y se había deleitado con las colecciones de pintura del Museo del Prado. Dibujante de formación (la primera vez que se acercó a la egiptología fue para pasar a tinta los calcos de los relieves de algunas tumbas egipcias excavadas por Percy Newberry), Carter declararía en una entrevista de Rafael Villaseca publicada en el diario ABC tras su marcha: “Como después de la arqueología nada me interesa tanto como la pintura, Madrid y Toledo me han proporcionado ratos inolvidables. Con tan buen cicerone como el duque de Alba, he pasado las mañanas en el museo del Prado, del que con razón están ustedes orgullosos. Es soberbio, y por si esto fuera poco, he estado alojado en el Palacio de Liria, superior por lo completo de sus colecciones y la importancia de las obras que posee a los más calificados palacios ingleses que yo conozco”.

El duque de Alba con su hija Cayetana

Carter había llegado a España en tren desde París el lunes 24 de noviembre, acompañado del propio duque, en calidad de presidente del Comité Hispano-Inglés, que había organizado dos charlas en la Residencia de Estudiantes sobre ‘El descubrimiento de la tumba de Tutankamón'. El ponente cobraría ochenta libras por ellas, además de disfrutar de todos los gastos pagados. La primera la pronunció el mismo día de su llegada, a las seis de la tarde, y a ella asistieron, entre otros, el filósofo José Ortega y Gasset, el director del Museo Arqueológico Nacional, José Ramón Mélida, y numerosos diplomáticos y embajadores. “Muy de agradecer es la amabilidad de Mr. Carter que, al venir aquí, ha retrasado su marcha a Egipto, donde le aguardan interesantes trabajos”, elogió el duque de Alba durante la presentación de la conferencia.

Folleto de la conferencia sobre el descubrimiento de la tumba de TutankamónArchivo Casa de Alba / Residencia de Estudiantes

El éxito fue absoluto, la convocatoria desbordó todas las previsiones, y tanta gente se quedó a las puertas de la sala, sin poder acceder al recinto, que hubo de buscar a toda prisa un espacio más grande para la segunda. Esta se impartió finalmente el miércoles 26, un día después de lo previsto, en el desaparecido teatro Fontalba, a la altura del número 30 de la Gran Vía. “¿Quién dijo que en España no sabíamos hablar inglés?”, inquiría el cronista del Heraldo de Madrid en su edición del 27 de noviembre. “Desde las cinco se apelotonaba ayer un nutrido público a las puertas del Fontalba, deseoso de invadir la hermosa sala del teatro para escuchar la palabra de un británico ilustre: explorador, egiptólogo, conferenciante y, sobre todo, hombre de tenacidad y paciencia ejemplares. En España se sabe mucho inglés. Bien es verdad que buena parte del auditorio era aristocracia española, que apenas si puede acudir a otra clase de conferencias, por la dificultad que representa que estén dichas en castellano”, lamentaba.

Howard Carter (izq) y el duque de Alba (dcha) LA ESFERA,1928

El martes 25, entre ambas conferencias, Carter visitó el Museo Arqueológico Nacional, donde contempló su colección de antigüedades egipcias, y su anhelado Museo del Prado. El miércoles 26 fue recibido por el rey Alfonso XIII en el Palacio Real y pronunció su segunda conferencia, para después visitar Toledo. Se informó de que alargaría su estancia para visitar Ávila y Segovia, pero finalmente abandonó España –hasta donde hay registros documentados– el día 29 en el que redactó la misiva de despedida con la se abría este artículo.

Egipto, un fenómeno de masas en la España de los años 20

El documento original de la carta, junto a numerosas obras de arte, recortes de prensa y libros se exhibe ahora, coincidiendo con el centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón, en el mismo Palacio de Liria en el que el egiptólogo se alojó. Aunque el edificio y sus jardines no son los mismos que el inglés admiró (el recinto sufrió severos daños durante la Guerra Civil española), la muestra es un pormenorizado viaje en el tiempo a aquellos años en los que el descubrimiento de la tumba del “faraón-niño” fue el aldabonazo definitivo que convirtió a la civilización faraónica en un fenómeno de masas. Tanto, que el propio Carter regresó de nuevo a España tres años y medio después, para profundizar en los pormenores del hallazgo con dos nuevas conferencias.

Así, el 19 de mayo de 1928, volvió por segunda vez al país para impartir dos charlas en la Residencia de Estudiantes. Como en 1924, el inglés se alojó de nuevo en el Palacio de Liria y también como entonces, las estimaciones del aforo previsto, pese a que los asistentes debían contar con invitación previa, fueron sobrepasadas. Toda la élite cultural y social quiso acudir a escuchar al egiptólogo, desde la reina Victoria y las infantas Beatriz y Cristina, a los embajadores y ministros de diferentes países o el destronado rey de Grecia Jorge II.

Carta de agradecimiento de Howard Carter al duque de Alba.Archivo Casa de Alba
Los baúles de la casa de Alba

El público pudo contemplar la cabeza y los hombros del ataúd exterior de Tutankamón, al tiempo que el arqueólogo mostraba fotos del féretro exterior, sus diferentes envolturas de lienzo, y las láminas de oro e inscripciones que había en él, los diferentes ataúdes (tres), el interior de los mismos, la máscara, la mortaja, los adornos e inscripciones que había ocultos entre los diferentes vendajes de la momia, su cráneo… O los juegos de amuletos, pectorales, brazaletes, pulseras, cinturones y puñales recuperados, pese al expolio al que los ladrones de tumbas le habían sometido, llevándose con ellos las piezas más valiosas que encontraron. El egiptólogo reflexionó también sobre la imposibilidad de averiguar las causas de la muerte del faraón de la XVIII dinastía.

Abierta hasta el 30 de abril y comisariada por Miriam Seco Álvarez y Javier Martínez Babón, la muestra del Palacio de Liria detalla aquellos dos viajes de Carter a Madrid, su éxito y repercusión, y explica el papel del Duque de Alba en la gestación de los encuentros y en la dinamización del mundo de la cultura desde numerosas instituciones: abuelo del actual XIX duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, Jacobo fue miembro de las tres Reales Academias (presidió la de Historia durante veinticinco años y su uniforme de académico es una de las piezas destacadas) y mostró gran entusiasmo por la arqueología. La exposición analiza también la relación de la Casa de Alba con Egipto desde la época de la emperatriz Eugenia de Montijo, que viajó a Egipto con motivo de la inauguración del Canal de Suez, hasta la duquesa Cayetana.

El duque y el arqueólogo mantuvieron su amistad a lo largo de los años y se vieron ocasionalmente en Londres y Suiza, hasta la muerte del británico en 1939, como explican Seco Álvarez y Martínez Babón en la obra ‘Tutankamón. Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid’, que, con prólogo de Zahi Hawass, ha editado recientemente la editorial Almuzara.

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