Actualidad

La “Desbandá”: ¿y si Picasso se hubiese inspirado en la tragedia de Málaga para pintar el Guernica?

Por Pilar Gómez Rodríguez

Guernica, Pablo Picasso

Durante muchos años, una burbuja de silencio se ha cernido alrededor de los bombardeos que se produjeron sobre la población civil que huyó de Málaga por la carretera hacia Almería. No convenía hablar de ello a ninguno de los dos bandos. A pocos días de su aniversario, reunimos las investigaciones y las obras de arte de quienes han protagonizado la recuperación de la “Desbandá” y su conexión con el Guernica de Picasso.

La historia de la “Desbandá” es doble. Hay dos desbandadas en la “Desbandá”. La primera la protagonizaron los responsables del gobierno republicano en Málaga los primeros días de febrero del 37, cuando al ver acercarse a las tropas nacionales, en clara descoordinación, abandonaron la ciudad y sus habitantes a su suerte, a su mala suerte. “La pérdida de Málaga puso de manifiesto las divisiones entre las fuerzas del Frente Popular. Anarquistas y comunistas se culparon mutuamente de la tragedia”, afirmaba el historiador Antonio Ramírez Navarro en el artículo que escribió para la revista La Aventura de la Historia el año pasado, por el 85 aniversario de la huida.

La segunda desbandada fue la “Desbandá”, la marcha forzosa de miles de ciudadanos, familias enteras con muchas mujeres al cargo de muchos ancianos y muchos niños pequeños, que salieron de Málaga por la carretera hacia Almería sometidos al salvaje acoso y derribo de las tropas nacionales por tierra, mar y aire, que los tiroteaban. A ese peregrinar llegó el médico canadiense Norman Bethune para arrimar el hombro, con el sistema de unidades móviles de transfusión que había inventado y puesto en marcha en Canadá. Estaba acompañado del arquitecto y fotógrafo Hazen Sise y Thomas Worsley, conductor del furgón. Los tres dieron testimonio con palabras e imágenes de los crímenes de aquellos días de febrero de 1937 en esa carretera.

Hilera de refugiados de La desbandá. Imagen: Hazen Sise,  Biblioteca Nacional

“Había familias enteras caminando juntas, acarreando unas pocas pertenencias elementales: hombres y mujeres que parecían estar solos, moviéndose sin elección al ritmo marcado por otros; niños de rostros cansados y perplejos, pasando de mano en mano. Daban la impresión de haber surgido de la tierra […]. Los había de todas las edades, pero sus rostros estaban demacrados con idéntica fatiga. Corrían a manadas junto a nuestro camión, sin expresión”. Son algunas de las descripciones que se pueden leer en Las heridas, el libro recopilatorio de textos de Norman Bethune que Pepitas de calabaza publicó en 2012.

Aquel episodio se llamó la “Desbandá”, porque genocidio o masacre sonaba más trágico, menos folclórico, y daba una dimensión más terrible y más real de lo que allí aconteció. No interesaba. Durante muchos años una burbuja de silencio se cernió sobre aquellos hechos; a ningún bando le convenía pincharla. Hace un par de décadas algo cambió y comenzaron a surgir documentales, libros y manifestaciones artísticas que recordaban lo sucedido. La investigación del historiador Jesús Majada recuperando los testimonios de la expedición de Bethune cambió el paso a los acontecimientos. En este reportaje se analiza qué había pasado antes, qué vino después y qué podía haber pasado si Picasso en vez de llamar Guernica a su inmortal e icónica obra le hubiera llamado Málaga o, mismamente, la “Desbandá”.

Acento andaluz para una obra universal: Málaga en Guernica

“Pero, ¿qué pasa si te llegan noticias de que han tirado una bomba en la ciudad donde has nacido y donde tienes familia? ¿No te preocupas mucho más que si oyes que han tirado una bomba en Burdeos? Pues es que así es el alma humana”. Pone la cuestión sobre la mesa la historiadora e investigadora del arte Josefina Alix, especializada en el siglo XX y en Picasso en particular. Fue comisaria, por ejemplo, de la exposición titulada Pabellón Español. Exposición Internacional de París, 1937 que acogió el Centro de Arte Reina Sofía a finales de los 80 y sostiene la tesis de que el crimen de la carretera de Málaga a Almería está muy presente en el Guernica. “No creo que le conmueva más el bombardeo de Guernica que la masacre de Málaga: las imágenes que saca en el cuadro son las que se han quedado en su mente después de lo de Málaga. Es verdad que no existe ningún documento donde Picasso hable o mencione los hechos, pero él es de allí, toda su niñez la pasa allí y, aunque los padres se habían marchado, sí tenía tíos y primos viviendo en Málaga, de modo que es imposible que no se sintiera absolutamente conmovido por la caída de su ciudad. Por otra parte —prosigue Josefina Alix— le llega información de primera mano. Por allí anduvo el escritor Arthur Koestler y, sobre todo, volando por encima de Málaga estaba André Malraux, que era su amigo. ¿No le van a decir, “oye, mira lo que está pasando en tu tierra?”.

Refugiados de La desbandá. Imagen: Hazen Sise,  Biblioteca Nacional

La tesis es plausible. Imaginemos que eso fue lo que pasó; entonces, lo que no se entiende bien es ese silencio sobre el acento (¿quizá sobre el origen?) andaluz del Guernica. “No, no es el origen, ni siquiera el detonante del cuadro; allí se sitúa Dora Maar. Se trata de un momento muy complejo en la vida de Picasso, en el que el pintor no pinta nada. En febrero del 37 él anda liado con la mencionada Dora Maar, al tiempo que sigue con María Teresa Walter, con la que acaba de tener a una hija, Maya; y no deja de estar casado con Olga Khokhlova, de la que no quiere divorciarse. Pero es la primera, una mujer de izquierdas, artista del grupo Contraataque de Bataille, la que le empuja y le presiona y se une así a los representantes del pabellón de España en la Exposición Internacional, que le recuerdan el encargo del gobierno de la República para que pinte algo sobre la guerra en España, de modo que todos le preguntaban que qué estaba haciendo, en qué anda… A Picasso no se le ocurre nada y cuando se pone le salen unos bocetos absurdos sobre el tema del taller, el pintor y la modelo que no vienen a cuento. Yo estoy convencida de que Dora Maar cuando los ve le dice; ‘pero ¿qué coño es esto?’. Y pasa el tiempo y nada y no arranca hasta el 1 de mayo, Día de los Trabajadores, cuando en las manifestaciones de París en vez de las consignas más habituales se grita ‘¡Guernica, Guernica, Guernica!’. Ese día por la tarde Picasso empieza a hacer los primeros bocetos”.

Lo sucedido en la carretera de Almería, silenciado por ambos bandos, apenas tuvo repercusión internacional. Todo lo contrario del tratamiento informativo que ha tenido el bombardeo de Guernica

Treinta y tres días febriles bastan para completar la obra inmensa en todos los sentidos que es Guernica. Cuando se inaugura la Exposición Internacional de París el cuadro de Guernica se expone junto a una obra de Francisco Carreño con temática y título explícito: Trágico éxodo de las masas malagueñas. El catálogo de la muestra Los retornos de La Desbandá, comisariada por el mencionado Jesús Majada, que se inauguró en Benalmádena en febrero del año pasado, las vuelve a reunir y, abundando en la cuestión, pregunta directamente en el texto que las acompaña: “¿Por qué Picasso, malagueño, no lo tituló Málaga? Lo sucedido en la carretera de Almería, silenciado por ambos bandos, apenas tuvo repercusión internacional. Todo lo contrario del tratamiento informativo que ha tenido el bombardeo de Guernica, que apareció ante el mundo como la primera víctima de la barbarie fascista”.

He ahí las razones para un título de una obra en cuyo fondo late el recuerdo y el trasunto de lo ocurrido en Málaga. Josefina Alix pone ejemplos concretos. “La imagen de la madre con el hijo muerto, tan similar a una de las fotos de Bethune, por un lado, y también existe un dibujo preparatorio en el que un hombre sube por una escalera. La escalera permaneció, pero el hombre no; en su lugar pintó una mujer. Bien, pues ese hombre llevaba una camiseta a rayas azules y blancas, que es la de los pescadores de Málaga, de modo que las imágenes del horror han salido del bombardeo de Málaga, no de Guernica y en el trasfondo del cuadro está Málaga. Hay mucha Málaga en el Guernica”.

Extranjeros por España: Norman Bethune y la recuperación de Jesús Majada

Filólogo, con una línea de investigación sobre libros de viajes de extranjeros por España —y más concretamente por Andalucía, y por Málaga, donde residía— Jesús Majada se encontró a finales de los 90 con una reseña en El País donde se hablaba de un médico canadiense que había escrito un libro llamado El crimen de la carretera Málaga-Almería. “No lo conocía. No sabía nada, aunque llevaba mucho tiempo en Málaga, de modo que me puse en marcha para localizar un ejemplar, un folletito que me mandaron de la Biblioteca de Cataluña. A pesar de la mala calidad me quedé pasmado ante esas imágenes porque, además, eran las mismas que dejaba la guerra de Yugoslavia en esa época”.

Jesús Majada comenzó a rastrear la figura del desconocido absoluto que en aquella época era Norman Bethune y lo que encontró “fue un personaje de talla internacional, especialmente en China y en su país, Canadá”. Encontró también un absoluto olvido del crimen de la carretera Málaga-Almería. “En los libros sobre la guerra civil española apenas había alusiones, en una historia de Málaga de 400 páginas, le dedicaban una página y media... Pero empecé a preguntar a la gente y sí que había constancia y testimonios: ‘Pues mi padre salió huyendo y mi tía se perdió…’. El asunto estaba muy caliente en las familias, pero muy callado, silenciado por todas partes, lo cual me hizo pensar que tenía mucha profundidad y que en Málaga teníamos una deuda con los malagueños que huyeron y con el propio Norman Bethune; nadie lo conocía mientras que el hospital de la ciudad se llamaba Carlos Haya, un aviador golpista que había bombardeado la ciudad, cuyo hospital tenía su nombre”.

Bethune, junto a su ambulancia

Fueron un par de años de investigación, recopilación, gestiones, pero al final el trabajo de Majada dio fruto y en 2004, gracias a la Consejería de Cultura de la Junta y el Centro Andaluz de la Fotografía, se convirtió en realidad la exposición titulada Norman Bethune. El crimen de la carretera Málaga-Almería. Comisariada por él, itineró por más de treinta ciudades, salió de nuestras fronteras y viajó a México y a Canadá, convirtiéndose así en la piedra angular de la recuperación. “Aquello fue el aldabonazo, hasta el punto de poder decir que no hay ningún hecho tan bien recuperado como este. Desde 2004 se han publicado cuarenta libros, veintitantos documentales, existen doce o catorce exposiciones diferentes… “. El año pasado se celebró el Primer Congreso Internacional organizado por la Asociación Sociocultural y Club Senderista la “Desbandá” que cada año, desde 2017, celebra una marcha por la memoria en las mismas fechas en las que se produjeron los trágicos hechos. Sobre el porqué de la explosión de actividades conmemorativas, Majada no duda: “Porque hay imágenes y sin imágenes no hay historia. Si no hubieran existido y aparecido las fotografías de Sise y otras recuperadas de los archivos canadienses, el episodio se habría quedado en el ámbito académico, pero no se habría producido esta explosión de iniciativas y de artistas dedicando obras a la “Desbandá”.

Las obras de la “Desbandá”

Las recuperaciones de todos los materiales artísticos, literarios, surgidos al calor de la “Desbandá” en las últimas dos décadas es el núcleo de la iniciativa Retornos de la Desbandá, que el año pasado cristalizó en forma de exposición, en Benalmádena, y un catálogo. Allí se empieza por los mencionados Picasso y Carreño, junto con el artista de la época Helios Gómez y Hans Quaeck —brigadista combatiente que firma un dibujo desde la misma carretera de los hechos— y se llega hasta tiempos más recientes con la serie Éxodo de Francisco Martín Molina, autor también de diversas esculturas conmemorativas; el tríptico de José Manuel Urtasún; o las delicadas pinturas de la argentina Diana Dowek, quien, con una trayectoria marcada por la atención a conflictos sociales y políticos, tampoco se olvidó de la “Desbandá”. Lola Recio, Elena Pino, Felisa Molinero también hicieron de este episodio material que llevar a sus telas; Francisco J. Mendoza, a bolígrafo sobre papel acuarela, actualiza la catástrofe en su obra Memoria y olvido, al igual que Franchu Medialdea y su serie de seis piezas planteadas como pieza única, Juguetes bélicos. Sobre la base de la fotografía de la madre con el niño muerto de Sise, Rodríguez Guy hizo un planteamiento novedoso en La Desbandá. Ensañamiento (2021).

De lleno en la fotografía, cabe mencionar iniciativas como la que está llevando a cabo Remedios Renog. Ella parte de la investigación de Tina Modotti, figura clave en la fotografía y el activismo político y social que formó parte del Socorro Rojo Internacional y estaba en Almería, junto con Matilde Landa, recibiendo y acogiendo a quienes había podido sobrevivir a la penosa marcha, a los bombardeos y a los crímenes de la carretera. La fotografía del túnel adopta, en palabras de la autora, el punto de vista “de quien observa lo sucedido en el pasado, desde la comodidad de estar en otro plano, pero con el respeto de estar escondida. Ese pasado procede de un tiempo oscuro (el túnel), en el que la gente huía por una carretera entre el mar y la montaña y bajo la amenaza de los bombardeos que no daban tregua”.

Evacuación, 1937, Helios Gómez
La Desbandá, Diana Dowek
La Desbandá, Hazen Sise
La Desbandá

Otra de las imágenes que recoge Renog es la tierra, la cuneta, ese plano donde casi nunca reparamos y que se convirtió para “muchas personas, fundamentalmente ancianas, en un lecho para esperar la muerte ante la imposibilidad de poder seguir adelante. Es un relato que me impactó mucho”.

También destaca el formato elegido por el historiador Carlos Guijarro, que eligió la novela gráfica para llegar a más gente, para que no volviera a pasar lo que a él mismo le había pasado: “Me enteré de los hechos de manera casual, en el verano de 2012, mientras disfrutaba de una caminata por un paseo precioso que transcurre paralelo a la costa siguiendo el trazado de un antiguo tren que unía Málaga con el Rincón de la Victoria. Me llamó la atención el nombre: ‘Paseo de los canadienses’ (que luego daría título a su novela). A su lado, una placa en la que se mencionaba a Norman Bethune y su ayuda a los refugiados huidos de Málaga en 1937. Yo sabía quién era, pero lo situaba en China, donde murió. Desconocía que hubiera estado en España y cuál había sido su intervención, así que lo investigué”

Sorpresa, estupefacción, incredulidad… Guijarro afirma haber quedado “en shock. A juzgar por los horrores que describía, se trataba sin duda del episodio más dramático de toda la guerra civil. ¿Cómo es que no sabía nada? Empecé a comentarlo entre amigos y colegas y nadie parecía saber nada. Todo el mundo sabe lo que pasó en Guernica, pero de la tragedia de Málaga, nada de nada. Decidí entonces averiguar qué había de verdad en lo descrito por Bethune. Durante un año me dedique al rastreo pruebas sobre la ‘Desbandá’: sí, era cierto lo que Bethune denunciaba en su escrito, lo probaban numerosos testimonios de supervivientes de la tragedia y la investigación histórica más rigurosa, sin embargo, también era cierto que esa investigación no había conseguido superar el ámbito local y académico”.

Paseo de los canadienses, Carlos Guijarro

Guijarro se puso manos a la obra “para crear una novela gráfica sobre la ‘Desbandá’ por esa necesidad de ir más allá del ámbito de los especialistas. Los temas de memoria histórica, aun siendo imprescindible, trascienden la intervención política, es un asunto de conciencia social y de pedagogía pública, y eso requiere llegar a la base, las escuelas, los niños, los jóvenes, que son los peldaños del futuro. En este sentido, quizás no haya otro medio más idóneo para transmitir el recuerdo que el cómic y la novela gráfica, y de hecho así está siendo en nuestro país gracias a autores como Paco Roca, Altarriba y otros muchos. Respecto a mí, siento que he aportado mi granito de arena para sacar del olvido la tragedia de la ‘Desbandá’. Si comparamos cómo estaban las cosas en 2012 a cómo están ahora se ha dado un giro radical. Es cierto que aún no se conoce como debería, pero al menos sí se reseña en la mayor parte de la prensa nacional y en los principales noticiarios del país, y cada vez se conmemora más con iniciativas diversas, documentales, obras de teatro, poesía, caminatas...”. De modo que sí, es posible afirmar, con Carlos Guijarro, que “los hechos ocurridos en aquel febrero de 1937 han salido definitivamente del baúl del olvido” y que el arte y los artistas han tenido un papel protagonista en la recuperación.

Tags
Exposiciones

Noticias relacionadas

Actualidad

Llevas toda la vida viendo cuadros del revés, pero no te preocupes, en realidad nadie sabe de arte

Por Pilar Gómez Rodríguez

Actualidad

40 años de sida: el arte invade Chueca y Malasaña para acabar con el dichoso estigma

Por Pilar Gómez Rodríguez