Exposiciones

Esta es tu oportunidad de ver arte abstracto en El Prado: Zóbel, o la deconstrucción de los clásicos

Por Clara González Freyre de Andrade

Fernando Zóbel. La Piedra Del Caballo II

El Museo del Prado vuelve a abrir las puertas al pintor abstracto, que recorrió sus galerías en innumerables ocasiones. Allí estudió las pinturas de maestros como Goya, Rubens o Zurbarán.

Para saber pintar, primero hay que saber ver”. Bajo este lema vital desarrolló toda su trayectoría artística Fernando Zóbel, una de las figuras más relevantes de la abstracción española. Su obra es fresca, sutil y diferente. Sin embargo, su modernidad nunca rompió con la tradición, sino que la tomó como referencia y la descompuso hasta mostrar su esencia más pura.

Zóbel se pasaba la vida en las entrañas de algunos de los museos más relevantes del mundo. Entre ellos, por supuesto, se encontraba el Museo del Prado. Cuaderno en mano, recorrió en innumerables ocasiones sus galerías para encontrarse frente a frente con sus obras maestras. Obras como las de Rubens, Zurbarán, Goya o Velázquez supusieron para el artista una fuente inagotable de inspiración. De hecho, consiguió ser copista del museo. “Lo esencial es que me da derecho a silla. Se me están acabando los cuadros que por casualidad tienen asiento delante”, escribía en uno de sus cuadernos.

Hoy, es el Prado quien vuelve la mirada a su figura con una exposición que supone un paso más hacia la apertura del museo español al arte contemporáneo. En ella se exponen, hasta el 5 de marzo de 2023, 42 pinturas, 51 cuadernos de apuntes y 85 dibujos que rinden homenaje al papel fundamental del artista en la pintura española de la segunda mitad del siglo XX.

Fernando Zóbel en su estudio de Madrid

Fernando Zóbel fue un pintor curioso y erudito, pero también un artista cosmopolita y un viajero empedernido. De familia española, Zóbel nació en Manila y desarrolló sus estudios en Harvard para finalmente acabar asentándose en nuestro país y fundar un museo de arte abstracto en Cuenca. Así, la influencia de estos tres continentes marcó de manera irremediable su obra.

Con el tiempo descubriría la modernidad en Asia, tanto en la tradición de las islas Filipinas, su lugar natal, como de la pintura china y japonesa. La muestra del Prado ofrece ahora la oportunidad de acercarse y entender la raíz de sus primeras pinturas abstractas, antes de conocer el color, que están íntimamente ligadas con la caligrafía asiática en tinta china. Estas obras son conocidas como “serie negra”, realizada a lo largo de los años 50 y en la que fusiona las influencias asiáticas con su acercamiento al expresionismo abstracto americano.

Deconstruyendo los clásicos

“Limpio mis ojos contemplando el arte del pasado”. En sus visitas al museo, Zóbel establecía una fluida conversación con las obras, tratando de desentrañar las motivaciones creativas de los grandes maestros de la pintura. En sus cuadernos inmortaliza su mirada lenta y analítica de las pinturas, de las que trata de capturar la esencia de sus formas, composición y colores. Una vez llegado a la tranquilidad de su estudio, algunas de ellas se convertirían en punto de partida de sus pinturas abstractas.

La modernidad de su legado esconde un fuerte vínculo con la tradición. De hecho, el proceso creativo de Zóbel es de raíz bastante tradicional. De la fotografía o el boceto saltaba directamente al dibujo, para seguir estudiando la esencia a través de la acuarela. De esta manera, descompone las pinturas hasta su forma más sutil. Lo importante para Zóbel no es que la obra sea reconocible; es inmortalizar su esencia, lo que le llevó a querer pintarla.

Obra Transparente por la ventanilla, 1966
Obra Fútbol XIII, 1976
Obra Retiro, 1959
Obra Guadalquivir por La Cartuja
Obra Invierno en Sevilla IV, 1977

Este es el proceso que siguió para descomponer los bodegones de Sánchez Cotán, el dos de mayo en Madrid de Goya o la Santa Faz de Zurbarán, cuyos estudios pueden verse en la exposición. Aunque la obra que mejor ejemplifica dicho proceso es una vista del río Júcar, que sirve como broche final a una muestra que, sin duda, calará en la memoria de todos los visitantes.

Zóbel estuvo en el Museo del Prado. Y ahora, podemos comprobar que el Prado también estaba en Zóbel.

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