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Jaume Plensa: “En la escultura tenemos un pie en el mundo de las ideas y otro en el de la industria”

Por Pilar Gómez Rodríguez

Jaume Plensa

Letras, libros y escritores tejen el hilo conductor, narrativo, que recorre esta entrevista. También el de una gran exposición que se podrá visitar a finales del próximo mes en la Fundación Bancaja (Valencia)

E s una relación muy profunda la que une a Jaume Plensa con las letras. Es profunda, duradera y lo es en dos vertientes: la intelectual y la física. Tiene, por tanto, los dos ingredientes que convierten algo en una gran pasión. Lo intelectual se conforma a través de autores y libros que han actuado como guías u orientadores… Auténticos maestros capaces de sintetizar en dos palabras (a veces literalmente) de forma precisa y hermosa lo que tú, yo o cualquiera apenas alcanzamos a balbucear.

El otro ingrediente es el componente físico, incluso sensual, de las letras y la escritura, algo que puede ser tan básico o abstracto como se desee y que Plensa ha trabajado a lo largo de su ya vasta y reconocida carrera. Las letras, en esta ocasión, brindan así la oportunidad de mirar la obra del Premio Nacional de Escultura, del reciente académico de Bellas Artes, desde una nueva posición para descubrir aspectos menos conocidos y estudiados, para preguntarle también por otros inéditos o menos convencionales. Con la preciosa imagen de un padre que toma a su hijo de la mano y lo lleva a ver libros viejos empieza esta conversación.

2020 Cry

¿Cómo fueron sus primeras experiencias o sus primeros recuerdos relacionados con la lectura o los libros?

Mi padre solía llevarme de niño a los mercadillos, donde se vendían libros de segunda mano y, mientras él los miraba, yo me fijaba en las portadas. Allí descubrí imágenes de los etruscos, egipcios, asirios… Me fascinaban. Luego, cuando empecé a leer, se trataba de obras que tenía y que encontraba por casa, por supuesto rechazando todo aquello que me ofrecían y me aconsejaban, quizá como forma de autoafirmación. El caso es que tuve acceso a la poesía muy joven y, sin darme cuenta, me fue influyendo, claro.

¿Quiénes son los autores que más le han influido?

Las cuatro patas de mi particular mesa literaria son William Blake, Shakespeare, Dante y Baudelaire. También Estellés o William Carlos Williams... Pero me gustaría matizar que cuando digo que me han influido lo que quiero decir es que, de alguna manera, han verificado mis intuiciones. Todos tenemos ensoñaciones o imágenes que nos rondan y de pronto lees algo de alguien y dices “qué bien ha expresado lo que yo intuía”, y te sientes acompañado en este peregrinaje que es ir entendiendo qué significa crecer como persona y como artista. Al final, el arte es como una especie de milagro siguiendo intuiciones. También es muy importante Elias Canetti, a quién en un momento descubrí y lo tengo allí. Y José Ángel Valente, a quien conocí en Santiago y me dijo: “Jaume, no olvides que la memoria es más vasta que nuestros recuerdos”. A alguien que te dice esto ya no lo olvidas nunca más. Tiene una capacidad extraordinaria de concentrar en una sola frase o en tres palabras tomos de literatura que necesitamos los que no tenemos este don para poder expresar una idea.

He leído que a Elias Canetti lo llama hermano incluso.

He llamado hermanos a autores que considero gente muy próxima. Escritores como Canetti que, de forma muy anónima, te acompañan sin que tú lo sepas. En ocasiones he comparado la escultura con la historia del mensaje y la botella. Bueno pues estos que generan pensamientos sí que son los grandes náufragos de la sociedad. Ellos mandan desde sus islas solitarias mensajes en botellas que llegan a playas maravillosas que ellos desconocen, pero que nosotros recogemos y gracias a ellos encontramos caminos de formación personal. El crecimiento de alguien está basado en estas interconexiones más conocidas o más anónimas. La escritura es un territorio muy solitario. Necesita mucho esfuerzo porque no tiene una compensación clara o nítida inmediatamente. En mi mundo, en el mundo del arte, donde se producen imágenes visuales, el agradecimiento es más inmediato, es la propia obra que generas o creas. En el mundo de la literatura o de la música la compensación es más invisible y te obliga a una actitud más concentrada en uno mismo.

2002 Desire

Y aparte de las repercusiones o el eco en la formación o experiencia vital de cada uno, ¿por qué son importantes en la sociedad?

Siempre habrá oído defender el concepto de poeta como alma de una sociedad. Es el que va nutriendo la sociedad con ideas. Alguien que, de una forma silenciosa y muy anónima, va impulsando estos contenidos, esta alma dentro de la sociedad. Tengo una admiración extraordinaria por el concepto de poeta. Y en lo personal, no sé qué sería o qué habría sido yo sin ellos. La relación con ellos ha sido extraordinaria como experiencia personal.

Tengo una admiración extraordinaria por el concepto de poeta. No sé qué habría sido yo sin ellos

En el caso del poeta Vicent Andrés Estellés esa relación fue más allá de la mera guía intelectual o del acompañamiento espiritual, digamos, y tras leer su poesía tuvo el arranque de ir a conocerlo. ¿Qué le movió a aquello o qué le removió esa poesía para dar ese paso?

Es una pregunta que me he hecho a menudo porque nunca lo he vuelto a hacer, pero sí. Yo vivía en Berlín y quería hacer un libro de ilustraciones o de artista con su poemario Hotel París. Conseguí el teléfono de su editor, pero él no me dio permiso para utilizarlo. Entonces unos amigos de Valencia lograron un encuentro con el poeta y cogí el avión. Y lo que iba a ser una cita de dos horas duró dos días, que nos pasamos hablando, hablando en la Malvarrosa y conseguí el permiso. Me lo escribió a mano y me dio el permiso personal de utilizarlo para un libro que al final, la vida se me complicó mucho, no pude realizar hasta pasados casi treinta años de aquello. Fue una experiencia única poder constatar que el hombre y el poeta se parecían mucho. Fue extraordinario el encuentro.

Estamos de acuerdo entonces en que los libros se escriben, se reescriben, se subrayan, se pintan y se vapulean lo que haga falta.

Pues hace poco, hablando con unos editores, me contaban con entusiasmo que el libro escrito ha tenido un resurgimiento enorme con la pandemia. Es muy interesante porque, aunque hablemos de lo virtual, con lo importante que se ha vuelto, somos humanos, físicos, y necesitamos acariciar y tocar las cosas y tenerlas en la mano. El libro sigue siendo el vínculo físico entre el pensamiento invisible de un escritor y nuestra emoción personal. De modo que, aparte de todo eso de la pregunta, pienso que no solo se ha de manipular, sino que el libro se ha de vivir y compartir: no importa que se desgaje y se arrugue, yo creo que el libro se ha de abrazar.

1995 Noodles
2008 A Cesar Vallejo VIII

Hablando de la cualidad física de sus obras usted ha dicho que en ocasiones solo quería “verle la espalda a la A”. Y esto, sobre lo que he leído explicaciones muy sesudas, creo que lo entiende un niño, una niña jugando con unas sencillas letras de madera. Me gustaría saber qué le parece esta explicación no tan sesuda.

Como escultor siempre me ha fascinado mucho la espalda de las esculturas. En Barcelona tenemos un Museo de Arte Románico muy interesante. Yo me acuerdo, muy jovencito, de querer verle la espalda a las esculturas románicas, que, como iban vestidas, pues debía de ser que ya no intentaban acabarlas. Trabajaban el rostro, las manos, las dejaban como inacabadas y es una maravilla. ¿Por qué? Porque si miras desde ahí, la escultura te está dando una dirección, y esto es muy interesante. Con el texto me pasaba lo mismo. Me planteaba, ¿cómo es el texto por el otro lado? Porque las letras en nuestra cultura de papel, de libros o incluso de pantallas parece que estén todas apoyadas en una pared a punto de ser fusiladas. No tienen un volumen, una vida, una espalda, un detrás. Quizá por esto, muy joven, hice un libro que era todo de cristal para poder ver por detrás los textos e incluso la mano que lo sostiene y también dónde está ese libro, porque depende de dónde se sitúe un libro es una cosa u otra. Se llamaba ‘Llibre de vidre’ y fue una experiencia extraordinaria. Estoy convencido de que los niños esto lo entienden perfectamente, porque no tienen ningún prejuicio aún y su relación con las cosas es directa, sin plantearse si están en lo correcto o no. Sin darse cuenta creo que descubren un mundo en 3D que nosotros, por tonterías culturales y por cuestiones de educación, cuestionamos y nos planteamos si algo será verdad o estamos en un punto de error. Cuando hice mis primeras cortinas de texto me gustaban, porque se movían y veías las letras del otro lado, de pronto... No tenían esta frontalidad terrible del texto. Fue una experiencia muy bonita porque además eran atravesables y podías decidir pasar al otro lado.

Sobre Macbeth dice en un documental que es “escultura en estado puro” y narra el episodio del bosque que parece avanzar cuando avanzan los guerreros portando ramas sobre sus cascos… ¿Tiene más ejemplos de libros que usted lea o haya leído en términos tan claramente escultóricos?

No. Cuando Macbeth se da cuenta de que no ha matado a un rey, sino la posibilidad de dormir, esta me parece una definición de escultura extraordinaria. Eso del bosque que avanza hacia el castillo… Este sentido de la ilusión de la materia que transmite creo que es escultura en estado puro. A veces esta misma sensación se intuye en la poesía, sobre todo. Dante creó un mundo virtual con una arquitectura imaginaria extraordinaria antes de que pudiera existir: tú entras en la laguna Estigia y sales en Jerusalén. O William Blake, cuya mezcla maravillosa entre el mundo popular y la alta cultura también está muy vinculada a la escultura, porque sabes que en la escultura tenemos un pie en el mundo de las ideas, lo invisible y lo abstracto, y otro en el de la industria. El escultor tiene esa contradicción entre un mundo de ilusión y de ideas, pero siempre tocando el suelo de forma intensa. Cuando Elias Canetti habla de los retratos a través de la voz, cuando viaja a Marrakech y empieza a oír cómo las torres, los minaretes están hablando… Esto es escultura en estado bastante puro y diría de un gran clasicismo porque no deja de ser la vibración del material.

Jaume Plensa: “Que una cosa que pensamos es inútil, se haga imprescindible en nuestras vidas. Por eso el arte es tan necesario”

¿Lee habitualmente? ¿Qué está leyendo ahora?

Mi drama es haber sido y ser muy caótico. No tengo ningún tipo de rigor ni de orden… Y ahora no estoy leyendo nada porque cuando estoy muy dentro de una obra es como si no me cupiera nada más. Sí me gustaría decir, y lo he aconsejado muchas veces, que me encanta volver sobre cosas que he leído, de modo que, al hablar de esto con amigos, pregunto si conocen a tal escritor o tal obra y responden que sí, insisto, “no, pero cuándo lo has leído”. Y es que no es lo mismo haberlo leído hace veinte años o hace dos o tres días. Si lo vuelves a leer es otra persona y otra obra, porque tú también lo eres, eres otra persona. Muchas veces prefiero volver a lo que me había apasionado y motivado antes que buscar otras cosas. Y sí, es verdad que en este momento estoy bastante concentrado en las obras que tengo en marcha en el estudio y bastante… monacal, digamos.

“El rostro no es para uno mismo, sino para el otro”. Esto lo repite usted mucho. ¿Para quién es el arte; es para uno mismo, para otros? Y si va a responder que el arte no tiene ‘paras’ defienda —una vez más— la inutilidad del arte y la importancia de la inutilidad del arte.

Es una pregunta larga y empiezo por el final. Cuando he hablado de la inutilidad del arte es porque estamos en un momento de la historia en el que todas las cosas han de tener un retorno positivo inmediato. Yo he hablado de la inutilidad de forma poética, refiriéndome a que en el fondo el arte no tiene ninguna dirección concreta ni clara. Cuando un arquitecto hace una casa puede alquilar los pisos o hacer exposiciones. Si un artista hace un cuadro, una sinfonía, una escultura, eso no sirve para nada más que para el puro existir y para alimentar esta vida interior tan intensa que no nos habían contado que teníamos.

Que el rostro no es para uno mismo, sino para el otro no es una frase mía; es una de las bases de la simbología del rostro. Dice que el rostro es una de las partes que no se nos permite ver y se considera un regalo que haces al otro. Esto siempre me ha parecido de una gran belleza. Además, recordará que se ha comparado el rostro con la imagen del alma, de modo que nosotros, que siempre parece que andamos tan encerrados en nosotros mismos, ofrecemos al otro lo más importante que tenemos: el retrato del alma que es el rostro. Cuando he trabajado, junto con mi mundo de textos y alfabetos, los retratos, más que el rostro estaba pensando en la cabeza, la cabeza como gran palacio de conocimientos donde todo parece que sea posible, si lo imaginas. Blake decía, “todo lo que es imaginable es una imagen de la realidad”. Yo estoy convencido de esto y me parece que la cabeza es el lugar más importante de nuestro cuerpo. En ella, el rostro le da la dirección, es el mascarón de proa de nuestra vida, de nuestro cuerpo. He estado recientemente en Madrid, cada día he pasado por la plaza de Colón y me encantaba volver a ver a Julia, porque parece que se ha convertido en algo así como su mascarón de proa. Parece que la plaza tenga una dirección ahora, una dinámica. Esto en música, en poesía, en pintura me parece fundamental. Que una cosa que pensamos es inútil, se haga imprescindible en nuestras vidas. Por eso el arte es tan necesario.

2020 Lilliput XXV
2020 Lilliput XXI

Jaume Plensa. Poesía del silencio.

Con la influencia de la literatura en la producción artística de Jaume Plensa, la Fundación Bancaja presentará a finales de noviembre en su sede de Valencia una exposición retrospectiva del artista que recorrerá cuatro décadas de su trayectoria. Comisariada por Javier Molins, reunirá más de 80 obras creadas desde los años 80 hasta la actualidad y algunas inéditas. En palabras del propio artista: “El comisario, Javier Molins, ha seleccionado obras donde el texto es muy importante, claro, y otras más pequeñas, bronces en los que he trabajado toda mi vida, pero que tal vez no sean tan conocidos. Quizá se me conoce más por grandes intervenciones en museos o espacios públicos y ahora la gente tendrá oportunidad de ver mi mundo más íntimo, más personal y más vinculado quizá a todo lo que hemos hablado sobre el poeta y la poesía”.

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