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Pinturas ocultas: las obras que los artistas condenaron al olvido

Por Clara G. Freyre de Andrade

Cuadro El viejo guitarrista ciego

Penurias económicas, una sed creativa insaciable o un encargo que no llega a buen término. Son varios los motivos que llevan a un artista a pintar sobre su propia obra, condenando al mundo a no volver a verla jamás.

Recientemente la Galería Nacional de Escocia presentó, en primicia, un autorretrato de Van Gogh nunca antes visto. La obra se encontraba pintada en el reverso de otra, ‘Cabeza de campesina con cofia blanca’, oculta por un pedazo de cartón.

Aunque a priori resulte sorprendente, el hecho de ocultar una obra bajo otra es, sin embargo, una práctica bastante común. De hecho, por las misma fechas, el Museo Hecht de la Universidad de Haifa, en Israel, anunció otro descubrimiento en esta línea. Inmersos en sus estudios, los investigadores habían sometido ‘Desnudo con Sombrero’, una pintura de Modigliani, a una radiografía, encontrándose con dos obras previas, ambas inacabadas.

Pero antes de tratar de entender los motivos que llevan a un artista a privar al mundo de disfrutar de su obra, debemos hacer un ejercicio mental y desacralizar el arte. Al final, este tipo de actos se consideraban (y siguen considerando) gajes del oficio. Mostramos tres ejemplos de artistas que recurrieron a la reutilización de materiales y cuyas obras ocultan secretos apasionantes.

Cuadro Cabeza de campesina con cofia blanca
Radiografía de un cuadro

La sed creativa de Picasso

“Dame un museo y lo llenaré”. Esta frase, pronunciada por el propio Picasso, define a la perfección su relación con la pintura. Fue un artista frenético y sumamente creativo, con una necesidad pasmosa de plasmar sus ideas cuando decidían asomarse en su cabeza. Y precisamente esta sed creativa fue la que le llevó a reutilizar lienzos en numerosas ocasiones, de hecho, es uno de los artistas de los que más ejemplos se conocen.

Es durante su llamado “periodo azul”, una época marcada por el dolor y la tristeza tras el suicidio del su amigo Carlos Casagemas, cuando Picasso más recurre a la reutilización de materiales. Al fin y al cabo, a su creatividad se suma que nos encontramos en una etapa humilde, un momento en el que su faceta artística no estaba afianzada, por lo que probablemente no tuviera tanto acceso a materiales.

Uno de los hallazgos que más conmocionaron al público ocurrió en 2008, cuando se descubrió que bajo ‘La habitación azul’, una de las pinturas más emblemáticas de este periodo, se encontraba oculto un retrato de un hombre con pajarita. La identidad del caballero continúa siendo un misterio, aunque algunos han querido ver en este anónimo un retrato de Ambroise Vollard, el galerista responsable de la primera exposición de Picasso en París, en 1901.

Cuadro La habitación azul

Lo mismo ocurre en otra de sus obras más famosas de esta época, ‘El viejo guitarrista ciego’. En 1998, los expertos del Instituto de Arte de Chicago, lugar donde se expone la obra, identificaron que bajo ella se encontraba pintada una figura femenina que se ha interpretado como una maternidad. Estudios posteriores revelaron que, bajo la pintura, se encontraba una segunda mujer desnuda, así como modificaciones sustanciales en el rostro del viejo guitarrista.

Son tantas las obras secretas de Picasso que el Museo Picasso de Barcelona proyectó recientemente ‘Picasso, proyecto azul’, una muestra comisariada por Reyes Jiménez, responsable del Servicio de Conservación Preventiva y Restauración del museo, que trataba de acercar al espectador a este tipo de secretos a través del estudio técnico de sus obras.

Las penurias de Van Gogh

El reciente hallazgo de Van Gogh no fue ni de lejos el único. Bien es sabido que el pintor holandés, autor de obras tan famosas como ‘La noche estrellada’ o la serie de ‘Los girasoles’, no gozó de fama ni fortuna en vida y que su reconocimiento fue más bien póstumo. Y esta posición, que le hizo pasar algunas penurias económicas, fue precisamente la que le empujó al reciclaje de materiales artísticos, especialmente en sus primeras pinturas.

Gracias a los avances tecnológicos en materia de conservación, hoy se ha conseguido que algunas de estas obras vuelvan a ver la luz. Es el caso de ‘Parche de hierba’, pintada hacia 1887, un estudio que, como su propio nombre indica, explora las posibilidades de la vegetación y la pintura al aire libre que más tarde el artista integraría en su repertorio como uno de sus temas predilectos. Bajo ella, se descubrió que, aproximadamente dos años antes, había pintado un retrato femenino con sombrero, condenándolo a no volver a ser visto hasta hoy.

Cuadro El análisis de la pintura

Precisamente lo mismo ocurre con su obra ‘El barranco’, conservada en el Museo de Bellas Artes de Boston, en Estados Unidos. Bajo ella se oculta otra composición del artista, bastante parecida al dibujo ‘Vegetación salvaje’, que data de junio de 1889. Al parecer, el pintor holandés habría pintado esta obra durante los primeros meses de estancia en el sanatorio de Saint-Paul de Mausole, cerca de Saint-Rémy. La pintura superpuesta la realizaría unos meses después, en los parajes cercanos al tanatorio. Por aquel entonces su hermano Theo solía mandarle materiales desde París, pero al parecer algo le llevó a volver a su antigua práctica de reutilización de materiales.

Hoy, Vincent Van Gogh sigue siendo uno de los artistas vivos de los que más nos queda por descubrir. Hace algunos años, se le logró atribuir un nuevo bodegón, gracias precisamente a la pintura que se ocultaba bajo el mismo: una escena con dos luchadores como protagonistas. Van Gogh había hablado de esta obra en una de sus famosas cartas a su hermano Theo, por lo que su hallazgo fue fundamental para esclarecer la autoría.

Los cuadros secretos de Goya

En menor medida, Francisco de Goya también ha protagonizado titulares relacionados con los secretos ocultos en sus obras. Aunque los ejemplos que se le conocen, en su caso, responden a menudo con obras inconclusas que el artista decidió tapar.

Un claro ejemplo lo encontramos en ‘La Condesa de Chinchón', uno de sus retratos más emblemáticos. Porque aunque no lo parezca, María Teresa de Borbón y Vallabriga en realidad no está sola en el cuadro. Y es que, el mismo lienzo que hoy puedes disfrutar en el Museo del Prado fue reutilizado por el artista no en una, sino en dos ocasiones: cubiertos por una capa preparatoria beige, se encuentra el retrato de dos caballeros. El primero se trata de un hombre de pie, identificado como Godoy, marido de la retratada. En el caso del segundo, un retrato menos visible y aún más antiguo, la identidad se desconoce; se trata de un caballero joven, que luce la cruz del orden de San Juan de Malta en el pecho.

Cuadro La condesa de Chinchón
Radiografía de La condesa de Chinchón

Ocurre algo semejante con su icónico retrato a Ramón Satué, juez español e íntimo amigo del pintor. Fue el Rijksmuseum de Ámsterdam quien descubrió que, bajo sus pinceladas, se encontraba un retrato mucho más formal, de un hombre con uniforme. Si bien, su rostro se nos oculta, ya que nunca llegó a ser pintado. Aunque no está demostrado, algunos expertos creen que el protagonista fue José “Botella” Bonaparte, hermano de Napoleón quien ocupó el trono español en 1808. Esta teoría explicaría el abandono de la obra, relacionándolo con la huída de las tropas del oficial galo de Madrid en 1813.

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