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El arte por el que nadie puja

Por Guillermo Martínez

Cuadro Aparición de la Virgen del Pilar al apóstol y sus discípulos

Gran parte del arte y material de coleccionismo que las casas de subastas sacan a la venta termina sin comprador, aunque siempre cabe la posibilidad de una segunda oportunidad.

De nuevo, nadie quiso el cuadro. La ‘Aparición de la Virgen del Pilar al apóstol y sus discípulos’ de Goya se quedó sin vender porque nadie pujó los dos millones de euros que tenía como precio de salida en Alcalá Subastas. Pero lo cierto es que al pintor de la villa y corte no era la primera vez que le ocurría. El 18 de enero de 1982, en el Juzgado de Instrucción número 10 de Madrid, se tuvo que suspender la subasta de su ‘Conde de Puñonrostro’. En aquel momento, ni siquiera el Estado quiso ejercer su derecho de tanteo.

¿Humillante? No lo crean. Aunque algunos casos son muy sonados, que una obra salga a subasta y no se venda entra dentro de la normalidad. Pero, ¿qué pasa después con ellas? ¿Hay algún tipo de obra con la que suceda de forma habitual?

Cuadro ‘Conde de Puñonrostro’ de Goya

Consuelo Durán es directora de la reconocida casa Durán Arte y Subastas. De lo concreto a lo general, dice que “las obras de Goya son muy importantes pero tienen un número menor de coleccionistas, un mercado mucho más limitado”. Además, en este caso se dio una cuestión fundamental. Tenía certificado de inexportabilidad, es decir, no podía salir del territorio español. “Esto siempre es un freno porque limita las pujas al mercado nacional”.

Por su parte, Juan Pablo Casas, miembro de Bayeu Subastas, agrega que la obra en cuestión “no es extremadamente comercial dada su temática religiosa. No es como un retrato, que tendría mucho más interés tratándose de Goya”. Él mismo apunta que instituciones españolas, como el Museo Nacional de Arte de Catalunya ya tiene en su poder otra Virgen del Pilar del mismo autor, por lo que las colecciones públicas del Estado tampoco tendrían interés en comprar la obra.

El 35% de las obras, sin comprador

Diferentes factores, en los que se incluye en ocasiones hasta el azar, intervienen en la compra y venta del arte subastado. Ni siquiera Durán, con décadas de experiencia en el sector, sabe bien por qué a veces no se vende una obra que luego termina siendo adjudicada en una nueva subasta posterior. “Se han dado situaciones de obras que no se han vendido en un primer momento y que el cedente decide volverlas a sacar con un precio inferior. En esa ocasión se han vendido incluso por una cantidad superior que a la de la primera subasta”, agrega la directora de Durán Arte y Subastas.

Pese a que no existen estimaciones concretas, desde Durán aseguran que en torno al 35% de sus obras acaba sin comprador. “Esto va por lotes. Cada lote puede ser una obra o varias, pero siempre del mismo propietario. Nosotros hacemos una subasta mensual de entre 750 y 900 lotes y de ahí hay muchos que no encuentran comprador”, reconoce Durán.

Cuadro Francisco Rodríguez Sanclement. Bailaora

Maite Carbonell es integrante del departamento bibliográfico de Soler y Llach Auctions, en Catalunya. Ella se dedica a catalogar y sacar a subasta todo el material relacionado con el papel, ya sean libros antiguos, mapas, carteles, arte gráfico, litografías o grabados. “En torno a un 30% de los objetos que salen a subasta no se venden, aunque si hay un artículo interesante por un buen precio siempre va a encontrar comprador”, apunta esta experta.

A pesar de que normalmente los lotes pueden volver a salir a subasta, en Soler y Llach Auctions suelen devolver los más sencillos, “porque no saldría a cuenta poner un lote a diez euros. Ahora bien, si hay tres o cuatro lotes de temática parecida que se pueden agrupar, lo hacemos y bajamos el precio”, señala Carbonell.

El derecho de tanteo del Estado

Ella es quien habla del derecho de tanteo que puede ejercer el Estado en cualquier subasta, aunque no puede pujar. Es decir, la subasta se desarrolla con plena normalidad hasta que se cierra un precio, si dicha cuantía entra en el rango que el Estado ha decidido, puede adquirir la obra por el mismo precio que la última puja. “Si esto no fuera así, los museos estarían vacíos. Al fin y al cabo, como a todos nuestros clientes, al Estado también le llega nuestro catálogo, y si hay cosas que le interesan pues vienen y ejercen su derecho de tanteo”, sostiene Carbonell, quien incide en que el Estado en ningún caso puede pujar por la obra.

A algunos clientes extranjeros les cuesta comprender esta ley, pero dentro del mercado nacional es plenamente conocida. “Hay lotes en los que es de lógica que el Estado ejerza ese derecho, y los coleccionistas y comerciantes no son tontos y saben que si ese lote no sube mucho de precio, se lo quedará el Estado”, agrega la experta de Soler y Llach Auctions.

Cuadro Caligrafías y estampas de Tapies

Durán, asimismo, recuerda con cierto orgullo las obras subastadas en su casa y que ahora están expuestas en museos como el de El Prado, el Arqueológico o la Biblioteca Nacional de España. “Subastar obras así es muy emocionante, sobre todo cuando vas al museo y sabes que has tenido ese cuadro en tu mano, pero ya no lo puedes tocar como antes”, ilustra con tono jocoso.

En cuanto a las obras que no se venden, Carbonell sostiene que son obras terciarias, pequeñas, que en el momento de la venta no suscitan interés. Así lo ejemplifica: “Los libros de caza antes se vendían genial, había una gran tradición de libro de bibliófilo de caza, y ahora es un tema que no vende para nada”. Es decir, el coleccionismo también va por modas. En general, opina la experta en bibliofilia, si un artículo no se vende es porque no es de los mejores del catálogo o porque la casa de subastas se ha equivocado con el precio.

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