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De las horteradas del caso Campeón al Miró del baño de Roca: las obras de arte de la vergüenza española

Por Lorena Bustabad

Cuadro de Miró

Han tenido que pasar siete años de periplo judicial para que este julio aterrizasen en España, por fin, las obras de arte que el cabecilla de la Púnica ocultaba en Suiza. El gusto por blanquear con arte dinero sucio ha sido el denominador común de muchas tramas corruptas: desde las horteradas del caso Campeón al BMW subastado de Marisol Yagüe, pasando por el Miró del baño de Roca

Imaginen que cada día contemplan un Miró al cepillarse los dientes. Su propio micromuseo en el cuarto de baño. Suena tentador, ¿verdad? Pues eso es lo que hacía cada mañana Juan Antonio Roca, asesor de Urbanismo en aquella surrealista Marbella de Jesús Gil. Como en una versión española de Granujas de medio pelo de Woody Allen -la pandilla de ladrones nuevos ricos que compraban cuadros para parecer cultos-, el cerebro de la trama Malaya tenía colgada la maravillosa Barcelona 1972-1973 de Joan Miró en su excusado para inspirarse en lo que fuera. La obra es una de las interpretaciones que el artista hizo, introduciendo el color, de su mítica ‘Serie Barcelona’. 50 litografías en blanco y negro que realizó en 1944 y que marcaron lo que sería el inconfundible estilo de su trabajo de ahí en adelante.

Una pieza especial que denota cierto gusto exquisito, como afirmaron los expertos de la casa Fernando Duran cuando sacaron a subasta un lote con algunas de las antiguas pertenencias de Roca. Allí estaba aquel Miró, pero también la cerámica de Picasso ‘Femme du barbu’ (1953), la escultura del artista pop Jean Dubuffet ‘Le Tétrascopique’, o dos dibujos preparatorios de Rodin, entre otras muchas maravillas.

El gusto por invertir en arte (y blanquear con arte dinero sucio) acumulando obras valiosísimas en los rincones más insospechados ha sido un patrón común entre los archiconocidos imputados del culebrón Malaya, pero no exclusivo.

Cuadro Barcelona
Cuadro Undefined Neo-Ceo's Flying Black

Siete años de galimatías judicial han tenido que pasar para que Suiza acceda ahora a aterrizar en España las obras de arte multimillonarias que el cabecilla de la trama Púnica, David Marjaliza, ocultaba en un almacén transalpino. Casi 16 millones de euros ‘repatriados’ en joyas, cuadros, esculturas y fotografías en un operativo en el que han tenido que remar en la misma dirección la Audiencia Nacional, Fiscalía, Agencia Tributaria y Guardia Civil. En el pódium artístico del constructor figuraban Tàpies, Barceló o Chillida. De Barceló, uno de los artistas vivos con mejor precio de mercado, tenía nada menos que ‘Furor Penellis’, un inmenso lienzo de 255 x 197 cm en técnica mixta, pintado por el catalán en 1983 y adquirido en subasta por 648.250 euros. Del escultor vasco por su parte, disponía de una serie de pequeños monolitos, ‘Lurra Circas 1980’, junto a una peculiar 'Triptyque au graffitis + Quadriculat', obra de Antoni Tàpies en la que comenzó a trabajar e investigar con el graffiti como elemento matérico.

Parte de esas obras pasarán ahora a la colección del Reina Sofía y el resto, indicó la Fiscalía, quedarán en depósito a resultas de lo que la Justicia decida hacer con ellas sin descartar la subasta pública.

El patrón de ‘ladrón compra obra de arte’ se repite en la trama del Palau de la Música que imputó a Millet y Montull, los cuales atesoraban piezas que hoy son parte del Museo de Arte de Cataluña; o en el caso IVAM, que salpicó a la exdirectora del Instituto Valenciano de Arte Moderno, Consuelo Císcar. Tras admitir malversación, Císcar salió de puntillas del juicio el pasado mes de diciembre tras varios años de instrucción pactando una pena menor y una multa de 75.000 euros. También fue famoso el decomiso de bienes antiguos y tallas que el empresario Jorge Dorribo -caso Campeón-, tenía en un chalé de O Corgo, Lugo, de donde los agentes se llevaron los colmillos de un elefante, un revólver Colt del siglo XIX, espejos de angelotes dorados, lámparas de arañas, muebles de caoba, piezas de mármol, dibujos de Laxeiro y un clásico de los corruptos: el Ferrari. Todo un 'tutti frutti' artístico de lo más hortera.

Mucho antes, José María Ruiz-Mateos cosechó un patrimonio de más de 100 obras de arte, en su mayoría, pinturas, óleos y acuarelas, además de diversas piezas de mobiliario de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Entre los cuadros incautados se encontraban obras de los pintores españoles José de Rivera y José Montenegro y Capell, así como de los pintores flamencos Frank Franken y Eduard Collier. Pero también encontraron coches de colección y relojes, muchos relojes. ¿De pulsera? No. De pared, de mesa, de escritorio. Suizos, austríacos, franceses o españoles. Joyas repujadas del año 1.800 con incrustaciones de piedras semipreciosas, tallas de ébano y oro que son auténticas reliquias. De esta rama del patrimonio expropiado a la familia Ruiz-Mateos nació un museo en Jerez (Cádiz) llamado el ‘Palacio del Tiempo’ ubicado en el viejo palacete de los Mateos donde se expone la colección más puntual del mundo: unos 300 relojes que el patriarca del clan adquirió a golpe de talonario y de subasta para cumplir sus caprichos con el dinero que desfalcó a otros.

Cuadro Retrato imaginario

Warhol, Picasso, Saura... El sorprendente gusto de Roca

El caso de Juan Antonio Roca fue bastante singular. De aprendiz de astillero en paro a cerebro de una de las mayores tramas de corrupción urbanística de la historia de España y con una querencia ecléctica por el arte contemporáneo en gran formato; de Miró a Saura pasando por Warhol con cerámicas de Picasso. El decomiso de su patrimonio artístico puso patas arriba las casas de subastas: ¿tuvo un gusto exquisito o estaba muy bien asesorado? La Audiencia de Málaga se desbordó al punto de habilitar una web para la subasta de estos bienes del Caso Malaya y darle salida a una colección de arte asombrosa que se remontaba al siglo XIV. Un sinfín de pisos, solares, fincas, garajes, embarcaciones y hasta el BMW de la exalcaldesa Marisol Yagüe, que se liquidó por 5.450 euros al mejor postor. Insuficiente para recuperar los 2.400 millones de euros en los que la Justicia cifró el desfalco a los vecinos y vecinas de Marbella.

Recuperar e inventariar el patrimonio artístico decomisado a estos delincuentes está resultando ser todo un galimatías jurídico para la Justicia española, además de un jaleo burocrático. Todo sea para recuperar parte del dinero robado e integrar esas obras de arte en el Patrimonio Nacional.

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