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Cuando Sorolla sucumbió al poder del negro

Por Marta de Orbe

Cuadro Joaquín Sorolla y Bastida

El Museo Sorolla acoge una exposición en la que indaga sobre la oscuridad en la obra del maestro de la luz y la importancia del negro en la técnica pictórica de entre siglos

Visitar el Museo Sorolla, la antigua residencia del propio artista y su familia, un lugar luminoso, encantador y delicado, como su propia obra, siempre te predispone a disfrutar de las grandes obras del maestro de la luz, de los blancos y de los reflejos del agua.

Todos esos matices que le hicieron convertirse en el mayor exponente del impresionismo en nuestro país y en un virtuoso del tratamiento de la luz, de esa luz de Sorolla que hubiese sido imposible sin ser también un maestro de la oscuridad.

Y es precisamente esa oscuridad, ese negro, un concepto tan contradictorio con lo que significa la obra de Sorolla, lo que se van a encontrar los visitantes a su museo hasta el próximo 27 de noviembre en la exposición ‘Sorolla en negro’. Una muestra compuesta por más de 62 obras procedentes del propio museo y de otras instituciones y colecciones particulares, entre las que se incluyen algunas obras inéditas para el público como 'Maria Pintado' (1911) o el 'Retrato de Manuel Bartolomé Cossío' (1908).

La exposición es una ocasión única de acercarse al Sorolla más desconocido, pero también de comprender la importancia radical del color negro en la pintura de entre siglos, tanto a nivel técnico como conceptual. Y es que el negro de Sorolla arranca de su exhaustivo conocimiento de la tradición pictórica española. Velázquez, el Greco, Goya, muestran al maestro valenciano el enorme potencial del ‘no color’ como un elemento de expresividad capaz de sugerir estados poéticos, anímicos o sociales. Pero también aprovecha el poder del negro para crear contrastes radicales y potenciar el resto de colores.

Cuadro de Joaquín Sorolla y Bastida

Este uso excepcional que Sorolla hace del negro, tanto conceptual como técnicamente, es el hilo conductor de las cuatro partes en la que se divide la muestra.

Un color relacionado con la clase social

La primera arranca con ‘Armonías en negro y gris’, un conjunto de retratos que ejemplifican cómo a finales del XIX los negros y los grises se consideraban colores elegantes, cosmopolitas y propios del buen gusto.

Siguiendo estos preceptos, Sorolla plasma la elegancia de mujeres como ‘Elena con sombrero negro’ (1910) a través de su vestimenta rigurosamente negra, y da un carácter de responsabilidad, discreción y alcurnia a los retratos masculinos también con el oscuro color como muestra ‘Retrato de Manuel Bartolomé Cossío’, (1908).

En estos retratos se puede apreciar el lugar que ocupa el negro en el imaginario colectivo desde principios del siglo XX, una herramienta perfecta para transmitir la posición, la clase e incluso la edad de los retratados. Pero también nos muestran la importancia del gris, un tono que comenzaba a percibirse como un color moderno, abandonando la idea de que era una sucia mezcla de negros y blancos, y dándole la identidad de tono versátil y distinguido, una identidad que ya perduraría hasta nuestros días.

Cuadro Elena con sombrero negro
Cuadro Retrato de Manuel Bartolomé Cossío

Retrato de un España negra

Más allá de las escenas familiares en las playas valencianas, los reflejos del mar levantino y el ensalzamiento de una felicidad ilusionante ante el nuevo siglo, la obra de Sorolla también tiene obras críticas. En ellas hace un retrato social aplastante de la otra España, esa para la que el esperado nuevo siglo solo había supuesto más pobreza, más falta de libertad y más injusticia.

La segunda parte de la exposición nos muestra la importancia que el negro tuvo en algunas de sus obras más duras, como ‘Trata de Blancas’ (1894), donde Sorolla deja claro su concienciación social o ‘Estudio para «¡Otra Margarita!»’, (1892), una de las obras más peculiares del autor donde su técnica roza prácticamente la abstracción. A través de ellas apreciamos la relación inmediata que el negro establece con cierta simbología, generalmente con valores negativos, decadentes y miserables.

El trascurso del siglo XIX al XX fue una época proclive a considerar el color como fuente de sensaciones y Sorolla lo utilizó magistralmente en sus obras más pesimistas, pero también en otros donde el negro hacía alusión al misterio, a la incertidumbre y a lo sublime como en sus nazarenos de Semana Santa. El significado del color es cultural y la simbología del negro en occidente ya estaba fuertemente inculcada en la sociedad de finales del XIX. El maestro de los blancos no pudo rechazar el poder del negro para transmitir el sufrimiento y la pobreza de aquella España también negra que quería representar.

Cuadro Estudio para «¡Otra Margarita!»,

La luz del negro

Más allá de la simbología, técnicamente, el negro, y aunque parezca contradictorio, es esencial para plasmar la luz en una pintura. Los contrastes, las sombras, los efectos de la luz serían imposibles sin este color. Velázquez ya dio con esta clave, Sorolla heredó la lección hábilmente y la corroboró tras observar la importancia que tenía en el arte japonés. Algo que descubrió a través de tres álbumes de estampas japonesas que conserva su colección y en los que queda patente la capacidad del negro a la hora de definir las figuras, equilibrar los objetos y resaltar los colores.

La tercera parte de la exposición ‘Superficies negras y oscuras’, recoge precisamente algunas de las obras donde Sorolla utiliza esta virtud ‘luminosa’ y técnica del negro para llenar de su personal luz obras como ‘La sombra de la barca’, (1903-1904) en la que las manchas negras de la barca y su somba son el eje central de la composición, o ‘Mocita andaluza’, (1914) donde el manto pintado en negro con un auténtico virtuosismo técnico se convierte en un foco de luz para el resto de la obra.

Cuadro La sombra de la barca
Cuadro Mocita andaluza

Sorolla monocromo

Los colores son algo intrínseco a la obra de Sorolla, sin embargo, el último capítulo de esta muestra nos acerca a aquellas en las que el artista volvió a sucumbir al negro para plasmar sus paisajes y escenas más melancólicas y poéticas. Su virtuosismo de la monocromía con la que parte de un negro hacia malvas, ocres y azules, queda manifiesto de esta forma en obras como ‘Día gris en la playa de Valencia’, (1901) o ‘La sorpresa de Zahara. Interior de una fonda’, (1900), una obra donde la influencia de las pinturas negras goyescas es indiscutible.

Día gris en la playa de Valencia
Cuadro La sorpresa de Zahara. Interior de una fonda

El recorrido, en definitiva, consigue ampliar las miras sobre la obra de Sorolla descubriendo a su vez la importancia del negro en la técnica pictórica de cualquier maestro de la pintura de la talla del gran genio impresionista.

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