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Tv boy: “Las galerías son muy elitistas, el arte tendría que ser accesible a todo el mundo”

Por Romina Vallés

TV Boy frente al mural dedicado a la futbolista Alexia Putellas en Barcelona

Visitamos el taller barcelonés de TV Boy, uno de los máximos representantes del ‘street art’, género marginal en el pasado y originario de barrios pobres pero que hoy se puede llegar a vender por cantidades exorbitantes

Dos policías pintados sobre cartón troquelado a tamaño natural custodian el ventanal de entrada al taller de TV Boy en el barrio barcelonés de Gràcia. Nos recibe a cara descubierta: “No tengo por qué esconder mi identidad porque lo que hago no tiene por qué esconderse. No veo el arte urbano como un acto vandálico, sino como un regalo a la ciudad. Aunque respeto que otros artistas como Banksy prefieran preservar el secreto, si esa es su voluntad”, dice con una sonrisa que no abandonará en toda la entrevista.

Nacido en Palermo (Sicilia) en 1980, Salvatore Benintende estudió diseño industrial y trabajó como diseñador gráfico, pero colgó los hábitos por el arte urbano. De casta le venía al galgo: su padre era profesor de pintura. Para su primera exposición en 1999, al no tener una lira con que comprarse un lienzo, recurrió a televisores derrengados para crear una obra. “Empezaron a llamarme TV Boy y me agendé ese nombre”. Y Salvatore, que es alto, delgado y con un asombroso parecido con un popular humorista y presentador -“me dicen que me parezco muchísimo a David Broncano”- encontró su escaparate en la calle porque “las galerías son muy elitistas y el arte tiene que ser accesible a todo el mundo”.

En 2004, cuando llegó a Barcelona, la ciudad estaba plagada de grafitis que no se valoraban, “aún era un género muy marginal”. Quién le iba a decir que dos décadas después, el street art, nacido en los barrios pobres de Nueva York en la misma familia que el break dance o el rap, se expondría en galerías y se vendería por cantidades exorbitantes, como los 21 millones de euros que se pagaron en una puja de Sotheby’s por el famoso Banksy con la niña y el globo en forma de corazón, que previamente había sido triturado en otra subasta tras venderse por 1,2 millones de euros.

Quién le iba a decir a Salvatore que acabaría mostrando sus obras en la Biennale de Venecia, el Padiglione d ́Arte Contemporanea Milano y en varias muestras en Roma, Berna, Copenhague, Berlín, Beirut, Miami, Barcelona… en exposiciones individuales o junto a nombres como Andy Warhol, Keith Haring o Jean Michel Basquiat. Aunque lleva media vida viviendo en la Ciudad Condal, esta no es su único lienzo: Madrid o Milán también se despiertan muchas veces con nuevas viñetas que satirizan el mundo. “Intento reflejar la actualidad, casi todas mis obras se reconocen porque incorporo personajes que forman parte de las noticias de mi tiempo y por eso me gusta definirme como artista contemporáneo”, explica frente a una pintura de un cupido lanzando flechas al logo de Tinder.

Retrato de Stravinski junto a su piano

En esa actualidad, TV Boy prefiere no posicionarse políticamente demasiado, “sino mirar el mundo desde afuera, solo escoger las noticias que me tocan la fibra”. Para reivindicar los derechos de los refugiados que viajan por el Mediterráneo, por ejemplo, eligió la cubierta del barco de la ONG Open Arms y pintó un mural de una mujer migrante con los brazos abiertos junto a la frase ‘Open your arms to life’ (abracemos a la vida). Para gritar contra el racismo, le puso alas de ángel a George Floyd, el afroamericano que murió a manos de la policía en Minneapolis (EEUU) en mayo de 2020, por haber pagado en una tienda con un billete falso de 20 dólares.

Tampoco quiere meterse en cuestiones en las que no es un experto, como los conflictos bélicos, “pero a veces me salto las normas si el tema supera lo local para hacerse universal, porque entonces nos afecta a todos”. Es el caso de murales como el de Vladímir Putin, que pintó entre rejas, o el del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mostrando una señal de STOP. Este nuevo mural lo dibujó sobre otro en el que aparecían Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado emulando el cartel de la película 'Mr. & Mrs. Smith'.

A Maradona y a Messi los representó con sotana y aureola de santos, y a Nairobi y Tokio de la serie de televisión La Casa de Papel, besándose en la boca. “Durante un tiempo pinté una serie de personajes besándose, como el mural de Messi y Cristiano Ronaldo, que tanto ruido mediático hizo y supuso un punto de inflexión en mi carrera. Me empezaron a conocer de verdad”.

Ese ruido fue por todo lo que representaba ese beso: una llamada al diálogo y la concordia y la defensa de los derechos LGTBI. “Entonces entendí que hay que encontrar un lugar y un momento oportunos para pintar un tema, no vale pintar cualquier cosa cuando sea”. Solo así se puede provocar una reacción. Y para conseguir esta reacción, las redes sociales ayudan y mucho. Supera los 220 mil seguidores, pero “hasta hace dos años no tenía Instagram, me lo aconsejó un amigo. A cada pintura, gracias a que la gente las empezó a compartir en sus perfiles, obras locales se convirtieron en globales”.

Algunas obras de TV Boy

Además de los besos, el desafío al poder, la sátira de los políticos y los futbolistas divinos, TV Boy tiene otra serie, la de personajes de la historia del arte adaptados a nuestros días, como Leonardo Da Vinci y la Mona Lisa ataviados como hipsters, el David de Miguel Ángel haciéndose un selfi como un turista o la Venus de Botticelli vestida de Dolce & Gabbana posando como una influencer.

En el arte de TV Boy también tienen cabida las grandes estrellas de la música como Rihanna y, sobre todo, Rosalía, cuyo lienzo ataviada como una santa copa una de las paredes de la entrada del taller. “Antes idolatrábamos a los iconos religiosos, ahora a los músicos y a los influencers”. Una de sus últimas creaciones en pleno centro de Barcelona, pocos días después de esta entrevista, es una Raffaella Carrà sobre los colores LGTBI y el lila feminista.

Aunque el mayor alegato feminista de TV Boy sea, quizás, el gran mural que pintó en marzo en honor a Alexia Putellas, la capitana azulgrana ganadora del Balón de Oro, justo después de que su hija, de cinco años, le pidiera que la apuntara a fútbol. Con esta obra, Benintende llama a las nuevas generaciones a que luchen por aquello en lo que creen. “Los niños y niñas de ahora van a ser mejores que nosotros. El otro día, se me cayó un papelito al suelo y mi hija me reprendió por no estar cambiando el planeta”.

Retrato de Stravinski junto a su piano

Explica que pasó la noche anterior arreglando este mural: se lo habían pintarrajeado. Porque los artistas urbanos -o contemporáneos, como TV Boy-, se enfrentan a diario con los tags, esos nombres o siglas de jóvenes crews de grafiteros que pretenden plagarlo todo de sus firmas, “solo por destruir lo que hacemos nosotros, que tiene mucho trabajo detrás”.

Un trabajo que, en el caso de este artista, poco tiene que ver con un simple grafiti: él no pinta sus dibujos directamente sobre los muros, sino que los hace previamente en su estudio en un papel acrílico que luego recorta con la forma de la figura y pega en la pared. Más allá de los típicos esprays de grafitero, usa el acrílico, el óleo, la cera y la serigrafía, “porque con una sola técnica me aburro”.

Preparar sus dibujos antes, en el taller, le permite recrearse en los detalles, pero además ganar tiempo y evitar que los fans se agolpen a su alrededor. Y por qué no, esquivar a la policía, “aunque si tengo que pagar una multa, pues la pago”. Por eso intenta respetar los monumentos o las paredes históricas o nuevas y escoger solo zonas degradadas para pintar y así no tener problemas. Aunque a veces, meterse en problemas es inevitable si tocas temas incómodos: “He llegado a recibir una carta en tono amenazante de alguien muy muy importante por una pintura que le hice”.

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