Impulsando la ley de democratización en las empresas, perdón, de destrucción masiva de empresas
Como siempre, nada es casualidad y le están llamando democratización de las empresas a un asalto a mano armada a la propiedad privada y la libertad de empresa
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Chema Moya)
Y es que realmente no sé cómo las declaraciones de nuestra ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, tras la presentación del informe de expertos para la democratización de las empresas, no han provocado una salida masiva a las calles para manifestarnos en contra de tal despropósito. Quizás la batería constante de ocurrencias y disparates con las que diariamente nos impactan está teniendo sus frutos y, nuestro maravilloso sistema de adaptación, que tantas alegrías nos ha dado en otros tiempos, está anestesiando nuestro sistema límbico. De esta forma, nuestro organismo aminora nuestras reacciones de miedo e ira para protegernos de la avalancha de estímulos negativos que están impactando directamente sobre nuestra capacidad para competir, generar riqueza y proteger nuestro maravilloso y complejo estado de bienestar.
No es solo que la gran mayoría de las cuestiones que proponen en el informe de propuesta de ley sean tonterías que atacan directamente a la propiedad privada y a la libertad de empresa, es que además introducen muy sibilinamente conceptos que destrozarían la gobernanza de una empresa. Su argumentario principal para defender su propuesta es que el sistema que proponen en el informe es muy parecido al sistema de gestión empresarial alemán, cuestión que, por un lado, es absolutamente falsa, tal y como explicaré más adelante, y, por otro, nuestro tejido empresarial es muy diferente al alemán, tanto en tamaño como en cultura.
En Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, se tenía que reconstruir todo un país bajo dos premisas: la primera, integrar a los trabajadores en las empresas para evitar huelgas y revueltas en un momento de completo caos; la segunda, crear compañías en las que los trabajadores pudieran tener mecanismos de supervisión, pero no de control sobre cuestiones globales que afectaran a las compañías para evitar lobbies y oligopolios empresariales en su reconstrucción. Así crearon el Vorstand, que es un comité de dirección, bastante parecido al consejo de administración español, que es el órgano que decide y ejecuta la estrategia y está formado solo por profesionales y accionistas. Paralelamente a este órgano, crearon otro de supervisión llamado Aufsichtsrat, que es un comité que supervisa el buen funcionamiento del comité de dirección e influye en algunas decisiones, pero en ningún caso decide ni ejecuta la estrategia de la empresa.
Y es precisamente en este punto donde reside la mala intención de la propuesta que quiere inocularnos nuestra "buenista" ministra, y es que están proponiendo introducir representación de trabajadores no en un órgano de nueva creación de supervisión del órgano ejecutivo, sino que lo quieren introducir en nuestros órganos de decisión y ejecución estratégica, es decir, dentro de nuestros consejos de administración. En nuestro país, el órgano de decisión estratégica y de control de la ejecución de la misma son los consejos de administración, y están formados exclusivamente por accionistas o sus representantes junto con ejecutivos de reconocido prestigio, y es el órgano que decide y ejecuta la estrategia de la empresa. Como siempre, nada es casualidad y le están llamando democratización de las empresas a un asalto a mano armada a la propiedad privada y la libertad de empresa.
Además, la propuesta es sumamente intervencionista, pues la propuesta es que el consejo de administración (órgano estratégico y ejecutivo de la compañía) esté formado y representado por trabajadores hasta llegar a un quorum de un 50% de representación en función del tamaño de las compañías.
En definitiva, el informe presentado parece más bien un manual de destrucción masiva de empresas en países libres y democráticos. Es una verdadera locura que, en un órgano que tiene que estar formado por especialistas de diferentes disciplinas técnicas con un recorrido empresarial dilatado, pudieran entrar personas sin formación técnica ni empírica en este tipo de funciones. Es como si en un comité médico en el que se reúnen cirujanos, radiólogos, cardiólogos, oncólogos, etc., para decidir si operan o no a un paciente oncológico con alto riesgo cardiovascular, el 50% de ese comité estuviera formado por auxiliares de enfermería, celadores, bedeles que opinan sobre la idoneidad de la intervención. ¡Claro! Que este grupo de profesionales es un elemento esencial para que los cirujanos puedan operar y que todo el proceso de intervención sea lo más adecuado posible, pero no pueden estar tomando decisiones estratégicas sobre el futuro del paciente. Estamos mezclando peligrosamente "churras con merinas".
Debemos proteger la meritocracia y la no intervención en nuestras compañías o acabarán logrando destruir nuestro estado de bienestar
No comprendo bien cuáles son las motivaciones de nuestra ministra para motivar semejante aberración; lo que sé es que esta cuestión es muy estructural y mermaría drásticamente la capacidad competitiva de nuestras compañías, generando muchísimo paro y pobreza en muy poco tiempo. Yo no creo que sean tan torpemente inocentes, pienso que saben perfectamente lo que hacen y las graves consecuencias que esto tendría para la economía de nuestro país, pero recuerden, en su ideología, la pobreza es un activo a gestionar para controlar voluntades y aborregar al pueblo.
Sé que esta reflexión se llenará de "progres" e "igualitarios de salón" para atacarme de clasista y un sinfín de insultos, pero somos las empresas y los empresarios los que tenemos la obligación de generar trabajo y riqueza para que, vía impuestos de los trabajadores y nuestras compañías, podamos entre todos sostener un estado en el que el acceso a la sanidad, la educación, ayudas sociales, etc., sea universal y gratuito. Un estado que luche con todos sus medios para generar la mayor igualdad de oportunidades entre todos nosotros, que nada tiene que ver con la tétrica igualdad de resultados que siempre están proponiendo. Debemos levantar la voz y proteger la meritocracia y la no intervención en nuestras compañías o terminarán consiguiendodestruir nuestro estado de bienestar que tanto sudor y sangre le costó a nuestros mayores.
Salud y fuerza para aguantar este temporal de oscurantismo y locura al que estamos asistiendo.
*Paco Ávila, empresario.
Y es que realmente no sé cómo las declaraciones de nuestra ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, tras la presentación del informe de expertos para la democratización de las empresas, no han provocado una salida masiva a las calles para manifestarnos en contra de tal despropósito. Quizás la batería constante de ocurrencias y disparates con las que diariamente nos impactan está teniendo sus frutos y, nuestro maravilloso sistema de adaptación, que tantas alegrías nos ha dado en otros tiempos, está anestesiando nuestro sistema límbico. De esta forma, nuestro organismo aminora nuestras reacciones de miedo e ira para protegernos de la avalancha de estímulos negativos que están impactando directamente sobre nuestra capacidad para competir, generar riqueza y proteger nuestro maravilloso y complejo estado de bienestar.