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"Make no mistake". Una declaración de guerra política en toda regla
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"Make no mistake". Una declaración de guerra política en toda regla

Las invectivas de Trump exponen alguna media verdad y una gran mentira en forma de caballo de Troya para fragmentarnos y hacernos serviles. Un torpedo a la línea de flotación del estadio actual de integración: mercado único y euro íntegro

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Evelyn Hockstein)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Evelyn Hockstein)

Llevamos un par de semanitas de invectivas trumpistas contra Europa y la UE jugosas. Al documento sobre estrategia de seguridad nacional (NSS) en el que se retrata a la UE como el enemigo de EEUU, por delante de cualquier autocracia al uso, sea Rusia o China, siguió una entrevista con Político en la que el presidente americano se despachó a gusto: "débiles", "perdedores", "no saben qué hacer", etc. El propio website le concedió, y con razón, el título de persona más influyente en los asuntos de Europa. Por su capacidad de modular desde la distancia temas tan diversos como la defensa, el comercio internacional o la regulación digital. La respuesta europea de boca de VdL o Costa sigue anclada en el apaciguamiento y el mirar de soslayo.

Aquí, que andamos en el lodazal de la política patria ansiosos por tirar de la cadena, el asunto no ha tenido mucha repercusión mediática. Pero, allende nuestras fronteras ha causado muchísimo revuelo. Y a nivel personal, dicho sea de paso- la mitad de mi vida profesional en EEUU- resulta traumático. Trump ha expuesto muchas medias verdades: el riesgo de una inmigración descontrolada que ya conocemos, o el abotargamiento regulatorio que también. Pero envuelta en todas ellas anida una gran mentira, a modo de caballo de Troya. Que la solución al problema europeo reside en "la resistencia" a la UE por parte de las derechas nacionalistas. Y no en su reforma. Si deshacer la UE es un vector estratégico, el sintagma "declaración de guerra política" no es una hipérbole.

Es este EEUU del MAGA el que decide estratégicamente desentenderse del vínculo histórico con Europa y del atlanticismo que ellos mismos forjaron tras las guerras mundiales. Y dar la máxima interlocución a rusos y chinos. Y van en serio. "Divide y vencerás". No acabó siendo oficial, pero en un borrador filtrado del documento, se concita la presión sobre cuatro países: Polonia, Italia, Austria y Hungría, para alejarlos de la UE. Ojalá nos cayera esa breva. Nada fortalecería más el impulso contrario, una suerte de "nacionalismo europeo".

Lo crítico es que las invectivas van directas a la línea de flotación del proceso de integración europea. El actual estadio de medias tintas es precisamente el que nos impide capitalizar económicamente los réditos potenciales del conjunto. La prosperidad en Europa, de la mano de los planes Draghi & Letta, depende de liberalizar por dentro, liberándola precisamente de las posturas nacionalistas reaccionarias, como explicamos aquí, justo el día de la NSS. De superar con determinación el engorro del nacionalismo económico que atenaza el potencial del mercado único y la Europa geopolítica. La misma línea que tomó The Economist días después.

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En este punto, como dicen los propios americanos cuando se ponen resolutivos: "Make no mistake". No llamarse a error. Esta línea de política exterior es un ataque político en toda regla a la soberanía y pretensiones de autonomía estratégica europea. O integramos urgente o decaemos en un proceso de centrifugado que nos deja fragmentados y serviles. Justo la intención trumpista con los "patriotas". Si no existe un "nacionalismo europeo", ya está de camino.

"No hay mejor defensa que un ataque". Es cómo funciona la psicología del presidente americano, transaccional, predatoria y cortoplacista. Olvídense de construir sobre convenciones y reglas, proceso propio de una sociedad abierta que antaño informaba los cauces de la política exterior. Ahora el "poder" hace "derecho". ¿Pero, defenderse de qué? De la amenaza que perciben de una autonomía estratégica europea, justo en esos mismos frentes en los que, de avanzar, saben, Europa activa ese "poder". Y pensar mal de Trump ha funcionado desde el primer momento.

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De un lado, el tamaño del mercado único de 450 millones de consumidores y sus posibilidades. Cuando este verano Europa se plegó sin responder a la imposición unilateral de aranceles del 15% a sus exportaciones, nos dejamos en el tintero, sin siquiera mentar, la posibilidad de gravar la actividad de las grandes tecnológicas en Europa, hasta un 30% de su valor en bolsa.

Ahora bien, con lo que de verdad evacúan las tripas, está en los mercados de capital. Y la necesidad imperiosa de preservar el "privilegio dólar", esa facultad americana de financiar déficits comerciales y fiscales a costa del resto del mundo a un coste menor del que tendría cualquier otra jurisdicción. Fue el propio Trump el que, sobre la mentira fundacional del "Make America Great Again"- que el resto del mundo se aprovecha de EEUU-, acabó con la globalización abierta imponiendo aranceles el "Día de la Liberación". Y abrió la puerta a rescindir el privilegio. Van inextricablemente de la mano. Una autoinmolación ya escrita en la Historia y de cuyo riesgo se han percatado a posteriori.

La pérdida del privilegio dólar es un proceso estructural de enorme calado y en curso. No existe una alternativa única, salvo el resto del mundo: cómo han subido sus mercados por encima del americano este año. Pero la más verosímil, con diferencia, es la consumación de un euro íntegro, es decir respaldado por algún tipo de Tesoro Europeo. Planea por todos lados en los planes Draghi y Letta y la idea tiene muchísima historia. Desde la propuesta ya en 2010 al albor de la crisis del euro para integrar hasta un 60% de la deuda sobre el PIB en "bonos azules" europeos (Von Weizschaker), o recientemente Blanchard. The Blue Bond proposal. Cuando Merkel evitó la discusión, claudicó ante el AfD. La realidad tiene esa impertinente propiedad de recurrir. Aquí el jefe de Blackrock en Europa, un tipo que mide muy bien sus palabras, señala la similitud entre la UE y la caída de la antigua URSS.

Foto: europa-china-eeuu-trump-acuerdo-comercial-aranceles Opinión

De competir por capital en EEUU saben más que nadie. El de salida tiene fundadas dudas sobre la calidad de la gestión de la cosa pública en este EEUU del MAGA que trascenderá al propio Trump, incluida la tendencia arraigada, secular y creciente a no cuadrar las cuentas (OBBB), no pagar impuestos y que te lo cubran los de fuera. O acabar monetizándolas la Fed. Amén del arrample con el marco institucional, la independencia de los organismos estatales o el obsceno beneficio a título particular del presidente y sus allegados de la acción gubernamental (como aquí, pero otra dimensión). En fin, como en el cole, si no te portas, acabas pagándola. O pasas el muerto a otros. Qué mejor defensa que un ataque a la integridad de la UE y, quizá, su pasaje a la geopolítica, el euro.

A tenor de la respuesta oficial que ha recibido el NSS, seguimos empeñados en una estrategia de apaciguamiento que con el personaje en cuestión no funciona. De fondo siguen la calibración de dependencias en defensa y el plan para Ucrania traducido del ruso. En algún momento habrá que tomar el toro por los cuernos.

Pasar del apaciguamiento a la autonomía real es la única ruta viable para evitar la servidumbre y la humillación. Va a ser un proceso lento y doloroso. Sujeto a idas y venidas. Un proceso de toma riesgos. La verdad está siempre, siempre donde aprieta.

*Fernando Primo de Rivera, autor de La economía que viene… (Editorial Arzalia).

Llevamos un par de semanitas de invectivas trumpistas contra Europa y la UE jugosas. Al documento sobre estrategia de seguridad nacional (NSS) en el que se retrata a la UE como el enemigo de EEUU, por delante de cualquier autocracia al uso, sea Rusia o China, siguió una entrevista con Político en la que el presidente americano se despachó a gusto: "débiles", "perdedores", "no saben qué hacer", etc. El propio website le concedió, y con razón, el título de persona más influyente en los asuntos de Europa. Por su capacidad de modular desde la distancia temas tan diversos como la defensa, el comercio internacional o la regulación digital. La respuesta europea de boca de VdL o Costa sigue anclada en el apaciguamiento y el mirar de soslayo.

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