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Un liderazgo muerto: lo disruptivo y la innovación
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Esther Blázquez Blanco

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Un liderazgo muerto: lo disruptivo y la innovación

Para innovar, igual hay que ir a lo de toda la vida, o sea, habitarse, entenderse, escucharse, querer comprenderse. Y, a partir de ahí, entonces sí, crear, que es lo mismo que innovar

Foto: La IA, en el centro del debate laboral. (EFE/Carlos Díaz)
La IA, en el centro del debate laboral. (EFE/Carlos Díaz)

En esta cúspide de ansiedad por meter la IA en absolutamente todas las empresas sin hacerse las preguntas correctas, ocurren conversaciones cansinas donde una empresa quiere innovar, lo confunde con disrupción y, al final, solo se navega por la superficie. O los equipos comienzan a temblar porque un comité ejecutivo quiere que las cosas cambien, pero siempre y cuando cambien los demás. O se movilizan equipos entusiasmados que, al tener un entorno que se mueve a ritmo de brontosaurio, los etiquetan de disruptivos y acaban marchitándose. Escuchan esto: "Lo ves, te lo dije, aquí no se podían cambiar las cosas". Cuando, en verdad, quien dice "te lo dije", nunca hizo nada por apoyar, noblemente, a quien quería liderar mejoras.

Me sigues, ¿verdad? Bien, por partes:

—Disruptivo. Que produce disrupción.

—Disrupción. Rotura o interrupción brusca.

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Te cuento ejemplos de lo que es disruptivo, o sea, "que produce roturas o interrupciones bruscas" en una organización:

  • Tener "grandes desafíos" para el equipo y querer resolverlos todos con una sesión de trabajo un día. O peor, con un team building. Parche disruptivo.
  • Decir que las personas importan, pero que sea un problema de reporte de horas cada momento que un equipo emplea en formarse.
  • Dar feedback "constructivo" y no solicitado basado en una agenda personal pero, "oye, tómatelo como un regalo, hombre, mujer, que no es personal". Será floral, me pregunto.
  • Llegar a unos objetivos a costa de que otros no lleguen a los suyos.
  • Quejarse del departamento X y tener justo en la mesa de al lado la oportunidad de levantar el culo de la silla y solucionar las cosas dialogando. Pero claro, también se puede ser disruptivo y seguir hablando de un tercero que no está en la sala.
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¿Sigo? Tengo más. Venga, sigo:

  • Querer que el equipo sea "más accountable" (que apechugue más), pero no tener a nadie que les explique lo que es eso ni cómo hacerlo.
  • Decirle al otro que "no estás alineado" cuando, en verdad, es "quiero que hagas lo que yo digo".
  • Elegir convencer al otro. En vez de escuchar para entender.
  • Estar ausente.
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Esto no es innovar, esto es morir. Entonces, igual tenemos una oportunidad aquí, que es la siguiente: si queremos innovar en nuestras empresas, tal vez haya que empezar por dejar atrás la disrupción, o sea, la rotura, y comenzar a vivir. Hacer vivos los negocios, con sus personas dentro, que son quienes lo avivan, precisamente.

Para innovar, igual hay que ir a lo de toda la vida, o sea, habitarse, entenderse, escucharse, querer comprenderse. Y, a partir de ahí, entonces sí, crear, que es lo mismo que innovar. O sea, hacer visible lo que alguien se imaginó un día. Esa locura, sí. Podríamos volver a esto:

  • Mirarse a los ojos. De toda la vida.
  • Comenzar una reunión deseándote un buen día de verdad, y que eso instale un propósito para el tiempo que vamos a pasar juntos. De toda la vida.
  • Indagar: juntarte con los tuyos, con los que te relacionas 1800h/año, y hacer preguntas en las que importa la historia del otro. De toda la vida.
  • Escuchar para saber en qué me equivoco. De toda la vida.
  • Hacer negocios con una causa justa. De toda la vida.
  • Crear estrategias poniendo la vida y el amor al ser humano en el centro de nuestras decisiones. De toda la vida.
  • Estar presente, o sea, atento. Conectado a lo mío, lo tuyo y lo nuestro. De toda la vida.
  • Hacer el team building porque sí. También para celebrar que aquí seguimos. De toda la vida.
  • Juntarse para contar historias, recordar el origen, lo que nos une. Y escuchar música a ser posible. De toda la vida.
  • Ganar dinero cuidando a quien lo gana con nosotros. De toda la vida.
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En resumen, trabajar compartiendo lo que amamos. Innovar con sentido. Crear por vocación. Un equipo que hace esto, es imparable, de verdad. Y puede con los próximos 88 años de IA, incertidumbre y complejidad.

Esto, que debería ser lo normal de toda la vida (si no, para qué, en serio, para qué), a veces parece lo difícil o raro hoy en día. Igual, lo disruptivo. Y sí, es difícil, la verdad. Pero, si a estas alturas del artículo sigues leyendo (gracias, de corazón) es que te importa, y ya sería un buen comienzo.

La buena noticia es que existen empresas que lo hacen. No es imposible. Esto, que a mí me pareció una locura un día, hoy ya no es disrupción para muchos equipos. Han elegido innovar, sabiendo que solo es innovación si mejora la vida de los seres humanos. Se sabe cuando un equipo se siente más vivo, y no más disruptivo.

En esta cúspide de ansiedad por meter la IA en absolutamente todas las empresas sin hacerse las preguntas correctas, ocurren conversaciones cansinas donde una empresa quiere innovar, lo confunde con disrupción y, al final, solo se navega por la superficie. O los equipos comienzan a temblar porque un comité ejecutivo quiere que las cosas cambien, pero siempre y cuando cambien los demás. O se movilizan equipos entusiasmados que, al tener un entorno que se mueve a ritmo de brontosaurio, los etiquetan de disruptivos y acaban marchitándose. Escuchan esto: "Lo ves, te lo dije, aquí no se podían cambiar las cosas". Cuando, en verdad, quien dice "te lo dije", nunca hizo nada por apoyar, noblemente, a quien quería liderar mejoras.

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