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Diario de un transeúnte (VII): empatía o soberbia
La administración debe recordar que no es una máquina sin rostro, sino un conjunto de personas al servicio de otras personas
"Solo puedes entender a la gente si la sientes en ti mismo". Esta frase del escritor norteamericano John Steinbeck define muy bien el papel que jugamos los gestores administrativos y, sobre todo, define la manera de actuar de la Administración, que en absoluto siente a la gente en sí misma.
El Real Decreto Ley 5/2023, de 28 de junio, modificó el Estatuto de los Trabajadores en relación con la conciliación de la vida familiar y profesional, entre otros asuntos. Incluye medidas destinadas a mejorar la conciliación de la vida familiar y profesional. Entre sus disposiciones, destacan el reconocimiento del derecho a solicitar adaptaciones en la jornada laboral y condiciones de trabajo para atender responsabilidades familiares, así como permisos retribuidos por motivos urgentes relacionados con familiares cercanos. La norma persigue fomentar un equilibrio efectivo entre las responsabilidades laborales y familiares, promoviendo la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, y alineando las políticas nacionales con las recomendaciones europeas sobre igualdad y conciliación.
Si revisamos la hemeroteca, podemos encontrar suficiente documentación que acredita la dureza con la que se revisan las demandas de trabajadores por decisiones que, en su opinión, atentan contra las medidas contenidas en el Real Decreto citado.
El pasado viernes por la noche y durante la madrugada del sábado, como representante de un elevado número de autónomos, recibí más de 80 notificaciones de la Seguridad Social en la que se reclama al autónomo la regularización de las cotizaciones que pagó durante 2023, una vez revisados los rendimientos netos que obtuvo durante dicho ejercicio.
"Durante la madrugada del sábado, recibí más de 80 notificaciones de la Seguridad Social"
No cuestiono que se solicite la regularización de cotizaciones si estas son menores a las que exige la normativa vigente. Sin embargo, ¿es que la conciliación entre la vida familiar y profesional no aplica a los Colaboradores Sociales y a los autónomos? La Administración, que regula, controla e inspecciona el cumplimiento de estas normas, parece no sentirse obligada a predicar con el ejemplo ni a respetar los mismos derechos que defiende en su legislación.
Al recibir una notificación, cualquier colaborador social o autónomo siente la obligación inmediata de abrirla para conocer su alcance. Ahora imagine hacerlo con 80 notificaciones, todas llegadas entre la medianoche y las tres de la madrugada, identificando al destinatario y el concepto notificado. Por respeto, opté por no reenviar estas notificaciones a mis clientes durante el fin de semana, pero no tuve más remedio que ponerme en marcha: los plazos empiezan a correr desde el momento de apertura, dejando tan solo diez días para resolverlas todas. Este ritmo impuesto por la administración, lejos de facilitar, obstaculiza la conciliación que ella misma dice defender.
Por supuesto, opté por no reenviar estas notificaciones a mis clientes de inmediato, respetando su derecho a descansar durante el fin de semana. Sin embargo, no tuve más remedio que comenzar a trabajar: disponía de solo diez días para gestionarlas todas. Mientras escribo estas líneas, las notificaciones siguen llegando, una tras otra, como si la Administración no reconociera el impacto humano de sus acciones.
"Las notificaciones siguen llegando, como si la Administración no reconociera el impacto humano de sus acciones"
No es justo que una Administración financiada por nuestros impuestos, dedicada a atender a los ciudadanos, funcione con la soberbia de quien se cree con el poder absoluto y omnímodo para hacer lo que le apetezca, dándole la espalda a la normativa que ella misma propone persiguiendo mejorar la vida de los trabajadores. Les recuerdo que los autónomos somos trabajadores, aunque sea por cuenta propia. Pero, sobre todo, somos personas.
Y verán, es que para enviar las notificaciones a estas horas no hay un grupo de funcionarios dándole al 'Enter' en el ordenador; nada más lejos, lo que hacen los antipáticos sistemas de la Administración es programar los envíos a esas horas, pero ¿con qué objetivo? No importan los objetivos, salvo que sean para fastidiar. Pensando bien, solo se me ocurre que a la Administración le falta empatía y no le preocupamos de ninguna de las maneras.
¿Es esto un simple descuido o el reflejo de una Administración que ha perdido el contacto con la realidad de quienes la sustentan? ¿Cuántos autónomos han visto interrumpida una cena familiar, una celebración o su merecido descanso debido a notificaciones enviadas en horarios intempestivos? Y lo que es aún peor, ¿cuántos gestores administrativos, como representantes de estos profesionales, se han visto obligados a trabajar durante la noche o el fin de semana para evitar daños mayores a sus clientes?
Estas prácticas demuestran una alarmante falta de empatía institucional. Aunque la Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común, establece la obligación de garantizar la eficacia y la seguridad jurídica, ¿cómo puede considerarse eficaz una notificación enviada en horarios en los que es prácticamente imposible responder? Más bien parece un abuso de la posición privilegiada de la administración, que debería ser la primera en predicar con el ejemplo en el respeto a la conciliación.
"¿Cómo puede considerarse eficaz una notificación enviada en horarios en los que es prácticamente imposible responder?"
Un ejemplo claro de cómo la Administración acepta criterios flexibles cuando le conviene se observa en los procesos electorales. Es habitual que se paralicen investigaciones judiciales o la emisión de sentencias vinculadas al ámbito político para evitar influir en el proceso electoral. ¿Por qué no aplicar un criterio similar con las notificaciones administrativas, respetando horarios razonables y evitando entorpecer el derecho a la conciliación de los ciudadanos?
Más allá de las leyes y normativas, la cuestión es profundamente humana. ¿Es consciente la administración de que detrás de cada notificación hay una persona, una familia, una vida? ¿Recuerda que su razón de ser es servir a la ciudadanía y no complicarle la existencia? Estas prácticas erosionan la confianza en las instituciones, haciendo que los ciudadanos se pregunten si quienes toman estas decisiones entienden realmente el impacto de sus acciones.
El camino hacia una Administración más humana y empática requiere de cambios concretos. Entre las medidas que debería implementar se encuentran las siguientes:
- Respetar horarios laborales: establecer franjas horarias para las notificaciones que coincidan con el horario habitual de trabajo, evitando las noches y los fines de semana.
- Planificación y tecnología: optimizar los sistemas para programar notificaciones en horarios adecuados, garantizando el cumplimiento de los derechos de los ciudadanos y de sus representantes.
- Formación en empatía institucional: capacitar a los responsables de las decisiones administrativas para que comprendan el impacto humano de su trabajo.
La administración debe recordar que no es una máquina sin rostro, sino un conjunto de personas al servicio de otras personas. Cuando envía una notificación, no lo hace a un número o a un buzón, sino a un ser humano que, al igual que sus funcionarios, tiene derecho a disfrutar de su vida personal.
En palabras de Mahatma Gandhi, “La mejor manera de encontrarte a ti mismo es perdiéndote en el servicio a los demás”. Es hora de que la administración encuentre su verdadera esencia: servir con humanidad, respeto y empatía a quienes la sostienen con sus impuestos y sus votos.
* Fernando Jesús Santiago Ollero es presidente del Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos.
"Solo puedes entender a la gente si la sientes en ti mismo". Esta frase del escritor norteamericano John Steinbeck define muy bien el papel que jugamos los gestores administrativos y, sobre todo, define la manera de actuar de la Administración, que en absoluto siente a la gente en sí misma.