nuevos documentos de los papeles de panamá

Irregularidades y caos interno: la caída de Mossack Fonseca tras los papeles de Panamá

Los empleados del despacho panameño desconocían la identidad de la mayoría de personas que se escondían detrás de sus sociedades pantalla. Han cerrado casi todas sus oficinas

Foto: Un periodista panameño, en la sede de Mossack Fonseca, durante la redada en las oficinas del despacho. (EFE)
Un periodista panameño, en la sede de Mossack Fonseca, durante la redada en las oficinas del despacho. (EFE)

"¿Esto está relacionado con lo que ha salido en los periódicos?". El correo electrónico llegaba a un empleado del despacho panameño Mossack Fonseca el 12 de abril de 2016. 'Esto' era una sociedad de Seychelles abierta desde Suiza y de la que Bruno Gómez-Acebo, primo de Felipe VI e hijo de Pilar de Borbón, era apoderado.

El correo daba comienzo a un rápido proceso interno. Mossack Fonseca se desentendía de la sociedad y renunciaba a mantenerla. De repente, se habían dado cuenta de que estaba relacionada con una persona ‘políticamente expuesta' (PEP, en el argot 'offshore'). Tres meses antes, en enero de ese mismo año, no habían prestado atención ninguna a la sociedad y habían decidido mantenerla.

Bruno Gómez-Acebo pasaba de no pertenecer a la familia real y "tener sus propios negocios", a ser una persona políticamente expuesta, hasta el punto de obligar al bufete a renunciar a la sociedad. Lo único que había cambiado en ese lapso de tiempo es que se habían desvelado los papeles de Panamá.

Casos como este se repitieron por decenas en los meses posteriores a la publicación mundial de abril de 2016. El Confidencial y La Sexta, en colaboración con decenas de medios coordinados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), han accedido a una nueva remesa de papeles del despacho de abogados Mossack Fonseca, que incluyen documentos relativos a los meses siguientes a la publicación de la investigación periodística.

Los nuevos datos (1,2 millones de documentos) destapan que Mossack Fonseca, dos meses después de que la compañía descubriera la filtración de sus documentos internos, todavía no sabía identificar a los beneficiarios de la enorme mayoría de sociedades que habían creado.

Una vez publicada la investigación periodística —y no antes—, los abogados comenzaron a enviar 'Reportes de actividad sospechosa', informes de obligado cumplimiento en el caso de que un abogado tuviera indicios de que se está haciendo un uso ilegítimo de una determinada sociedad. En casos de personas políticamente expuestas, como Gómez-Acebo, este control posterior acabó en la renuncia de Mossack Fonseca como agente registrador de la sociedad para evitarse problemas futuros.

Pánico en la oficina

Hasta inicios de marzo de 2016, el despacho seguía con su rutina diaria. Fue entonces —el 9 de ese mes— cuando un correo de los periodistas del ICIJ les remitía una serie de preguntas relacionadas con numerosas sociedades que habían creado. Fue ese el momento en que Mossack Fonseca descubrió que la información de todos sus servidores (11 millones de documentos, 2,6 terabytes de información) se convertiría en la mayor filtración de la historia del periodismo. La información iba de 1970 hasta el mismo 2016. A partir de entonces, los empleados de Mossack Fonseca intercambiaron frenéticamente mensajes y llamadas con banqueros, intermediarios y profesionales del sector, información sobre la que se basa esta segunda parte de la investigación.

Los nuevos documentos muestran la absoluta falta de control dentro del despacho. Mossack Fonseca desconocía la identidad real de los dueños del 70% de las 28.500 compañías que tenían abiertas en Islas Vírgenes Británicas, el paraíso fiscal más utilizado en la firma. En cuanto a las 10.500 sociedades abiertas en Panamá en su cartera, solo poseían información de un 15%.

PARECEMOS UNOS MALDITOS AFICIONADOS. Es una operación digna de Mickey Mouse

Los correos electrónicos con intermediarios de medio mundo muestran también el laxo cumplimiento de la normativa que obliga a los abogados que se dedican a crear sociedades a conocer el beneficiario último de las mismas. "¡EL CLIENTE DESAPARECIÓ! ¡YA NO LO PUEDO LOCALIZAR!", escribió en marzo de 2017 Nicole Didi, asesora suiza de gestión patrimonial. Esta mujer, intermediaria desde hacía mucho tiempo para Mossack Fonseca, trabajaba con unas 80 sociedades creadas por el bufete.

“Esto es ridículo”, escribía al despacho Eliezer Panell, un abogado de Florida exasperado por las múltiples peticiones de Mossack Fonseca. Los abogados estaban pidiendo, día tras día, que se les remitiera información para identificar a los propietarios reales de las compañías que este intermediario había abierto. “NO ES POSIBLE un día después de que pidáis un documento, volver a pedir otra cosa”, insistía Panell. "PARECEMOS UNOS MALDITOS AFICIONADOS. Una operación digna de Mickey Mouse".

“¡Este periodista quiere publicar un artículo!”

El día después de que se confirmara la filtración, el asesor legal de Mossack Fonseca pidió al fiscal general de Panamá que lanzara una investigación criminal para "interrogar urgentemente" a periodistas de Francia, Dinamarca, Australia, Estados Unidos y Alemania. Eran los colaboradores del ICIJ que estaban en Panamá para filmar material gráfico de lo que se convertiría en la investigación de los papeles de Panamá. El letrado intentó, sin éxito, que no se les dejara abandonar el país hasta que revelaran cómo habían obtenido los documentos. Los informadores llevaban ya más de un año trabajando con esa información.

Nicole Didi, la asesora suiza, fue de las primeras en contactar con el bufete tras enterarse de la que iba a caer: "¡Hay un periodista francés que quiere publicar un artículo en el periódico 'Le Monde'... no puedo aceptarlo!", escribió Didi en un correo electrónico con parte del texto resaltado en amarillo.

El coordinador del servicio de clientes de Mossack Fonseca, Jorge Cerrud, trató de calmar a Didi por teléfono: "Voy a hablar con nuestro departamento de relaciones públicas para ver cómo podemos ayudarte en caso de que los periodistas te contacten de nuevo", escribió Cerrud por correo electrónico. Después de que se publicara la investigación, los correos y las llamadas telefónicas se dispararon. Los empleados del bufete, por su parte, aumentaron exponencialmente el uso de una dirección de correo electrónico: CrisisCommitte@mossfon.

Muchos de los correos iban en la misma línea de uno enviado por Charles Hotton, director gerente de una filial de Jersey del Banco de Singapur, entidad que ayudaba a varios clientes pudientes a proteger sus activos: "URGENTE... Necesito saber qué documentos/qué información de BO ['beneficial owner', beneficiario final de la sociedad] se sacó de los archivos y cuándo".

En algunos casos, eran los mismos clientes de Mossack quienes, escribiendo a Panamá, se destapaban como clientes del despacho. Es el caso de un grupo de asistentes del presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, que envió al bufete una factura de electricidad para demostrar su identidad después de que las autoridades fiscales de Islas Vírgenes Británicas exigieran la confirmación de la propiedad de la compañía 'offshore' de Poroshenko.

Los investigadores han encontrado deficiencias importantes en las operaciones de Mossack Fonseca

Los abogados del presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Khalifa bin Zayed al Nahyan, enviaron un correo protegido con contraseña para remitir su pasaporte y los nombres de los miembros de su familia vinculados a las sociedades 'offshore'. Esa prueba le permitiría al monarca seguir siendo propietario y administrador de propiedades en el Reino Unido a través de estas compañías.

En la correspondencia se encuentran también 17 correos electrónicos con representantes de la estrella de Hollywood Jackie Chan, cliente de Mossack Fonseca que facilitó su pasaporte escaneado y una declaración de American Express en un intento por mantener abiertas sus compañías. El despacho también se comunicó con los abogados que ayudaron a administrar la compañía panameña de la superestrella del fútbol argentino Lionel Messi, que recientemente había sido declarado culpable de fraude fiscal en España.

Tanta prisa por remitir documentos tiene una explicación. Hasta el momento, como se ha mencionado, Mossack desconocía quiénes eran los dueños reales de miles de compañías, pasando por alto sus obligaciones legales. Tras el contacto por parte de los medios o, directamente, de las personalidades involucradas en la filtración, empezó a intentar recopilar información para sacar en claro los detalles de cada compañía.

El fin del secretismo

Las autoridades de Seychelles, islas del Océano Índico conocidas por sus playas y su secretismo a efectos tributarios, fueron de las primeras en tomar contacto con el despacho, ya en abril de 2016. La Autoridad de Servicios Financieros del país solicitó información de una parte de las 5.379 compañías que Mossack gestionaba en su jurisdicción. El informe con el que concluyó su trabajo destacaba que la oficina de Mossack Fonseca no monitoreaba regularmente a los clientes de riesgo o con cargos públicos, ni estaba al tanto de aquellos que habían violado leyes y regulaciones contra el lavado de dinero: "En general, los investigadores han encontrado deficiencias importantes en las operaciones de Mossack Fonseca en Seychelles".

Después de las autoridades de las islas del Índico, se sucedieron las peticiones al despacho. Desde India, España, Suiza o Argentina, los fiscos exigían información. La policía local de Islas Vírgenes entró en las oficinas del bufete para buscar datos de una trama de sobornos que involucraba al magnate del petróleo nigeriano Kolawole Aluko.

Ramón Fonseca, en una rueda de prensa tras la publicación de los papeles de su despacho. (Reuters)
Ramón Fonseca, en una rueda de prensa tras la publicación de los papeles de su despacho. (Reuters)

Al principio, Mossack Fonseca trató de alentar a sus clientes para que siguieran con ellos, a pesar de la tormenta de relaciones públicas. El bufete redujo las tarifas y ofreció a algunos clientes la opción de cambiar el nombre de sus empresas pantalla para que las operaciones comerciales pudieran continuar de forma más discreta. En concreto, ayudó a algunos clientes al cambiar su propio nombre comercial para eliminar cualquier referencia obvia a los fundadores panameños en los correos, los paquetes y las facturas: en Samoa, Mossack Fonseca se convirtió en Central Corporate Services Ltd. En Panamá, transfirió los clientes a Orbis Legal Services, que contrató a algunos empleados de Mossack Fonseca para mantener el “mismo nivel de servicio”.

Otros clientes simplemente trasladaron su negocio a otros proveedores de servicios 'offshore' en paraísos como Guernsey, en las Islas del Canal, Islas Vírgenes Británicas y Chipre. Y otros clientes comenzaron a informar de que los bancos rechazaban aceptar o procesar pagos a Mossack Fonseca.

Sentimos mucho lo que sucedió... Y les deseo lo mejor, pero se ha roto el objetivo principal de este tipo de estructuras: la confidencialidad

En mayo de 2016, el bufete anunció a los clientes que cerraría su oficina en Isla de Man. Pocos meses después, se sucedieron los cierres de oficinas en Jersey y Hong Kong. Hace un año, Jurgen Mossack y Ramón Fonseca, fundadores de la firma, anunciaron que dejaban el negocio y, con ellos, lo hacían decenas de trabajadores. A día de hoy, solo queda una oficina en Panamá, que permanece abierta para cerrar burocracia pendiente.

El golpe más grande para los clientes de Mossack fue la ruptura del secreto mejor guardado del mundo 'offshore'. Como escribió el asesor fiscal uruguayo Ignacio Fechou en un correo al despacho: "Sentimos mucho lo que sucedió... Y les deseo lo mejor, pero se ha roto el objetivo principal de este tipo de estructuras: la confidencialidad".

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