Por un lado, no estamos preparados socialmente para lo que viene. La brecha entre lo que hay que invertir y lo que parte de la ciudadanía parece estar dispuesta a asumir es significativa. El partidismo amenaza con secuestrar otro de los debates más trascendentes para el futuro de la nación. Uno en el que arriesgamos nuestra soberanía política, industrial y tecnológica, y nuestra capacidad de influencia en Europa y el mundo. Parece que no está claro todo lo que está en juego.
Al mismo tiempo, España tiene el potencial para ser uno de los países que más pueden ganar en este envite. Somos el cuarto mayor exportador de sistemas de seguridad, defensa y aeroespacio de la UE; el noveno mundial.












