La obligación institucional del Gobierno central en el Consejo de Política Fiscal era exigir a las comunidades autónomas moderación en el gasto
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante una rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. (Europa Press/Alberto Ortega)
La Comisión Europea acaba de publicar sus previsiones de otoño, las más determinantes, ya que condicionan la evaluación de la política fiscal en Europa del próximo año. Esperan que continúe el crecimiento débil en las principales economías, próximo al 1% en 2026 para Alemania, Francia e Italia. También el Reino Unido, principal cliente de exportaciones de la Unión, crecerá próximo al 1%. La buena noticia es que la inflación en la eurozona se mantendrá próxima al 2% del objetivo del BCE, a pesar de los aranceles de Trump.
Para EEUU, la Comisión espera un crecimiento inferior al 2% y la inflación por debajo del 3%. Al final, los aranceles de Trump para México y Canadá apenas tendrán impacto en la inflación al dejar fuera a la mayoría de bienes que importan. Los aranceles los acaban pagando principalmente los consumidores y ponerle aranceles a México, donde las empresas industriales americanas han deslocalizado buena parte de su cadena de valor, era tirarse un tiro en el pie. Para Europa, el arancel medio ha pasado de menos del 2% al 12%, pero para China ha subido hasta el 45%. Por lo tanto, el arancel perjudica las exportaciones europeas, evidentemente, pero mejora significativamente la competitividad de nuestras empresas con respecto a las chinas en EEUU.
La política fiscal será expansiva en Europa, especialmente en Alemania, donde la Comisión prevé que el déficit aumente hasta el 4% del PIB en 2026. Para Francia espera una ligera reducción del déficit hasta el 5%, pero, al aumentar Alemania el gasto, no es previsible que la Comisión genere ningún conflicto con Francia. Otro país con un déficit previsto para 2026 del 6% del PIB es Polonia; la ventaja de Polonia es que su deuda pública es casi la mitad que la francesa y su gasto sobre PIB es muy inferior.
Para España, la Comisión revisa al alza hasta el 2,9% la previsión para este año, similar a la del Gobierno y el consenso de economistas privados, pero mantiene una desaceleración hasta el 2% para 2026 y 2027. España basa su crecimiento en demanda interna, principalmente por aumento de población inmigrante y consumo privado y ahora también por construcción, tanto por vivienda como por obra pública, y su crecimiento está más próximo al de Polonia y República Checa que al de Alemania o Francia. Los polacos fuera del euro tienen los tipos del banco central al 4,25% y a principios de este año los tenían próximos al 6%.
España se beneficia de tipos del 2% del BCE y eso supone una política monetaria ultraexpansiva para nuestra situación cíclica. En las facultades de economía enseñamos que en esta situación el Estado debería hacer una política fiscal contractiva para contrarrestar y alargar el máximo posible la duración del ciclo de creación de empleo. El Gobierno hoy aprovechará los datos económicos para desviar la atención sobre su extrema debilidad política, como es lógico, y dirá que va a reducir el déficit y la deuda y que está haciendo una gestión prudente, pero no es cierto.
Hasta septiembre, los ingresos por el impuesto sobre la renta y el IVAestán creciendo próximos al 10% con respecto a 2024, que ya fue un buen año de recaudación. Con una inflación próxima al 3%, es más que evidente que la economía crece más de lo que dice el INE y de las previsiones del Gobierno y la Comisión Europea, y esa es la principal causa que ayuda a explicar la reducción del déficit y la deuda. Pero ya aprendimos entre 1998 y 2008 que la clave para analizar la política fiscal es mirar el gasto y no el déficit. En 2007, el Estado tenía superávit del 2% del PIB y el gasto crecía próximo al 8%, muy por encima del crecimiento potencial de la economía, y la política fiscal era claramente expansiva.
La recomendación de crecimiento del gasto del Consejo Europeo es próxima al 3%, en el total de España está creciendo próximo al 6%, y el problema está siempre en la Seguridad Social por las pensiones y en las comunidades autónomas principalmente por la sanidad, ambas partidas de gasto asociadas al envejecimiento de la población española. Ayer, la obligación institucional del Gobierno central en el Consejo de Política Fiscal era exigir a las comunidades autónomas moderación en el gasto, y la obligación de estas, si quieren prolongar el ciclo de creación de empleo en sus regiones, es cumplir la recomendación del Consejo Europeo.
Pero lo que vimos los ciudadanos es la expresión máxima de la polarización, liderada por el presidente del Gobierno, que se dedicó a echar queroseno antes del Consejo. La realidad es que el Gobierno no tendrá presupuesto, al estar en minoría en el Congreso, y eso contiene el crecimiento del gasto de la administración central, pero eso supone menos del 20% del gasto total. Pero las pensiones suponen casi el 30% del gasto, automáticamente vinculadas a la inflación, y las comunidades autónomas que sí están aprobando sus presupuestos y gestionan el 50% del gasto público están proyectando crecimientos del gasto muy por encima. Por ejemplo, Andalucía, con una crisis en su sanidad por los cribados de cáncer de mama, ha presupuestado un crecimiento del gasto sanitario en 2026 del 9%, el triple de la recomendación del Consejo. Y la ministra de Hacienda calla porque es la candidata del PSOE a las elecciones andaluzas del próximo año; ya fue consejera de Sanidad en 2012 y le tocó hacer duros recortes y no quiere aparecer ahora como la que pide moderar el crecimiento del gasto.
Como en la fábula de la cigarra y la hormiga, en los tiempos de fuerte crecimiento de los ingresos hay que ahorrar y aprovechar para reducir la deuda y prepararse para cuando llegue la recesión, que esperemos que tarde, pero llegará algún día. Pero en España somos la cigarra y gastamos ahora para cuando llegue la recesión tener que hacer recortes, justo lo contrario de lo que enseñamos en las facultades. La mayoría culparán a Pedro Sánchez, por estar en Moncloa, pero los presidentes de comunidades autónomas son corresponsables.
La Comisión Europea acaba de publicar sus previsiones de otoño, las más determinantes, ya que condicionan la evaluación de la política fiscal en Europa del próximo año. Esperan que continúe el crecimiento débil en las principales economías, próximo al 1% en 2026 para Alemania, Francia e Italia. También el Reino Unido, principal cliente de exportaciones de la Unión, crecerá próximo al 1%. La buena noticia es que la inflación en la eurozona se mantendrá próxima al 2% del objetivo del BCE, a pesar de los aranceles de Trump.