¿Cómo es posible que un país con el doble de tasa de paro que los países más desarrollados y con una de las mayores tasas de desigualdad en Europa se puede permitir el lujo de no atender demanda industrial en firme para crear empleos de calidad?
Una torre de alta tensión. (Europa Press/Archivo/Ricardo Rubio)
El pasado mes de octubre había afiliados en la Seguridad Social casi 2,5 millones de trabajadores en el sector industrial, una cifra similar a la de 1995 desde que hay datos estadísticos para comparar. Teniendo en cuenta la irrupción de China en los mercados globales, es muy meritorio mantener ese nivel de empleo. No obstante, si divides el número de afiliados en la industria por el total, el pasado mes eran el 11% y en 1995 eran el 19%, y si calculas la variación de los afiliados y del total en el último año, la industria sólo aportó el 8% de los nuevos empleos.
Por lo tanto, España se está desindustrializando desde hace 30 años, y la tendencia, lejos de revertirse, se está acelerando. Por interés intelectual y por actividad profesional, concentro buena parte de mi tiempo en empresas con alto potencial de crecimiento y, por lo tanto, de creación de empleo. Las empresas más interesantes que he analizado son industriales y de la denominada nueva economía digital. En España el tamaño importa y las empresas de más de 50 trabajadores pagan un salario medio el doble que las de menos de 50. Por lo tanto, si España quiere reducir su tasa de paro, mejorar los salarios y reducir la desigualdad debe crear empleo industrial y/o digital o no lo conseguirá nunca.
Voy a contar una preciosa historia de colaboración público privada y de los dos grandes partidos para demostrar que es posible industrializar España y revertir la tendencia de las tres últimas décadas. La pasada semana asistí a la firma del convenio entre la Junta de Castilla y León y el municipio Bernuy de Porreros para ampliar supolígono industrial hasta 170 hectáreas, desde las 100 actuales. Hace 30 años, una empresa belga que fabrica pañales compró una empresa de celulosas en quiebra en Segovia. Los belgas pusieron a dirigir la fábrica a un español de Ponferrada que había vivido en Bélgica muchos años con el cuerpo diplomático, que habla flamenco y entiende perfectamente su cultura. La empresa creció y necesitó ampliar la fábrica. Intentó comprar las parcelas de al lado para seguir en el polígono de Hontoria, en la misma ciudad de Segovia, pero le fue imposible, ya que los dueños del suelo le querían vender a precios de Madrid. Encontró un suelo cercano en Valverde del Majano y allí crearon más de 500 empleos.
La familia vendió la empresa a un fondo de capital riesgo y hoy son una de las mayores fortunas de Bélgica. Cualquiera se habría dedicado a disfrutar la vida, pero les gusta hacer pañales, montaron otra empresa y hoy son de nuevo el mayor productor de pañales de Europa. Volvieron a abrir otra fábrica en Segovia, de la mano del mismo director general, han creado otros 400 empleos, de nuevo en el polígono de Hontoria y la historia se repite. Necesitaban ampliar y los mismos especuladores le querían vender el mismo suelo mucho más caro a precios de Madrid.
La empresa buscó alternativas, habló con la alcaldesa de Bernuy, un pequeño municipio a 5 minutos de la ciudad de Segovia y la estación del AVE y desde donde se ve la catedral, hablaron con la Junta de Castilla y León y, a través de su empresa pública de suelo Somacil, decidieron desarrollar el polígono. Tres años después, la empresa ya tiene una plataforma logística operativa de 32.000 metros cuadrados en ese polígono, financiada por un banco español a tipos de interés próximo a los de las hipotecas, más empresas han reservado ya suelo y la Junta ha decidido ampliar el polígono. La alcaldesa del pueblo era del PSOE, la Junta estaba gobernada por el PP, ahora en la Junta sigue el PP y en el ayuntamiento hay un nuevo alcalde del PP, y el polígono es una realidad.
Yo conocí el proyecto hace algo más de un año y mi primera pregunta fue ¿hay conexión eléctrica en el polígono de media tensión para conectar fábricas? La respuesta era sí, pero no antes de 5 años. De nuevo la colaboración público privada y la fortuna han permitido que la próxima primavera tenga conexión a 45 kilovoltios. Fue la empresa que tenía la necesidad la que presionó para tener conexión más rápida, y tanto la Junta como la empresa eléctrica colaboraron desde el primer momento para que fuese una realidad.
La colaboración público privada y la fortuna han permitido que la próxima primavera el polígono de Bernuy tenga conexión a 45 kilovoltios
La fortuna es que Segovia es provincia de paso de las líneas de alta tensión de Red Eléctrica en su camino a Madrid y hay hueco para que la empresa eléctrica instale una nueva subestación en el polígono y de conexión a las nuevas industrias. Además, hay que tirar pocos kilómetros de cable, lo cual abarata el coste del desarrollo de la red. Lamentablemente, eso no habría sido posible en la mayor parte del territorio español. Recientemente estuve en Burgos con varios empresarios industriales de toda España que querían invertir y ampliar sus fábricas, y todos se quejaban de la falta de conexión eléctrica. Luego me fui a Tudela y estuve con dos grandes empresas de 3.000 y 900 trabajadores cada una que querían ampliar y crear más empleo y no tenían conexión eléctrica. Luego fui a León, a Toledo, a Albacete, a Alicante, a Almería, y la misma queja. No es casual que, en un hecho sin precedentes en la historia de nuestra Democracia, las principales patronales y asociaciones industriales y cámaras de comercio acaban de pedir en un manifiesto más desarrollo de red de alta tensión y modificar el nuevo modelo de retribución de la red.
¿Cómo es posible que un país con el doble de tasa de paro que los países más desarrollados y con una de las mayores tasas de desigualdad en Europa se puede permitir el lujo de no atender demanda industrial en firme para crear empleos de calidad? Pues está pasando en España, y siento decir que todo es susceptible de empeorar. La principal causa es que Red Eléctrica y el Ministerio de Transición Ecológicafallaron estrepitosamente en la planificación de la red. Cuando presentaron su Plan de transición climática, se basaba en la electrificación y anticiparon un aumento de la demanda eléctrica. Están incumpliendo su propio plan porque se les olvidó el pequeño detalle de que no es posible electrificar sin red y sin un enchufe para conectar las fábricas.
Ahora, al error de planificación se ha unido la ocurrencia de un grupo de funcionarios en la Comisión Nacional de la Competencia que han decidido cambiar el modelo de retribución de la red. Han usado el modelo del gas y han decidido que habrá red si el promotor la puede pagar, y han puesto un tope a la retribución de 232 euros por kilovatio, un 30% inferior al anterior. Todos los países más desarrollados están aumentando la retribución de la red para aumentar las inversiones y mejorar la competitividad industrial y nosotros vamos por la misma autopista pero en dirección contraria.
¿Qué puede salir mal? Ya sabemos lo que pasó con el gas, la red se desarrolló en núcleos urbanos y las zonas rurales siguieron usando bombonas de butano porque no era rentable llevar la red de gas natural hasta allí. El problema es que no hay alternativa como el butano en el consumo eléctrico y esos funcionarios acaban de condenar a todas las zonas rurales de España a no tener nueva conexión de red, a no tener más fábricas y a que la red se vaya deteriorando cada año, ya que no es rentable su mantenimiento. Esto es lo mismo que consiguieron los soviets en los países comunistas. Según Pricewaterhouse, el precio mínimo para que sea rentable invertir en nuevos desarrollos de red está próximo a los 350 euros kilovatio. La teoría y la historia económica son contundentes en esto, o los precios de las inversiones dan una rentabilidad al capital suficiente para compensar el riesgo asumido en la inversión o el proceso de acumulación capitalista se frena en seco y los países se empobrecen.
El polígono de Bernuy, según mis estimaciones, va a crear unos 8.000 empleos directos e indirectos en los próximos cinco años, con un salario medio de más del doble que el actual, en una provincia que tiene unos 60.000 afiliados actualmente. Segovia es la Florencia española porque era la sede de la Mesta y sus lobistas frenaron el desarrollo industrial en la revolución industrial, y además no disponía de carbón cerca. Hoy, la provincia ha desarrollado cientos de megavatios de fotovoltaica y tiene un coste energético menor que sus competidores europeos, y por eso florece la industria y ha roto su maldición de los últimos 300 años. Esto se podría replicar en el resto de España, pero hace falta red de alta tensión y un precio del desarrollo de esa red que permita que la inversión sea rentable.
El pasado mes de octubre había afiliados en la Seguridad Social casi 2,5 millones de trabajadores en el sector industrial, una cifra similar a la de 1995 desde que hay datos estadísticos para comparar. Teniendo en cuenta la irrupción de China en los mercados globales, es muy meritorio mantener ese nivel de empleo. No obstante, si divides el número de afiliados en la industria por el total, el pasado mes eran el 11% y en 1995 eran el 19%, y si calculas la variación de los afiliados y del total en el último año, la industria sólo aportó el 8% de los nuevos empleos.