Si la aversión al riesgo de los inversores internacionales empeora, al Gobierno que le pille en la Moncloa en ese momento tendrá que aplicar recortes de gasto como quiere hacer el Gobierno francés
Pedro Sánchez y Emmanuel Macron en imagen de archivo. (Moncloa/Fernando Calvo)
El primer ministro francés acaba de anunciar recortes de gasto y eliminar días festivos para que los franceses trabajen más horas. Es justo lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, y la pregunta que nos hacen a los economistas es; ¿pueden volver los recortes a España? La respuesta es que no es previsible recortes a corto plazo en España, pero conviene aclarar las diferencia en ambos países.
Primero aclarar que ojalá los españoles tuviéramos los problemas que tienen nuestros vecinos franceses. Francia tiene la mayor productividad por hora trabajada del mundo y eso les permite tener mejores salarios que los españoles. Además, tienen más tasa de empleo, 70% versus cerca del 50% en España, menor tasa de paro y menor desigualdad y precariedad salarial, y eso les permite tener más ingresos públicos y mejor Estado del bienestar.
El problema de Francia es que les ha caído la productividad desde hace 25 años y ya no se pueden permitir salarios tan altos o corren el riesgo de ver cierres de empresas y sectores completos, como es el caso del automóvil, y destrucción de empleo y aumentos del paro. La gran diferencia entre Francia y España es el crecimiento del PIB, que permite que los ingresos públicos crezcan un 4% en el país vecino y un 7% en España. Aunque los franceses son más austeros que nosotros y el gasto público les crece un 3% anual, la mitad que en España, su déficit se ha disparado por encima del 5% del PIB desde la pandemia, mientras en España está en el 3%. El 3% es el límite que exigen las reglas fiscales europeas y por eso a los franceses les toca aplicar recortes y a España no. Otra cosa es que lo consigan, Macron está en minoría en el Parlamento y el resto de partidos ya han dicho que votarán en contra.
El aumento de las horas trabajadas es más sencillo de entender aún. Si son necesarios más ingresos públicos y no quieres subir más los impuestos, Francia tiene tipos impositivos muy altos,especialmente sobre los salarios, y eso deteriora su competitividad y afecta negativamente a la creación de empleo y a los salarios que las empresas francesas pueden pagar manteniendo la rentabilidad que necesita el capital para seguir invirtiendo y seguir creciendo y creando empleo.
España y Francia son dos de los países con mayor deuda pública del mundo, vivimos a crédito y necesitamos emitir deuda pública para pagar los sueldos de los funcionarios. En esa situación es clave que la hacienda pública tome medidas que den señales a los inversores que compran esos bonos de tranquilidad sobre la senda futura de la deuda. El problema de Francia, igual que le sucede a Trump en EEUU, es que un déficit público tan elevado provoca que la deuda crezca de manera explosiva en el futuro. Esto ayuda a explicar que la prima de riesgo francesa esté ligeramente por encima de la española. Otro problema en Francia es que la continuidad de Macron en el Eliseopasa por la extrema derecha o la extrema izquierda y ambas opciones proponen más déficit y más deuda. En España el inquilino de la Moncloa en la próxima legislatura seguirá siendo del PSOE o del PP, los dos partidos que han gobernado España desde 1982. Esto también tranquiliza a los inversores.
España debería aprovechar estos momentos de ciclo expansivo con fuerte crecimiento de ingresos públicos para ahorrar y reducir el déficit y la deuda sin hacer recortes. Pero otra vez nos creemos que somos ricos, como sucedió entre el año 2000 y 2007, y gastamos como si hubiera mañana. Este gobierno ha doblado el gasto en defensa garantizando que no afectará al gasto social. Ha vuelto a revalorizar las pensiones al IPC y el propio ministro Escrivá reconoció que eso aumentaba el déficit 3% del PIB anual, sin eso España no tendría déficit estructural, reduciría significativamente la deuda pública y no necesitaría tomar medidas de ajuste adicionales. Ahora, para cumplir los compromisos de su investidura, Pedro Sánchez va a aumentar el gasto que transfiere a las comunidades autónomas en 1,5% del PIB, sobre todo a Cataluña. Con niveles de productividad muy bajos, con la tasa de empleo de los más bajos de los países desarrollados y con la tasa de paro de las más altas de los países desarrollados nos permitimos el lujo de reducir la jornada laboral por ley, sin dejar que sean las empresas y los sindicatos los que negocien eso en los convenios.
Todo esto nos lo podemos permitir porque vivimos en un mundo donde los inversores internacionales no sólo no tienen aversión al riesgo, sino que aman el riesgo. Las valoraciones de las bolsas están en máximos, las primas de riesgo corporativos están en mínimos, las primas de riesgo de la deuda pública de todos los países periféricos, incluido Grecia, también están en mínimos. EEUU bombardea Irán y cae un 10% el precio del petróleo, etcétera.
Si por alguna razón cambia la percepción de los inversores internacionales y se vuelven a asustar, como les sucedió en 2007 con la crisis subprime, y deciden aumentar las primas de riesgo España será uno de los países más afectados, otra vez. Es cierto que ahora estamos construyendo muy pocas viviendas y no habría frenazo y destrucción de empleo masivo en construcción y los bancos españoles tienen exceso de ahorro y cero dependencia de los mercados de capitales internacionales y podrían mantener con normalidad el crédito a las empresas y las familias y eso evitaría también una crisis tan intensa como la de 2008.
Pero la situación fiscal del Estado es infinitamente peor que la de 2008. El Estado español ingresa cada año unos 700.000 millones de euros, pero necesita emitir unos 300.000 millones de deuda pública para financiar el déficit y los vencimientos de emisiones anteriores. Eso es un 40% de los ingresos públicos y, según los estudios históricos del profesor Francisco Comín de la Universidad de Alcalá, estamos en zona de riesgo de crisis de reestructuración de deuda. No sucede por qué estamos en el euro, con tipos de interés del BCE históricamente bajos y con la prima de riesgo baja y estable gracias al bajo nivel de aversión al riesgo de los inversores internacionales. Si esta variable cambia, al Gobierno que le pille en la Moncloa en ese momento tendrá que aplicar recortes de gasto como quiere hacer el Gobierno francés o tuvo que hacer el Gobierno de Zapatero en 2010 y el de Rajoy en 2012.
El primer ministro francés acaba de anunciar recortes de gasto y eliminar días festivos para que los franceses trabajen más horas. Es justo lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, y la pregunta que nos hacen a los economistas es; ¿pueden volver los recortes a España? La respuesta es que no es previsible recortes a corto plazo en España, pero conviene aclarar las diferencia en ambos países.