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José Carlos Díez

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¿Va realmente bien la economía española?

En una economía con una tasa de paro aún tan alta, que crezca el empleo es condición necesaria para aumentar la riqueza. El problema es que no es condición suficiente

Foto: El ministro de Economía, Carlos Cuerpo. (EFE/Fernando Villar)
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo. (EFE/Fernando Villar)
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La respuesta a esta pregunta siempre es, como la canción, depende. Y la siguiente pregunta es; ¿de qué depende? Si miramos los datos del ciclo económico y los datos de empleo como hacen el presidente del Gobierno y sus ministros, la respuesta es que sí. Si miras indicadores más amplios que los economistas usamos para medir la riqueza de las naciones, la respuesta es que la economía española no va bien, tiene serios problemas estructurales que lleva más de dos décadas sin afrontar y que la grave crisis institucional en la que nos encontramos no permite ser optimistas con el futuro de la economía española.

Los datos de empleo de junio han sido muy positivos. En una economía con una tasa de paro aún tan alta, con una tasa de empleo de las más bajas de Europa, con tanta deuda pública y con niveles de precariedad laboral de los más altos de las economías desarrolladas, que crezca el empleo es condición necesaria para aumentar la riqueza y el bienestar. El problema es que no es condición suficiente.

Ya habíamos tenido Gobiernos con casos de corrupción en los juzgados y eso fue compatible con fases de crecimiento y de recuperación económica. En 1995, con Felipe González en Moncloa y una crisis institucional, la economía creó 300.000 empleos, un crecimiento del 3%, más alto que el previsto para este año. En 2015, con Mariano Rajoy en Moncloa y una crisis institucional, la economía creó medio millón de empleos y también un crecimiento del 3%.

Eso es sin duda una excelente noticia, pero en la que el Gobierno tiene poco ver. Con el mismo Gobierno, las economías son cíclicas y tienen recesiones y expansiones que dependen de muchas variables y no sólo de la política económica. La realidad es que este Gobierno no gobierna, lleva toda la legislatura prorrogando los presupuestos de 2023 que se aprobaron en la legislatura anterior. Por fortuna, España entró en el euro, forma parte de la zona monetaria más estable del mundo, más que EEUU, que tiene una grave crisis fiscal y un dólar débil.

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Lo que le sucede a Pedro Sánchez es lo mismo que le sucedió a José María Aznar y a José Luis Rodríguez Zapatero entre el año 1999 y el 2007. España comparte moneda y tipos de interés con los países europeos, pero ellos están estancados y nosotros en fase expansiva. La previsión del PIB nominal para Alemania y Francia este año es próxima al 2% y la de España del 5%. Por esa razón el BCE ha situado los tipos al 2%, mientras España necesitaría tipos próximos al 5%, como tienen la Fed en EEUU.

Los salarios en España, según la Agencia Tributaria crecen próximos al 5% como en EEUU, y los tipos de las hipotecas están por debajo del 3%, mientras en EEUU están próximos al 7%. Con esos tipos de interés se activan dinámicas de crecimiento de la demanda por encima de su potencial y se acaban generando desequilibrios. El principal actualmente en España es que los precios de la vivienda llevan desde que Sánchez llegó a la Moncloa creciendo por encima de los salarios y eso complica la accesibilidad de los jóvenes a la compra de vivienda. La solución sería hacer más sencillo para los propietarios de vivienda, la mayoría particulares, pongan más casas de alquiler en el mercado. Pero todo lo que han hecho los Gobiernos de Sánchez es complicar a los propietarios de viviendas ponerlas en alquiler y demonizarlos sólo por motivos ideológicos.

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Lo mismo sucede con la energía y el desarrollo industrial. La industria tiene empresas de mayor tamaño y con mejores condiciones de salarios que el resto de la economía. Gracias al desarrollo de energía renovables desde 2015 España dispone de costes energéticos más baratos y, como acaba de decir la OCDE, España es el lugar más competitivo para instalar nuevas industrias de Europa. Pero el Gobierno, en vez de aprovechar esta oportunidad histórica para conseguir pleno empleo y reducir drásticamente la precariedad salarial y la desigualdad, se ha dedicado únicamente a demonizar a las empresas y poner todas las dificultades burocráticas posibles para el desarrollo de sus inversiones, sólo por motivos ideológicos.

Lo mismo sucede con la banca. Los bancos españoles hoy no tienen nada que ver con los de 2007. Están saneados, tienen exposición normal al crédito promotor y constructor, tienen más depósitos que créditos, están financiando hipotecas a las familias a los tipos más bajos de Europa dando crédito a las pymes para financiar sus inversiones y la creación de empleo a tipos muy bajos. Pero el Gobierno los demoniza sistemáticamente sólo por ideología.

España necesita liderazgos fuertes en el PSOE y en el PP, recuperar la estabilidad que proporcionó el bipartidismo durante cuarenta años y respetar la alternancia de ambos partidos en el poder para recuperar la calidad de las instituciones que requiera el progreso y aumentar la riqueza de una nación. Necesita que ambos partidos lleguen a grandes consensos en los grandes pilares que requiere la economía, como hicieron Adolfo Suárez y Felipe González en 1978. Mientras eso no suceda, podemos crecer y crear empleo, pero el país no resolverá sus problemas y no progresará como sí hizo en los años ochenta y en los años noventa.

La respuesta a esta pregunta siempre es, como la canción, depende. Y la siguiente pregunta es; ¿de qué depende? Si miramos los datos del ciclo económico y los datos de empleo como hacen el presidente del Gobierno y sus ministros, la respuesta es que sí. Si miras indicadores más amplios que los economistas usamos para medir la riqueza de las naciones, la respuesta es que la economía española no va bien, tiene serios problemas estructurales que lleva más de dos décadas sin afrontar y que la grave crisis institucional en la que nos encontramos no permite ser optimistas con el futuro de la economía española.

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