El beneficio de la duda
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Moncloa te lo da, Moncloa te lo quita: el dilema de Escribano en Indra
El dueño de EM&E puede pedir a Indra el precio que quiera por su compañía. El inversor con el 14,3% de Indra puede aspirar a presidirla. Es querer las dos cosas a la vez lo que supone un problema
El biógrafo autorizado de Margaret Thatcher, Charles Moore, definía las políticas de su admirada Dama de Hierro como las del ‘either/or’. La expresión, literalmente traducible como ‘o esto o lo otro’, simbolizaba la convicción profunda de Thatcher de que en la vida no se puede tener todo, que hay que elegir. Cualquier elección supone una renuncia y cuanto antes se asuma, mejor. Peter Mandelson, mano derecha política de Tony Blair, se ufanaba en proclamar que el Nuevo Laborismo, la tercera vía, permitía lo contrario. Las suyas eran las políticas del ‘both/and’. Todo es compatible. No hace falta renunciar a nada.
Ángel Escribano, propietario con su hermano Javier de la empresa de Defensa EM&E y, a su vez, accionista relevante y presidente de Indra desde enero de 2025, lleva desde entonces pecando más de ‘blairista/mandelsonista’ que de ‘thatcherista’. Y por eso mismo, el Gobierno que hace un año lo ungió como sustituto de Marc Murtra, ahora le pide su dimisión. Les pongo en situación.
Indra lleva meses en el proceso para comprar EM&E por 2.000 millones de euros. El pecado original es que comprador y vendedor aparecen en ambos lados de la operación: el presidente que impulsa la operación es quien va a cobrar, junto con su hermano, el importe que acabe abonando la empresa, participada por la SEPI al 28%. Detalle relevante, este último, por supuesto.
Esto ha obligado a Indra a tomar una serie de decisiones para mitigar el reconocido conflicto de interés, como que los hermanos Escribano se ausenten de las reuniones del consejo en las que se aborde la operación o la contratación de un bufete de élite, Garrigues, para vigilar que las normas de buen gobierno sufran lo menos posible.
¿Pero es realmente una barbaridad lo que quiere hacer Escribano? Troceemos el problema. Por un lado, es completamente legítimo que los dueños de EM&E, una empresa de indudable éxito en un sector al alza, quieran venderla a Indra por 2.000 millones de euros. La compañía se valoró en 2021 en 100 millones, pero eran otros tiempos y la cartera de pedidos era muy inferior. Pero por pedir, que no quede. Siempre que haya al otro lado un comprador de buena fe que defienda los intereses de los accionistas (28% contribuyentes), el vicio de pedir se puede compensar con la virtud de no dar.
Por otro lado, también es completamente legítimo que los Escribano, accionistas de Indra al 14,3%, como mayores inversores privados del grupo, solo por detrás de la SEPI, quieran presidir la compañía y estar presentes en el consejo de administración. Si el resto de socios está de acuerdo, avanti. Así lo decidieron en enero de 2025.
Pero, siempre hay uno, aquí es donde aparece la cicatería ‘thatcheriana’ frente al ‘todoesposibilismo’ de Blair y Mandelson. Tal vez lo que no es posible es querer las dos cosas a la vez: presidir Indra y fusionarla con tu compañía familiar. Era evidente desde el principio de los principios, pero tanto en el Gobierno como en la planta noble de la compañía se vieron con fuerza suficiente para seguir adelante y acallar las voces críticas. Esas chorradas de la gobernanza no iban a detener un proyecto empresarial de interés nacional.
Pero las chorradas se han convertido en obstáculos. Ahora Escribano tiene que elegir y Moncloa, en un sorprendente giro de 180 grados, se lo ha ido dejando cada vez más claro. Primero de forma informal, luego con una llamada a su consejero delegado en pleno consejo de administración y, el miércoles, con una convocatoria urgente en Moncloa, para pedir su dimisión. El fantasma corporativo de José María Álvarez-Pallete sonreía en algún sitio.
El desconcierto de Escribano tiene que ser mayúsculo. Le están pidiendo que se aparten los mismos que le pusieron ahí (Manuel de la Rocha, jefe de la Oficina de Asuntos Económicos de Moncloa) y precisamente por hacer lo que ellos mismos le pidieran que hiciera: consolidar el sector de la Defensa español en torno a Indra, incluida su empresa familiar.
¿Qué ha cambiado, se preguntará legítimamente Escribano? "Pero si me pusisteis VOSOTROS aquí para HACER PRECISAMENTE ESTO", me puedo imaginar diciéndole a De la Rocha.
Hay una cosa que no ha cambiado: el derecho absoluto que se atribuye el señor presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de cambiar de opinión sin dar explicaciones a la opinión pública.
Y otra que sí: el ‘zeitgeist’. General Dynamics, gigante americano del sector y propietario de Santa Bárbara, abriendo una guerra judicial para forzar al Gobierno a rehacer el reparto de fondos para el sector, donde se sienten perjudicados; accionistas minoritarios haciendo ruido por lo que consideran una nefasta gestión del conflicto de interés; luchas de poder en una compañía habitualmente azuzada por el sentido por el que va soplando el viento político; y, de forma relevante también, los escándalos en los que la trama Ábalos, Koldo y Cerdán han estado salpicando a la SEPI. Desde los rescates de Plus Ultra y Air Europa y los trabajos privados del expresidente del organismo Vicente Fernández, que ha extremado la pulcritud con la que los consejeros del holding se ven obligados a actuar.
El hecho de que el comunicado que ayer envió Indra, reivindicando la labor de Escribano al frente de la compañía, tuviese que ser atribuido exclusivamente al presidente ejecutivo y no al consejo de administración, da una pista de por dónde sopla el viento. A Ángel le han cambiado la moto a mitad de carrera. La suerte que tiene es que, de momento, le siguen dejando elegir: plata o presidencia.
El biógrafo autorizado de Margaret Thatcher, Charles Moore, definía las políticas de su admirada Dama de Hierro como las del ‘either/or’. La expresión, literalmente traducible como ‘o esto o lo otro’, simbolizaba la convicción profunda de Thatcher de que en la vida no se puede tener todo, que hay que elegir. Cualquier elección supone una renuncia y cuanto antes se asuma, mejor. Peter Mandelson, mano derecha política de Tony Blair, se ufanaba en proclamar que el Nuevo Laborismo, la tercera vía, permitía lo contrario. Las suyas eran las políticas del ‘both/and’. Todo es compatible. No hace falta renunciar a nada.